jueves, 31 de julio de 2008

Zizek

Cuando supe que venía a Liubliana hice repaso mental de eslovenos famosos y me salió uno: Slavoj Zizek. Es un filósofo loco y genialoide, boutadista profesional, que escribe preferentemente en inglés o francés y publica mucho en la prensa europea. En las fotos se aprecia perfectamente la pose desaliñada que subraya su carácter: parece que se está comiendo la barba desastrada y canosa, y el cabello graso y despeinado le tapa un poco los ojos tristes y pequeños. Su imagen me trae a la cabeza la del compositor ruso Mussorgsky, retratado como un borrachín. He leído un breve ensayo suyo: En defensa de la intolerancia. En él critica el liberalismo multiculural y tolerante que gobierna pétreamente nuestras sociedades. Zizec opina que no es más que el enésimo camuflaje del capitalismo, que mercantiliza la vida y desactiva cualquier reivindicación verdaderamente política, siendo la verdadera política:
"Ese momento en el que una reivindicación específica no es simplemente un elemento en la negociación de intereses sino que apunta a algo más y empieza a funcionar como condensación metafórica de la completa reestructuración de todo el espacio social".Por supuesto dice cosas como que es "estalinista ortodoxo lacaniano dogmático y nada dialogante" pero todo su boutadismo torrencial no es más que el intento desesperado de traspasar la espesura de lo políticamente correcto. Zizek es de los pocos filósofos que aún apuesta por los grandes relatos de emancipación universal, como lo fue el socialismo. Lo contrario es apuntarse al fin de la historia de Fukuyama.

miércoles, 30 de julio de 2008

Vegetación política

En los países que cambian de un régimen de partido único a uno democrático florece, en los primeros años, una tupida vegetación política. En Eslovenia encontramos el SDS, el Partido Democrático en el Gobierno, en el gobierno gracias a una abigarrada coalición. Luego vienen el LDS, los liberales, y el SD, que son los socialdemócratas. Menores en importancia, pero con representación parlamentaria son el SLS, o Partido Popular Esloveno, democristianos; NSi o Nueva Eslovenia, escisión patriótica y moralista de los liberales; el DESUS, Partido de los Pensionistas, que no es tanto un partido como un lobby de la tercera edad. Por último viene ZARES, palabra que significa algo así como "En serio" o "De verdad" o "No nos andamos con chiquitas". El primer ministro se llama como yo, Janez, y se apellida Janza, y el Presidente de la República Danilo Tuerk. Cada uno ocupa un ala distinta del mismo palacio de la avenida principal de la Ljubjana (algo cutre) y se llevan mal. Últimamente se están haciendo la puñeta a cuenta del nombramiento de embajadores. Tengo dificultades para entender la utilidad de los regímenes semipresidencialistas: la permanencia de un Jefe de Estado con poderes simbólicos es una nostalgia mal disimulada de la monarquía, y si sus poderes no son simbólicos está a la gresca todo el día con el Premier y además sale muy caro. En otros casos, se da la situación inversa, que el Presidente es el manda y el Primer ministro un mero ayuda de cámara, como en Francia. En todo caso la dualidad no tiene demasiado sentido y sale más a cuenta la monarquía o un régimen presidencial tout court. Volviendo a Eslovenia la Embajadora simplifica la situación de esta manera: hay excomunistas de izquierdas y de derechas, y la única diferencia es que los excomunistas de derechas hablan con la Iglesia Católica. En octubre habrá elecciones pero esto está muy tranquilo: moeurs de province.

martes, 29 de julio de 2008

Mirjana

Todas las mañanas leo el periódico tomando un café y dos cruasans. Lo hago aun al precio de llegar algo tarde al trabajo, porque todo mi buen humor del día depende de este pequeño ritual. Un día sin periódico antes que nada es un día que empieza mal. En Liubliana he encontrado una cafetería agradable, el Excelsior, a escasos cincuentra metros del portal de casa. Lo prefiero a otros porque sirven el excelente café triestino Illy y porque ya me conocen. Me atiende casi siempre la misma camarera, que es una chica joven, con vaqueros siempre y una camiseta de color ajustada pero no mucho. Tiene la cara redonda, la tez clara, alabastrina, brillante, el pelo corto, liso, y cobrizo, algo abombado quizá, que subraya la curva de las mejillas. En fin, que es una chica atractiva. Es simpática, habla un inglés correcto y le hace gracia mi glotonería. Como sabe lo que pido siempre me lo sirve según me ve llegar. Es agradable llegar a esta mínima complicidad con el camarero. Hoy me he acordado de ver en la cuenta como se llama: Mirjana. Mirjana es María en esloveno. Siempre hay alguien así en cada viaje, creo. Alguien que instintivamente te atrae o te cae simpático, alguien a quien no conoces o tratas tan sólo durante un efímero lapso, porque así debe ser. Una azafata, o la recepcionista de un hotel, o una camarera. Entonces, durante un velocísimo instante te imaginas un romance en la cabeza de un alfiler, ni una ensoñación siquiera, la pavesa de un recuerdo que no tienes, cuya posibilidad reside precisamente en el hecho de no conoces a la otra persona, no quieres conocerla y no volverás a verla. Hoy Mirjana ha venido corriendo hacia mí, a devolverme el paragüas.

