Cuando supe que venía a Liubliana hice repaso mental de eslovenos famosos y me salió uno: Slavoj Zizek. Es un filósofo loco y genialoide, boutadista profesional, que escribe preferentemente en inglés o francés y publica mucho en la prensa europea. En las fotos se aprecia perfectamente la pose desaliñada que subraya su carácter: parece que se está comiendo la barba desastrada y canosa, y el cabello graso y despeinado le tapa un poco los ojos tristes y pequeños. Su imagen me trae a la cabeza la del compositor ruso Mussorgsky, retratado como un borrachín. He leído un breve ensayo suyo: En defensa de la intolerancia. En él critica el liberalismo multiculural y tolerante que gobierna pétreamente nuestras sociedades. Zizec opina que no es más que el enésimo camuflaje del capitalismo, que mercantiliza la vida y desactiva cualquier reivindicación verdaderamente política, siendo la verdadera política:
"Ese momento en el que una reivindicación específica no es simplemente un elemento en la negociación de intereses sino que apunta a algo más y empieza a funcionar como condensación metafórica de la completa reestructuración de todo el espacio social".Por supuesto dice cosas como que es "estalinista ortodoxo lacaniano dogmático y nada dialogante" pero todo su boutadismo torrencial no es más que el intento desesperado de traspasar la espesura de lo políticamente correcto. Zizek es de los pocos filósofos que aún apuesta por los grandes relatos de emancipación universal, como lo fue el socialismo. Lo contrario es apuntarse al fin de la historia de Fukuyama.
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