sábado, 26 de julio de 2008

Caballo, Jíbaro, Geranio

En Guerra y Paz hay un personaje fantástico, el Mariscal Kutuzov, el Serenísimo, General en jefe de los ejércitos rusos durante la invasión napoleónica. Es él quien impone acertadamente el criterio de irse retirando hacia el interior de Rusia, dejando que el invierno, el cansancio y la falta de víveres aniquilen al enemigo. En su soledad el general masculla a menudo "¡Comerán carne de caballo, comerán carne de caballo!" queriendo decir que al final los franceses tendrán que sacrificar a sus propios caballos para poder llevarse algo a la boca. Hoy he comido carne de caballo, o más exactamente, carne de potro esloveno. Me han asegurado que era típico. No estaba muy mal pero tampoco bien, era más bien insípida y pegajosa. Me he resarcido con el ya clásico tiramisú. Luego he echado la tarde en el Museo Etnográfico de la ciudad, que me ha sorprendido gratamente aunque haya visto dos cosas horripilantes, las dos de unos 10 centrímetros: un zapatito de geisha y un cabeza jibarizada. Volviendo me he dado un paseo por un barrio alejado del centro, donde se mezclan los edificios de cemento con viejas mansiones sin arreglar en cuyos balcones gentes sin camisa regaban sus geranios. Se ha puesto a llover, he leído un rato. Estoy en ese momento del verano, que siempre llega, en el que los ojos se me cansan de luz, y la indolencia empieza a apoderarse de mí. Es el momento en el que es preciso clavar el remo en el lecho del río para tomar impulso y romper el dormido curso del agua.

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