lunes, 28 de julio de 2008

Algo de historia, I. La guerra de los diez días

Eslovenia siempre fue el pariente rico de los Balcanes. Disfrutaba de un buena renta de situación, al lindar con la próspera Austria y el industrioso norte de Italia, no muy lejos tampoco de la potente Alemania. También tenía la ventaja de ser un país relativamente homogéneo desde el punto de vista étnico. Ahora se llama étnico a cualquier cosa, pero dejémoslo estar. Seguramente era también un país más templado que las temperamentales Serbia y Crocia. Compartían menos historia con la península, y más con Europa central, que las otras repúblicas, y en ese sentido, su secular pertenencia a la monarquía de Austria les salió, históricamente, rentable (de hecho, es probable, qué curioso, que Eslovenia perviva como nación gracias a los Habsburgo). Durante los ochenta, aprovecharon la crecida nacionalista de Milosevic para engordar su memorial de agravios. Se escaparon de Yugoslavia en el último minuto. Fue en 1991. Les costó una guerra de diez días, prolija y entusiásticamente narrada en el Museo de Historia Contemporánea de Eslovenia. Acaso murieron sesenta y seis personas. El Ejército Popular Yugoslavo todavía estaba formado por varias nacionalidades y el desconcierto entre los soldados debió de ser notable. Lucharon sin convicción, y los mandos estaban más preocupados por el desplome general que por la pérdida específica de Eslovenia. La guerra en Croacia, que proclamó la independencia, y donde la macedonia étnica sí era considerable, distrajo la atención de todos. Fueron independientes. No parece que les haya ido mal. Me pregunto qué historia le queda ahora a este país tan pequeño y soso, de dos millones de personas, luego de su independencia. Tampoco es tan grave. Dice el maestro Ferlosio que sólo los pueblos sin historia son felices.

domingo, 27 de julio de 2008

Meditación sobre un dragón

He tardado algún tiempo en descubrir que el símbolo de la ciudad de Liubliana es el dragón. Un dragón aparece en el escudo de armas de la ciudad y hay cuatro portentosos dragones de bronce en las cuatro esquinas del puente situado entre la esclusa y el mercado. Son dragones de una bellísima estampa: sentados sobre sus patas traseras, con su larga cola escamada envolviendo el pedestal, despliegan las alas cartilaginosas y enseñan las fauces, clavando una mirada inteligente y penetrante en el observador. Google sostiene que están ahí porque la leyenda dice que Liubliana fue fundada por Jasón después de que él y los argonautas derrotaran a un dragón. Ha sido un chasco porque yo me había figurado que el dragón era el de San Jorge, único héroe de mi infancia, que combatió con un temible reptil que se cobraba como víctimas a las primogénitas de una ciudad que, en la más autorizada versión de la leyenda (que es la de mi abuelo), moraba en Constantinopla. En el San Sebastián de mi niñez, camino de una capillita en el monte llamada Lourdes Xiqui, había un pequeño nicho en la roca. Mi abuelo me dijo que el dragón estaba ahí y sé que en algún momento de mi infancia lo creí a pies juntillas. Lo más decepcionante fue descubrir, después de fatigar la biblioteca y hacer algunas consultas, que ni siquiera existen los dragones. Poco a poco voy descubriendo que mi temperamento me impele con fuerza hacia lo verídico y quizá por eso soy un mal lector de novelas. Si no es cierto no tengo tiempo. Recuerdo haber estirado más allá de lo razonable la creencia de que Sherlock Holmes era una persona de verdad. Al menos, piratas sí que hubo.

sábado, 26 de julio de 2008

Caballo, Jíbaro, Geranio

En Guerra y Paz hay un personaje fantástico, el Mariscal Kutuzov, el Serenísimo, General en jefe de los ejércitos rusos durante la invasión napoleónica. Es él quien impone acertadamente el criterio de irse retirando hacia el interior de Rusia, dejando que el invierno, el cansancio y la falta de víveres aniquilen al enemigo. En su soledad el general masculla a menudo "¡Comerán carne de caballo, comerán carne de caballo!" queriendo decir que al final los franceses tendrán que sacrificar a sus propios caballos para poder llevarse algo a la boca. Hoy he comido carne de caballo, o más exactamente, carne de potro esloveno. Me han asegurado que era típico. No estaba muy mal pero tampoco bien, era más bien insípida y pegajosa. Me he resarcido con el ya clásico tiramisú. Luego he echado la tarde en el Museo Etnográfico de la ciudad, que me ha sorprendido gratamente aunque haya visto dos cosas horripilantes, las dos de unos 10 centrímetros: un zapatito de geisha y un cabeza jibarizada. Volviendo me he dado un paseo por un barrio alejado del centro, donde se mezclan los edificios de cemento con viejas mansiones sin arreglar en cuyos balcones gentes sin camisa regaban sus geranios. Se ha puesto a llover, he leído un rato. Estoy en ese momento del verano, que siempre llega, en el que los ojos se me cansan de luz, y la indolencia empieza a apoderarse de mí. Es el momento en el que es preciso clavar el remo en el lecho del río para tomar impulso y romper el dormido curso del agua.

viernes, 25 de julio de 2008

Entomología

Según el Palgrave Concise Historical Atlas of The Balkans (Palgrave, 2001) cabe hablar de los siguientes grupos étnicos en la Península Balcánica: Pueblos Antiguos (35 millones, 50%), Eslavos del Sur (29 millones, 41%) Turcos (1 millón, 2%) y Otros (4 millones, 7%).

Los Pueblos Antiguos son aquellos que habitan la zona desde antes de las invasiones eslavas en el siglo VI y VII d.C. Son los griegos, los albanos y los rumanos. Algunos argumentan sin embargo que las incursiones eslavas diluyeron el vínculo genético de los griegos con sus ancestros. Los albanos, por su parte, descienden de los ilirenses desplazados por los bárbaros, y poseen un idioma singularísimo (con dos dialectos) que podría emparentarlos con los vascos occidentales. Los rumanos son una bolsa de población que permaneció romanizada a lo largo de los siglos y que constituye minorías en todos los Estados balcánicos.

Los Eslavos del Sur emigraron de las marismas del Pripet (hoy frontera de Ucrania y Bielorrusia). Diversas circunstancias (en particular, el cisma de Oriente y la conquista otomana), los han ido fracturando en, al menos, siete grupos: bosnios, búlgaros, croatas, macedonios, montenegrinos, serbios, y eslovenos. Técnicamente no hay kosovares como tales, puesto que estos son en última instancia serbios o albanos.

Dejando de lado el origen turcoide de los actuales búlgaros, el largo dominio otomano de los Balcanes ha dejado presencia turca en numerosos enclaves de la región meridional de la península, con una fuerte concentración en Tracia.

