miércoles, 23 de julio de 2008

Los borrados

El 25 de junio de 1991 la República Eslovena proclamó su independencia de Yugoslavia. En ese momento unas 200.000 personas originarias de otras Repúblicas yugoslavas residían en Eslovenia de forma permanente. La ciudadanía yugoslava común, de la que derivaban todos los derechos y obligaciones, garantizaba la plena igualdad de todos los habitantes. Con la independencia se abrio un plazo de seis meses para que los residentes no eslovenos pudieran optar a la nueva nacionalidad. 170,000 lo hicieron. 12,000 marcharon a otros países. Sin embargo, otros muchos, no solicitaron la nacionalidad en tiempo y forma, por distintos motivos (desconocimiento, voluntad de conservar su nacionalidad originaria, confusión entre nacionalidad y ciudadanía, etnicismo, propaganda antieslovena, o creencia de que ya gozaban de ella o de que sus derechos no se verían mermados) El número de personas en esta situación se ha cifrado en 18.305. La gran mayoría deseaba seguir viviendo en Eslovenia, donde tenían su trabajo, casa y familia. Al cabo de pocos meses, sin mediar notificación, fueron borrados del Registro de Residentes Permanentes. Sus expedientes desaparecieron o fueron trasladados a otros registros de extranjeros. Para la mayoría esto supuso la pérdida de sus trabajos y del acceso a los servicios educativos y sanitarios básicos que se desprenden del estatuto de residente legal. En Eslovenia se les conoce como "los borrados" (en inglés "the erased") Quedaron convertidos en extranjeros ilegales. Al trata de regularizar su situación perdían los pocos documentos que conservaban (pasaporte, permisos de conducir, cartillas), que eran anulados. Muchos perdieron toda nacionalidad, ya que al estallar la guerra en Serbia, Bosnia o Croacia, su documentación devino irremplazable. En general los partidos nacionalistas conservadores se habían mostrado contrarios a la concesión de la nacionalidad a no-eslovenos, e hicieron campaña contra el Gobierno para que se la revocara a los 170.000 que la habían obtenido, percibidos como una amenaza a la identidad nacional. Extrañamente, los que entraron en situación de ilegalidad no fueron expulsados. Amnistía Internacional ve en ello la prueba de que la eliminación de sus expedientes fue un acto político deliberado para contentar a los sectores más nacionalistas y no perder sus votos, pero que las autoridades eslovenas no quisieron proceder a expulsiones masivas por miedo a la repercusión internacional.

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