viernes, 4 de julio de 2008
Mestni trg, 8
Vivo en un piso razonablemente cómodo. Es céntrico, excede de mis necesidades de espacio (120 m2) y está bien acondicionado: la cocina funciona, la conexión a Internet es buena, hay ducha y bañera, tele y dvd, lavadora y lavavajillas. Y es horrible. Pero horrible, horrible, horrible. La decoración transciende lo kitsch. Veamos: en las paredes habrá al menos una docena de espejos de marcos inefables. También cuelgan de ellas horrendos crucifijos y pedazos de tallas románicas. Los cuadros son delictivos, cada uno de su padre y de su madre. Hay sillas sacadas de una venta del siglo del oro, otras estilo imperio, y otras modernistas con respaldos labrados de dos metros de altura. Candelabros por doquier, joyeros, tocadores, consolas, samovares. No hay cortinas, sino una especie de estandartes que caen desde el dintel de las ventanas. Esculturas africanas, que nunca me han gustado. Lámparas de araña que simulan flores. Más crucifijos junto a retratos de Marilyn y una nevera que se abre por los dos lados. El cuarto de baño es puro Klimt: cenefas doradas y un suelo de teselas de colores con tramos transparentes sobre un lecho de piedras seudopreciosas. No hay grifo, sino un plato por donde resbala el agua que sale de un pitorro, y la alcachofa de la ducha es una especie de frisbi gigante imposible de sostener. Sobre el techo de la cocina, a la que se entra por unas portezuelas tipo saloon, cuelgan lo menos quince pajareras. En mitad del salón hay un carricoche enorme del que sale un ramillete de plantas agostadas. Hay frescos, máscaras de porcelana rotas, una estufa inútil, más candelabros, un florete del año en que mataron a Sisí, más crucifijos y un violín vuelto del revés. También hay molduras y ménsulas aprovechadas de otros edificios, salvadas de los escombros. Sobre mi cama un dosel hórrido. Las sábanas me dan miedo cuando me despierto por la noche y veo... otro crucifijo. Y un cuadro de una niña siniestra jugando con su perro siniestro. Ni un pedazo de pared está libre de un cachivaches, cosas cuyo nombre desconozco, si es que lo tienen. El suelo es un entarimado crujiente lleno de escalones asesinos, con trechos de barro cocido. Junto a la tele hay empotrado una especie de belén permanente... solo que no es un belén y no quiero saber qué es lo que es.
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