Los Otros (un 7%) son: Judíos, Gitanos, Húngaros, Checos, Eslovacos, Alemanes, Italianos, Mongolo-Tártaros, Rusos, Ucranianos y Rutenios.

¡Y pensar que muchas de estas personas podrían haber llegado a ser meramente Yugoslavos!

("El nacionalismo es el hábito de pensar que las personas pueden clasificarse como insectos" George Orwell)

jueves, 24 de julio de 2008

Andrew?

Confieso haber pensado que eran dos mujeres de buen ver mientras subían las escaleras por delante de mí. Luego se pararon de mi puerta y llamaron al timbre. Entonces me vieron, desconcertadas, con la llave en la mano.
- Andrew?
No, no era Andrew, aunque no se me ocurrió dar mi nombre.
- Andrew doesn´t live here any more- Supuse que era el anterior inquilino, sólo sabía que había trabajado en otra embajada- Were you friends of him?
- Well... -Una hablaba y la otra callaba- We talked on the telephone many times- Pausa, unos grandes ojos vidriosos, unos labios excesivamente pintados- But you do speak English? ¿Le importa que le hablemos de nuestras actividades? (Seguíamos hablando en inglés, y en inglés es difícil saber si te tutean o no)
- No, no.
Me enseñaron un papelito donde se invitaba a Andrew a una conferencia (public talk, decía) con el thought-provoking title (así decía): How to Keep Spiritually Awake. Un poco más abajo vi las palabras "Jehovah's Witnesses"
- Ah -dije-, son ustedes los testigos de Jehová... ¿Y cuántos son por aquí, es un movimiento importante en Eslovenia?
No me respondió. Me preguntó en cambio:
- ¿Eres una persona religiosa (creo que me tuteaban) o más bien ateo?
- Ahh...- Recordé una cita de un científico "Si dicen que creo en Dios, no es cierto, pero si dicen que no creo... están diciendo demasiado"- Bueno, son cuestiones complejas... ¿Qué es lo que dice su organización?
- Nosotros creemos que Dios existe y que el mundo va mal. Tenemos que terminar con esta locura, nos hacemos daño los unos a los otros... guerras, destrucción, cambio climático... ¿Me permites que te lea una cita de la biblia?- Y sacó una biblia muy pequeñita del bolso, como podría haber sido un revólver colt. Era el capítulo 12 del Libro de las Revelaciones, o Apocalipsis.

"Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, que eres y que eras, porque has asumido tu gran poder, y reinas. Las naciones se enfuerecieron, pero ha venido tu ira, y el tiempo de juzgar a los muertos y de dar su galardón a tus siervos los profetas y a los santos y a los que temen tu nombre, tanto a los pequeños como a los grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra"

-Esta tarde tenemos una charla para hablar de estos temas... ¿Te gustaría venir?
Estuve tentado de decir sí. Aunque mantengo las distancias, no comparto el desdén con el que se trata a los miembros de estas sectas. Como principio estoy abierto a dejarme convencer, con buenas razones, de cualquier cosa. Pero estaba muy cansado y se lo expliqué. Me lo pensaría para la próxima.
- Pero déjenme los papeles, y les echaré un vistazo.
Me dieron abundante material. Nos despedimos. En ello estoy. Pero la glosa de las revistas me llevaría muy lejos. Abarcan temas que van del género a la biología. Doy un título "Spider Silk: Was it designed?"

miércoles, 23 de julio de 2008

Los borrados

El 25 de junio de 1991 la República Eslovena proclamó su independencia de Yugoslavia. En ese momento unas 200.000 personas originarias de otras Repúblicas yugoslavas residían en Eslovenia de forma permanente. La ciudadanía yugoslava común, de la que derivaban todos los derechos y obligaciones, garantizaba la plena igualdad de todos los habitantes. Con la independencia se abrio un plazo de seis meses para que los residentes no eslovenos pudieran optar a la nueva nacionalidad. 170,000 lo hicieron. 12,000 marcharon a otros países. Sin embargo, otros muchos, no solicitaron la nacionalidad en tiempo y forma, por distintos motivos (desconocimiento, voluntad de conservar su nacionalidad originaria, confusión entre nacionalidad y ciudadanía, etnicismo, propaganda antieslovena, o creencia de que ya gozaban de ella o de que sus derechos no se verían mermados) El número de personas en esta situación se ha cifrado en 18.305. La gran mayoría deseaba seguir viviendo en Eslovenia, donde tenían su trabajo, casa y familia. Al cabo de pocos meses, sin mediar notificación, fueron borrados del Registro de Residentes Permanentes. Sus expedientes desaparecieron o fueron trasladados a otros registros de extranjeros. Para la mayoría esto supuso la pérdida de sus trabajos y del acceso a los servicios educativos y sanitarios básicos que se desprenden del estatuto de residente legal. En Eslovenia se les conoce como "los borrados" (en inglés "the erased") Quedaron convertidos en extranjeros ilegales. Al trata de regularizar su situación perdían los pocos documentos que conservaban (pasaporte, permisos de conducir, cartillas), que eran anulados. Muchos perdieron toda nacionalidad, ya que al estallar la guerra en Serbia, Bosnia o Croacia, su documentación devino irremplazable. En general los partidos nacionalistas conservadores se habían mostrado contrarios a la concesión de la nacionalidad a no-eslovenos, e hicieron campaña contra el Gobierno para que se la revocara a los 170.000 que la habían obtenido, percibidos como una amenaza a la identidad nacional. Extrañamente, los que entraron en situación de ilegalidad no fueron expulsados. Amnistía Internacional ve en ello la prueba de que la eliminación de sus expedientes fue un acto político deliberado para contentar a los sectores más nacionalistas y no perder sus votos, pero que las autoridades eslovenas no quisieron proceder a expulsiones masivas por miedo a la repercusión internacional.

