martes, 22 de julio de 2008

Breaking news

Ayer alquilé dos películas de Kusturica pero desistí de verlas al comprobar que sólo estaban en serbio con subtítulos en esloveno. Hoy he vuelto a fatigar el video-club durante una hora, sin éxito. El cine al que puedo ir andando está cerrado por reformas. En casa tengo televisión por cable, lo que significa que he de descartar cincuenta y cinco canales antes de encontrar algo interesante. Casi siempre termino viendo la CNN. Indudablemente uno se entera de muchas cosas viendo esta cadena. Pero produce un cierto fastidio el tono de los presentadores. Están todos ligeramente excitados, haciendo inflexiones teatrales en la voz, como fascinados por lo que están contando. Parece que los reporteros están siempre a punto de descubrir el agua caliente. El presentador les interpela desde el estudio "But tell us Laura, how this has happened!?" (énfasis en tell y en happened). Todo es "historic", "incredible" y "amazing". Y luego te hacen la interpretatio, por si no lo has entendido. Pero quizá lo más inquietante de la CNN y en general los medios de comunicación es el presentismo que los inspira, es decir, la creencia de que sólo el presente existe y que hay que devorarlo. Cada noticia cancela la anterior, cada cotización forma parte de un continuo inabarcable e inescrutable, los anticiclones que suceden a las tormentas que siguen a las olas de calor. Todo se va por la hormigonera de la actualidad. El criminal de guerra detenido, la aldea que arde, el candidato que viaja, la bolsa que sube. En mi mesa se apilan resúmenes de breves de prensa, que se imprimen todos los días. Es un delirio y un delito medioambiental. Un buen día uno deja de leer la prensa, apaga la televisión, y descubre aliviado que ni siquiera en este planeta pasan cosas trascendentales todos los días. Hoy, más que nunca, el presente se consume. El periodismo maneja hoy pura verdad revelada.

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