lunes, 30 de junio de 2008

Mais bravo!

"Ecoute, les espagnols, les portugais, les italiens et les gitans sont la même race" Ayer se lo explicaba un magrebí a otro mientras veían el partido en una terraza de Marsella, y yo arrastraba la maleta por las calles la ciudad, desconocida, desmañada y caótica. El aire estaba turbio, pegajoso y sucio; me registré en el primer hotel de mínimos que encontré e hice lo propio. Esta mañana en Cannes el quiosquero y el camarero me comentaban "Quel jeu, magnifique, bravo, eh?" En la gasolinera "Espagnol? Mes félicitations... Aragonés, bon... les allemands, buh". Yo sonrío, no por orgullo, sino por la siempre agradable manifestación espontánea de simpatía. Sigo camino de Liubliana. Como ya no puedo más de Bruce Springsteen he sintonizado la radio francesa. Es cierto eso que dice Muñoz Molina de que viajar sirve esencialmente para conocer mejor el sitio de donde te has ido. Por ejemplo: el concepto de tertulia. En la radio francesa no hay tertulias. Lo que hay son dos invitados, no más, especialistas, discutiendo cortésmente un asunto de actualidad. El tertuliano es un ser ibérico. Los hay más chillones y más educados. Pero todos coinciden en algo: se tienen prohibidas las palabras "no sé". De repente escucho a los locutores hablar italiano. He entrado en Italia sin darme cuenta. Esta noche duermo en Turín.

domingo, 29 de junio de 2008

Antes de que alguien nos termine

Veo que el puesto fronterizo con Francia todavía no ha sido desmantelado. Bien, mejor así. Pronto el jaramago habrá crecido y será una ruina muy didáctica. Yo llegué a tiempo de vivir las lentas caravanas que se formaban para pasar de un país a otro. Decíamos España, España, España, España... ¡Francia! A la vuelta Francia, Francia, Francia... ¡España! Conservo todavía la perplejidad infantil: ¿por qué justamente aquí y no diez metros más allá? ¿dónde está la solución de continuidad? He parado a comer en Portbou. Es un pequeño pueblo de pescadores en torno a una ensenada, sobre la misma frontera, del lado español. En España Portbou es conocido por su estación de tren. En el resto del mundo porque el día 27 de septiembre de 1940 el filósofo Walter Benjamin llegó, huyendo de los nazis, con una sola maleta donde guardaba un manuscrito inédito. Los agentes franquista no le permitieron el paso. Benjamin sabía que la deportación y la tortura estaban aseguradas. Esa misma noche, en su habitación del Hotel Francia, se suicidó apurando un frasco de morfina. Esa muerte me impresiona. Fue un tremendo acto de dignidad. Posiblemente uno nunca es tan libre como en el momento de morir. Es el único acto personalísimo, intransferible y soberano que realizamos en nuestra vida. Cuando te asesinan ese derecho te es arrebatado: no te mueres, te terminan. Benjamin prefirió morirse a que le terminaran. Hay otro dato: una vez muerte las autoridades franquistas ya no tenían que retener a los demás refugidos que le acompañaban, a los que dejaron marchar. El filósofo está enterrado en un cementerio (lo que sugiere que la noticia del suicidio no se conoció hasta más tarde) que mira al mar desde el acantilado. Hay un pequeño monumento conmemorativo, una galería de hierro forjado que desciende sobre las rocas. En su lápida se puede leer una de sus tesis sobre la filosofía de la historia: No ha habido nunca un documento de cultura que no fuera también un documento sobre la barbarie.

Es tarde y hace un calor bárbaro. A los pocos kilómetro de la frontera dejo a mi derecha Colliure. Asoma el mar antiguo.





sábado, 28 de junio de 2008

Campos de Machado

El sol está muy alto y el cielo raso. Hace un buen día para viajar. Hay un avion suspendido en el aire, como una gaviota extraviada en la meseta. Por la ventanilla veo la sierra que se recorta con perfiles nítidos en el horizonte, en un azul mas oscuro y diluído que el del cielo. A los lados de la carretera las consabidas encinas y las doradas dehesas de Guadalajara. Me gusta el paisaje castellano, es lo unico que queda de Castilla, lo que me libera de la ímproba tarea de tener que amar tambien el país. Me gusta esta almazuela de ocres, verdes y marrones. Sus tierras amasadas y sus relieves femeninos. ¡Estoy en Soria, campos de Machado! Al entrar en Aragón aparece el territorio lunar de los Monegros, cuyo dramatismo va muy bien con Brahms, y esos extraodinarios acordes del tercer movimiento de su tercera sinfonía. El paisaje reverdece, es Lérida. Me gusta mucho como suena esa palabra, aunque ya no sé si debiera decir siempre y en todo idioma Lleida. Mientras atravieso los viñedos del Penedés pienso que la belleza del paisaje español favorece las pasiones del telurismo. Francia es un vergel pero es toda igual. Cada Estado tiene la politica de su geografía. Veo pasar el AVE. La historia de España es tambien la historia de su orografía. Es ya de noche cuando entro en Barcelona. A pesar de las indicaciones del GPS llego a casa de MT. La encuentro elegante y distendida, como siempre. Cenamos en la terraza. Es la verbena de San Pedro y ya echo de menos a Lady M.