martes, 22 de julio de 2008

Breaking news

Ayer alquilé dos películas de Kusturica pero desistí de verlas al comprobar que sólo estaban en serbio con subtítulos en esloveno. Hoy he vuelto a fatigar el video-club durante una hora, sin éxito. El cine al que puedo ir andando está cerrado por reformas. En casa tengo televisión por cable, lo que significa que he de descartar cincuenta y cinco canales antes de encontrar algo interesante. Casi siempre termino viendo la CNN. Indudablemente uno se entera de muchas cosas viendo esta cadena. Pero produce un cierto fastidio el tono de los presentadores. Están todos ligeramente excitados, haciendo inflexiones teatrales en la voz, como fascinados por lo que están contando. Parece que los reporteros están siempre a punto de descubrir el agua caliente. El presentador les interpela desde el estudio "But tell us Laura, how this has happened!?" (énfasis en tell y en happened). Todo es "historic", "incredible" y "amazing". Y luego te hacen la interpretatio, por si no lo has entendido. Pero quizá lo más inquietante de la CNN y en general los medios de comunicación es el presentismo que los inspira, es decir, la creencia de que sólo el presente existe y que hay que devorarlo. Cada noticia cancela la anterior, cada cotización forma parte de un continuo inabarcable e inescrutable, los anticiclones que suceden a las tormentas que siguen a las olas de calor. Todo se va por la hormigonera de la actualidad. El criminal de guerra detenido, la aldea que arde, el candidato que viaja, la bolsa que sube. En mi mesa se apilan resúmenes de breves de prensa, que se imprimen todos los días. Es un delirio y un delito medioambiental. Un buen día uno deja de leer la prensa, apaga la televisión, y descubre aliviado que ni siquiera en este planeta pasan cosas trascendentales todos los días. Hoy, más que nunca, el presente se consume. El periodismo maneja hoy pura verdad revelada.

lunes, 21 de julio de 2008

Cleptomanías

Esta mañana he recibido a los señores K. y D. detectives de la policía de Liubliana, que metida en una bolsa de plástico traían una bandera española, doblada y algo sucia. Previamente me habían puesto en antecedentes: el pasado febrero el mástil apareció una mañana desnudo de pendón. El asunto era preocupante (como se sabe las banderas son artículos inflamables) y se denunció el robo. Cuatro meses de pesquisas dieron fruto. El malhechor (o mejor dicho, el bandolero), es un joven universitario de veinte años, de Liubliana City. Embozado por la noche, a lomos de su bicicleta, y armado con unas tijeras de coser, se encaramó a la tapia y sin entrar en el recinto recortó la enseña. Al parecer el mástil está demasiado pegado a la verja y no es difícil. Ya se ha solucionado. El chaval no tiene antecedentes ni motivos políticos. Es un coleccionista. Colecciona banderas. En el registro de su habitación, ante unos padres incrédulos, han descubierto docenas de ellas, algunas robadas de otras embajadas. Los detectives aseguran que el caso está en manos del fiscal. Yo les he pedido que tengan en cuenta que en todo caso es mejor coleccionar banderas que quemarlas. A mí mismo me gustan las banderas, sobre todo cuando vienen en ramillete. A los diplomáticos (he tenido la triste ocasión de comprobarlo hace poco) nos entierran con la bandera del país al que hemos servido. Supongo que no es obligatorio y que cabe más de una o ninguna. A mí no me importaría, pero pediría ser enterrado lo menos con cinco. Llámenme frívolo, mas mi corazón lo componen varios cuarteles.

sábado, 19 de julio de 2008

Plecnik

El aspecto pulcro y algo cursi de Liubliana se debe enteramente a la obra de su arquitecto predilecto Joze Plecnik, una singular e interesantísima mezcla de modernismo y clasicismo. Formado en Viena fue discípulo de Otto Wagner, maestro modernista y par de Gaudí. En Praga se encargó de la remodelación de la montaña del castillo, otro monumento a la cursilería, escasamente discernible de Disneylandia. Su obra más interesante es la Biblioteca Nacional, un compacto paralelepípido, un cubo según la terminología en uso, de cuatro pisos de altura. La gracia del edificio consiste en alternar la sillería en ladrillo con la piedra rústica, creado una agradable textura en la que contrastan el ladrillo rojizo y la piedra clara. Por último, toda la fachada está recorrida por varias hileras de ventanas divididas en cuatro paneles, esas que en arquitectura se llamana inglesas. Una cornisa muy fina subrayada por una moldura decorativa, y un techo plano, y que por tanto, no ve el espectador, remata el conjunto, dándole el aire de un palacio renacentista. Los materiales empleados y la simplísima estructura dan a la mole una leve sensación de ingravidez. El interior está lleno de columnas en mármol negro, como un peristilo, que escoltan una escalera monumental. Esta escalera conduce al lugar sagrado, a la naos del templo griego que el edificio quiere ser, la sala de lectura, cuyo mobiliario es igualmente diseño de Plecnik. Todos los días paso cerca de este edificio, y por la noches lo veo iluminado, saltando a la vista sus esquinas pulidas y afiladas. Es un edificio científico, de estrictas, de implacables y rotundas reglas de proporción, y cuyo exterior es sin embargo de una extraña calidez, aunque el interior sea de una religiosidad fría y abstracta. Todavía no sé si me gusta.

viernes, 18 de julio de 2008

You go, you see, you talk

Estaba en la plaza de los tres puentes, sentado en un terraza entre mullidos cojines rojos, y leyendo una historia de los Balcanes "The Balkans. Nationalism, War and the Great Powers, 1804-1999" escrita por Misha Glenny. Aun en su edición de bolsillo es un tomo grande. El camarero se acercó y le pedí un café. Al inclinarse sobre la mesa vio el libro y preguntó curioso

- So, what you learn of the Balkans?

No entendí bien.
- Excuse me?
- Balkans, you learn of the Balkans?
Dudé qué decir.
- Intento entender las cosas, es una historia muy compleja, dije (seguíamos hablando en inglés)
- Any good?
Lo preguntó casi con azoro.
-Bueno todavía estoy a comienzos del siglo XIX. Hace doscientos años.
Entonces, como soy muy descarado, y sólo preguntando se sabe, pregunté:
- Do you consider Slovenia to be part of the Balkans?
- No sé. Yo sí. Soy de Kosovo.
- Ah
Había dado por hecho que era esloveno.
- ¿Y lleva mucho tiempo aquí?
- Ocho años
- 'Desde los bombardeos, pensé' ¿Y tiene ahí la familia?- Recordé que llevaba puestas las gafas de sol y me las quité.
- Mi madre y un hermano. Le envío dinero.
Hubo una breve pausa. -¿Y estaban de acuerdo con la independencia?
Tardó algo en contestar, como si no hubiese respuesta para eso, o ése no fuera el problema. -No sé. En diez años, quizá. No hay trabajo, nadie tiene trabajo. En diez años, maybe.
- Ah
Se fue a atender otra mesa. Volvió al rato. Era una persona simpática.
- ¿Le importa si le pregunto su nombre? dije.
Puso una mueca. Me señaló el tique: Besnik G.
- Nice to meet you, y le di mi nombre. I'm from Spain, añadí, para corresponder.
- You must go there.
Volvíamos al tema de los Balcanes. Books... Go to Kosovo, to Macedonia, to Belgrad... you go, you see, you talk with people, sit, talk.
- Lo voy a hacer en cuanto pueda. Estoy preparando el viaje.-
Pausa. En realidad no sabía si podría hacerlo -Voy a estar aquí todo el verano. Cuando vuelva le contaré lo que he aprendido.
- Good. You will tell me.
- OK.
Pagué, se fue, y yo seguí leyendo un rato más.

martes, 15 de julio de 2008

Un minarete de cuarenta metros

En Liubliana hay 60.000 musulmanes y ninguna mezquita. Desde hace décadas los eslovenos musulmanes, en su mayoría trabajadores venidos de antiguas repúblicas yugoslavas, buscan penosamente un lugar de culto. Cuando en 2004 se les adjudicó una parcela en las afueras, un concejal nacionalista llamado Milan Jarc consiguió reunir las 11.000 firmas necesarias (el 5% del electorado de Liubliana) para forzar la convocatoria de un referendo sobre el proyecto. Aunque obligado por ley, el alcalde se negó a convocarlo y al final el Tribunal Constitucional lo declaró improcedente. No está claro qué hubiera votado el vecindaje de haberse celebrado la consulta. El proceso volvió a ponerse en marcha. Últimamente se ha adjudicado un nuevo terreno a la comunidad musulmana, contiguo a la estación de tren. Sin embargo, la obra sigue parada, porque el mismo concejal ha conseguido de nuevo 11.000 firmas solicitando un nuevo referendo, esta vez sobre el detalle arquitectónico del proyecto: la existencia de un minarete, cuya altura prevista es de 40 metros, que podría alterar, dicen los opositores, "el carácter de la ciudad". Es previsible que el volumen máximo al que el muecín pueda llamar a la oración, cinco veces al día, será objeto de la siguiente polémica, si no de otra consulta.

lunes, 14 de julio de 2008

Napoleón en Liubliana

Hoy ha sido 14 de julio, ergo hubo recepción de la embajada francesa. El convite se celebraba en un monasterio reconvertido en teatro al aire libre, cerca de la plaza de la Revolución francesa. La plaza está presidida por un monolito de unos siete metros, en blancos bloques de piedra. Incrustrado en uno de los planos laterales sobresale en bajorrelieve el rostro de Napoleón Bonaparte en bronce dorado, muy serio, con su nariz aguileña, su mentón pronunciado, su mechón de pelo y su corona de laurel. La acostumbrada tormenta ha resbalado sobre la impresionante carpa de los organizadores. Mediada la recepción, una coral de por aquí ha entonado a capela la Marsellesa, el himno esloveno y la parte cantada de la novena sinfonía. Cáterin: charcuterie, vin et fromage. Las palabras de la embajadora han sido las convencionales, dándose el gusto de comentar lo emocionante que era "ver como aquí, Napoleón, tan denostado en otras partes de Europa, sí es querido". Esta me la sé, lo he leído. Cuando Napoleón estuvo por estos pagos, y siguiendo su costumbre, reordenó el territorio agrupando Eslovenia, Croacia y parte de Bosnia bajo el nombre de Provincias Ilirias (el invento duró desde 1809 hasta 1813) permitiendo la enseñanza pública en esloveno. Es dudoso que a Napoleón le preocupara preservar la cultura local cuando en Francia el bretón, el catalán, y el occitano se habían prohibido en la escuela. Napoleón quería romper el Imperio Austríaco clavándole unas provincias como unas banderillas. Al hacerlo puso en circulación las tesis nacionalistas, poco a poco lugar común en toda Europa. El gobernador que designó, Bernardotte, acabó como Rey de Suecia; la de vueltas que da la vida. Por cierto: Napoleón a mí, que soy francófilo, me cae gordo.

Pd.: Leo en mi guía con asombro que el monumento a Napoleón en Liubliana es el único fuera de Francia.

domingo, 13 de julio de 2008

Piran(o)

La costa en Eslovenia hay que buscarla con lupa. Apenas es una franja de 44 kilómetros, un minúsculo intersticio entre Italia y Croacia, asignado a Yugoslavia tras la II Guerra Mundial, que va a dar al Adriático, y que provee al país con una ciudad-puerto de considerable actividad, nombrado Koper en esloveno, y mucho más bellamente Capodistria en italiano. A escasa distancia, y felizmente amenguada en fama por la proximidad de Venecia y Dubrobnik, se encuentra la pequeña villa de Piran. Primero una antorcha entre las rocas (como su nombre sugiere) guía de veleros y galeras griegas y romanas, luego una fortificación bizantina, más tarde un enclave franco, a partir del siglo XIII y durante cinco siglos un puerto ancilar de la República Veneciana, a continuación habsburguesa, tras la I Guerra mundial italiana, después yugoslava, y desde hace casi veinte años eslovena, lo único cabal que puede decirse de Piran o de Pirano es que es una ciudad mediterránea, bilingüe y agradable. Las casas altas, coloridas y descascarilladas forman delgados pasillos, protegidos del sol, de cuyas paredes cuelga la ropa tendida. Hay una plaza ovalada donde se concentran los edificios nobles, incluida la llamada Casa veneciana, en cuyo blasón se lee la inscripción Lassa pur dir, que un mercader veneciano levantó para su amada, una doncella de más modesta extracción. En lo alto el campanario de la Iglesia de San Jorge, de un insospechado y bello barroquismo. En un restaurante, honesto con el precio, con vistas al mar, me he comido un lenguado correcto. He pasado la tarde leyendo en una playa de roca, una franja de no más de cinco metros, descubriendo las ventajas de la ausencia de arena y de algas. Al otro lado de la bahía he podido ver Trieste, a la que poco a poco voy poniendo sitio. Me he ido pensando que podría acostumbrarme a vivir en una villa por aquí, emboscado en este manso apéndice esloveno o italiano, ilírico o dalmaciano, o quién sabe qué. Con una amada.

sábado, 12 de julio de 2008

Ta-ta-ta

Ahí fuera está cayendo una pared de agua. Sucede casi todas las tardes. Ta-ta-ta. El cielo se ha puesto tacones. Me gusta ese murmullo militar de gotas en el suelo. Ta-ta-ta. Las nubes se rasgan como odres, se corre un visillo sobre la colina, y la ciudad descansa (la lluvia es su acupuntura). Ta-ta-ta. Es una ubérrima tormenta de verano, frecuentes en el país; los violentos latigazos de agua dibujan sombras en la calzada, las ramas de los árboles golpean obedientes el aire; por la ventana veo una procesión de mochilas. Ta-ta-ta. Me gusta ver llover; quizá por la tregua del sol inclemente, quizá por el recordatorio de que a veces nada puede hacerse y tan sólo se espera, quizá por ver las calles en su intimidad, sin el material humano. O por la breve comunión con la naturaleza. Ta-ta-tarruun. Un trueno, por un instante se han iluminado las arterias de la noche. Ta-ta. La ciudad fulgente y lunar. La calma. El silencio. Ta.

viernes, 11 de julio de 2008

César

Tengo razones para sospechar que la comida nacional eslovena es la comida italiana. Las pizzas son las mejores que he probado nunca; el tiramisú es insuperable. Por lo demás, está perfectamente claro que la principal preocupación de los restauradores eslovenos es sentar a los peatones antes que dar de comer. Cerca de casa se agrupan tres restaurantes cuyo nombre es tan neutro como su carta: Luca, Julia y Romeo. Es obvio (aunque no evidente) que incurren en prácticas colusorias y de concertación de menús. La ausencia, no ya de una gastronomía, sino de un plato regional, la perfecta anacionalidad de la oferta culinaria, la ecléctica y adocenada decoración de los locales, es uno de los rasgos más llamativos de la ciudad. Cierto es que, como todos los países acostumbrados a un largo invierno, dominan un amplia gama de sopas, pero ahora, claro, no apetece. No soy hombre que llore la pérdida de las esencias, ni voy a empeñarme en encontrar algo auténtico (que sería, en todo caso, la verdadera impostura). La comida es correcta y los precios honestos; los mercados ofrecen los últimos tomates sápidos de Europa. No me quejo. Tan sólo pido, please, que me quiten las anchoas de la ensalada césar.

martes, 8 de julio de 2008

Rush-hour

Liubliana. No es en absoluto lo esperado. Es un café, un happening, un teatrillo, un plató, un flipe. Todas las terrazas están llenas de jóvenes guapos y ociosos, la mayoría de bellos perfiles eslavos, insolentemente veraniegos, sentados bajo los sauces, en ambos lados del río. Es un bullicio permanente y calmado, casi silencioso. Hay miles de personas en la calle, pero no como en las Ramblas o en la Puerta del Sol, donde todos parecen salidos de un hormiguero devastado; aqui cada uno se ubica en su lugar natural, de manera que nadie se estorbe, como si hubieran sido hábilmente colocados por un escenógrafo. Aquí y allá se han levantado leves columnatas, que refuerzan la sensación de sosiego. Liubliana produce, por todo ello, una sensación de irrealidad, tal vez inevitable en las ciudades acostumbradas a largos inviernos cuando llega el verano. Las casas están reformadas, pintadas en colores suaves, y sus ventanas rematadas con frontispicios, unos triangulares y otros en curva. Por arriba los techos abuhardillados, y en los bajos bares y restaurantes que cultivan todos el mismo ambiente minimalista y sofisticado, nada que pueda evocar lo balcánico, ni tampoco lo austriaco. Todo en Liubliana es encantador y agradable. Pero es siempre un abuso juzgar las ciudades únicamente por sus partes gentrificadas. Una ciudad es también y sobre todo sus periferias y sus barrios desarrollistas y feos, y eso todavía no lo conozco. Conozco el escenario amañado, evanescente y cool donde los urbanitas no somos más que figurantes.

lunes, 7 de julio de 2008

Bled

En las estribaciones de los Alpes julianos se encuentra la villa-balneario de Bled, famosa por su castillo que, en lo alto de un peñón, domina un lago, no muy grande, en el cuenco que forman las primeras montañas. En medio del lago, a una distancia que se puede recorrer a nado, hay una isla, y en la isla una iglesia, católica creo, cuyo campanario se eleva por encima de los árboles. He venido como representante de la Embajada a un concierto de un dúo español, de guitarra y acordeón. Mientras venía la lluvia se ha convertido en tormenta eléctrica. El castillo es una modélica fortaleza medieval, y lo parece: tiene murallas, foso y torreón. Desde la terraza se puede abarcar el lago con la mirada. Después de visitar un museo irrelevante me he dedicado a pasear por la almena del castillo, y me he imaginado defendiendo el terruño de, pongamos, una invasión lombarda (salvado el anacronismo) o infundiendo terror a los campesinos. Ya estaba sacando el paragüas por la aspillera cuando ha comenzado el concierto, en una especie de sala capitular, muy apta. Me ha agradado mucho. Hacía tiempo que no escuchaba música sin enlatar, y ya no recordaba el limpio y cristalino punteo de una guitarra. Tampoco sabía que el acordeón fuese un instrumento tan versátil. Los músicos, varón y mujer, de gran simpatía, sólo tenían veintiséis y veinticinco años. Demasiado jóvenes para sentir ínfulas, sin importarles su escaso auditorio, se han dedicado a disfrutar de una música que, evidentemente, les hacía felices. Extraordinarias las Cuatro estaciones porteñas, de Piazzola, con su alternancia de pasajes reposados y vibrantes. Han agradecido mi presencia y yo les he agradecido su música. Camino de Liubliana he dudado sobre si yo podría nadar hasta la isla. Desconfío de mi torpe brazada. En todo caso, volveré, espero, para remar en compañía.

domingo, 6 de julio de 2008

Un paseo

El río Ljubljanica (pequeño Liubliana) se dobla como un codo alrededor de la colina de Golovec, en cuya cima, a unos 400 metros de altura, sobresale de las copas de los árboles la torre del castillo de la ciudad. Es una torre solitaria, más florentina que austríaca, que recuerda la del juego del ajedrez, almenada en su punta, con un reloj en cada uno de sus lados, y una bandera de Eslovenia, una franja horizontal verde y otra blanca, ondeando desde lo alto. Se puede subir y bajar de la fortaleza en un funicular, que nos deposita en el mismo vértice del meandro, en el espacio comprendido entre la colina y el río, que alberga los puestos del mercado y la discreta catedral de San Nicolás. A escasos metros, tres deliciosos puentes, obra del arquitecto Pleznik, se juntan en forma de zigzag, conduciendo a la plaza de Preseren, el poeta de la nación; su estatua se erige en mitad de la plaza, presidida por la parroquia de San Francisco, que es una iglesia de finales del siglo XIX cuya mayor singularidad reside en su amplia espadaña de color granate. Si caminamos a lo largo del río en dirección oeste, como queriendo abrazar la colina, encontramos una elegante esclusa, también obra de Pleznik, que salva el desnivel del río y cierre el centro histórico de la ciudad. Si descendemos desde San Francisco hacia el sur encontramos a unos 80 metros el puente de Cobbler, legado del mismo arquitecto, omnipresente. Es un pasaje balaustrado, con diez columnas de piedra de unos cuatro metros de altura y medio de diámetro. Todavía un poco más abajo, el puente de Sentjakobski, algo más ancho, por donde ya circula el tráfico. Desde aquí hasta la esclusa, en apenas un kilómetro y medio de paseo, se encuentra todo lo que el turista verá de Liubliana. En la orilla izquierda se concentran los edificios de gobierno, la universidad, la filarmónica, los dos hoteles principales y los comercios. Del lado del monte se agrupan los restaurantes. El río en esta parte de la ciudad no mide más de 50 metros de ancho; sobre él los saucen lloran sus copas, superponiéndose así tres niveles de verde: esmeralda del agua, menta de los árboles, y más allá el fosco follaje en la colina. En las riberas se encuentran todas las terrazas de verano. Los edificios alternan los tres y los cuatro niveles; la primera fila de ventanas suele estar rematada por frontispicios, el dintel de las segundas ya es más sencillo, y la tercera corresponde a las buhardillas. Las fachadas están pintadas en colores muy suaves: limón o anaranjado, verdes pálidos. Muchas casas tienen la particularidad de ser exentas (es decir, carecen de pared medianera) de forma que un pasadizo queda entra ellas comunicando las calles entre sí. Y ya está.

viernes, 4 de julio de 2008

Mestni trg, 8

Vivo en un piso razonablemente cómodo. Es céntrico, excede de mis necesidades de espacio (120 m2) y está bien acondicionado: la cocina funciona, la conexión a Internet es buena, hay ducha y bañera, tele y dvd, lavadora y lavavajillas. Y es horrible. Pero horrible, horrible, horrible. La decoración transciende lo kitsch. Veamos: en las paredes habrá al menos una docena de espejos de marcos inefables. También cuelgan de ellas horrendos crucifijos y pedazos de tallas románicas. Los cuadros son delictivos, cada uno de su padre y de su madre. Hay sillas sacadas de una venta del siglo del oro, otras estilo imperio, y otras modernistas con respaldos labrados de dos metros de altura. Candelabros por doquier, joyeros, tocadores, consolas, samovares. No hay cortinas, sino una especie de estandartes que caen desde el dintel de las ventanas. Esculturas africanas, que nunca me han gustado. Lámparas de araña que simulan flores. Más crucifijos junto a retratos de Marilyn y una nevera que se abre por los dos lados. El cuarto de baño es puro Klimt: cenefas doradas y un suelo de teselas de colores con tramos transparentes sobre un lecho de piedras seudopreciosas. No hay grifo, sino un plato por donde resbala el agua que sale de un pitorro, y la alcachofa de la ducha es una especie de frisbi gigante imposible de sostener. Sobre el techo de la cocina, a la que se entra por unas portezuelas tipo saloon, cuelgan lo menos quince pajareras. En mitad del salón hay un carricoche enorme del que sale un ramillete de plantas agostadas. Hay frescos, máscaras de porcelana rotas, una estufa inútil, más candelabros, un florete del año en que mataron a Sisí, más crucifijos y un violín vuelto del revés. También hay molduras y ménsulas aprovechadas de otros edificios, salvadas de los escombros. Sobre mi cama un dosel hórrido. Las sábanas me dan miedo cuando me despierto por la noche y veo... otro crucifijo. Y un cuadro de una niña siniestra jugando con su perro siniestro. Ni un pedazo de pared está libre de un cachivaches, cosas cuyo nombre desconozco, si es que lo tienen. El suelo es un entarimado crujiente lleno de escalones asesinos, con trechos de barro cocido. Junto a la tele hay empotrado una especie de belén permanente... solo que no es un belén y no quiero saber qué es lo que es.

jueves, 3 de julio de 2008

Viajar

Este es el primer viaje largo que emprendo en mucho tiempo. El viaje goza de considerable prestigio literario. Se le suponen propiedades catárticas. Uno debería sufrir varías epifanías por viaje. Por lo general son experiencias para bien: deshacen prejuicios, previenen contra el fanatismo, se conocen otras culturas, ensanchan el alma. Todo esto no es necesariamente cierto. Mucha gente viaja como una maleta y regresa sin haber aprendido nada. Algunas de las personas más lúcidas, sensibles y curiosas que conozco no han viajado apenas y algunos de los más obtusos hacen varios viajes al año o han pasado largas estancias en el extranjero. Los motivos por los que viajar me gusta son distintos. El viaje relaja los lazos de pertenencia y proporciona espacios de libertad, donde uno no es completamente quien realmente es ni se le exige que lo sea. Uno es, por así decir, eventual, dispensable, innecesario, y en definitiva, irreal. Suena terriblemente inmaduro pero así es, y en este momento de mi vida quizá es lo que necesito. Ser cansa, estar menos. Por la ventana del coche un paisaje verde, montañoso y sucesivo va despejando mi cabeza y pone mi mirada en situación de disponibilidad.

miércoles, 2 de julio de 2008

El silencio le precedía

Gracias a la amabilidad de B. y de su familia he pasado la noche en Duino, en una cabaña con vistas al Adriático. La estancia me parece un pretexto honrado para leer algo de Rilke. Recuerdo un pasaje muy bello de Stefan Zweig en su "El mundo de ayer. Memorias de un europeo" en el que evoca la figura del poeta, diciendo que uno advertía su presencia una hora antes de que llegase a un sitio, porque el silencio le precedía. No soy un buen lector de Rilke: porque es un poeta difícil y porque no puedo leer el alemán. Lo primero el esfuerzo lo remedia, lo segundo lo palía la excelente traducción de las Elegías de Jenaro Talens, en la editorial Hiperión. El fraseo, la sabia elección de las palabras, los hábiles encabalgamientos, y la extrema sensualidad de los versos, me producen una emoción que quizá anticipe el gozo del entendimiento. Leo poco a poco, en voz alta (estoy solo), poniendo cuidado en respetar el ritmo. Rilke insiste en que el peor de los pecados es el de la impaciencia. Leo en la playa y durante la comida. Conduzco por el golfo de Trieste hasta el palacio de Miramare y sigo leyendo en sus jardines; despacio (que los bien templados martillos de mi corazón / ninguno falle al tocar en las cuerdas débiles, vacilantes o / quebradizas); el calor me vence, casi me he dormido. No quiero llegar muy tarde a Liubliana, así que decido que ya volveré a Trieste, ciudad que merece toda mi atención. Por el camino me noto triste; habrá sido, me digo, la octava elegía.


[¿Quién, pues, nos dio la vuelta de tal modo
que hagamos lo que hagamos siempre tenemos la actitud
del que se marcha? Como quien
sobre la última colina que una vez más le muestra
todo el valle se gira y se detiene, se demora,
así vivimos nosotros, siempre en despedida

Rainer María Rilke (trad. de Jenaro Talens)
Elegías de Duino]

martes, 1 de julio de 2008

Ese viejo país ineficiente

Dijo Ale:

"¿Italia? Muy mal, gracias... ¿Que por qué la gente vota a Berlusconi? ¡Es un misterio! Una vergüenza nacional, los periódicos lo atacan, la televisión lo ataca, los intelectuales lo atacan y la gente lo vota... ya ha empezado con sus leyes, ahora dice que todos los juicios pendientes desde antes del 92 hay que anularlos... claro, él tiene unos cuantos... la justicia en Italia es un drama, yo tengo un pleito desde 2001, el otro día traigo a un testigo desde Munich, gastos pagados... y el juez me dice que no puede haber sesión ¡porque la estenotipista está de vacaciones!.. Un horror, en Italia hay una mancanza total de sentido cívico... Berlusconi dice que no hay que pagar impuestos, pero son altísimos... En Italia el gasto público sólo sirve para distribuir favores... las ciudades están sucias... Turín es bonita pero los piamonteses son antipáticos, muy cerrados, a los del sur los desprecian... Otro tema es las mujeres... la situación de la mujer en Italia es muy mala... ¿sabes cuál es el periodo medio de baja de maternidad? ¡Un año y medio! En Italia la familia es muy importante y el Estado da por hecho que de todo se hace cargo la familia, claro, las mujeres... Sabes, hubo una bronca enorme cuando vuestra ministra de defensa viajó a Afganistán... ¡Pero cómo, el bambino, el bambino! ¿La inmigración? Pues ahora va a haber más inmigrantes que nunca, porque sencillamente han hecho imposible ser regular... Nuestra única potencia era la calcística pero ahora España también nos gana al fútbol... No sabéis la suerte que tenéis, España va muy bien, sí, sí, habéis combinado el carácter mediterráneo con la eficiencia germánica... No, no exagero... crecéis económicamente pero mantenéis los horarios de comida... Yo fui camarero en un restaurante italiano en Madrid, en la calle Hortaleza, Nabucco... Era el único italiano de la plantilla y me daban a probar la comida ¿Qué tal la pizza? Está buena... pero es que esto no es una pizza, la pizza se sirve en plato grande... Pero es que entonces no me comen el segundo... Claro, es que la pizza es plato único... ¿Pero está buena o no?... Sí, pero no es un pizza... ¿Y el cappuccino, está bueno? Sí, pero el cappuccino no lleva canela... ¿pero está bueno o no?... Sí, sí... lo echo de menos... ahora tengo una oferta de trabajo y a lo mejor vuelvo..."