domingo, 27 de julio de 2008
Meditación sobre un dragón
He tardado algún tiempo en descubrir que el símbolo de la ciudad de Liubliana es el dragón. Un dragón aparece en el escudo de armas de la ciudad y hay cuatro portentosos dragones de bronce en las cuatro esquinas del puente situado entre la esclusa y el mercado. Son dragones de una bellísima estampa: sentados sobre sus patas traseras, con su larga cola escamada envolviendo el pedestal, despliegan las alas cartilaginosas y enseñan las fauces, clavando una mirada inteligente y penetrante en el observador. Google sostiene que están ahí porque la leyenda dice que Liubliana fue fundada por Jasón después de que él y los argonautas derrotaran a un dragón. Ha sido un chasco porque yo me había figurado que el dragón era el de San Jorge, único héroe de mi infancia, que combatió con un temible reptil que se cobraba como víctimas a las primogénitas de una ciudad que, en la más autorizada versión de la leyenda (que es la de mi abuelo), moraba en Constantinopla. En el San Sebastián de mi niñez, camino de una capillita en el monte llamada Lourdes Xiqui, había un pequeño nicho en la roca. Mi abuelo me dijo que el dragón estaba ahí y sé que en algún momento de mi infancia lo creí a pies juntillas. Lo más decepcionante fue descubrir, después de fatigar la biblioteca y hacer algunas consultas, que ni siquiera existen los dragones. Poco a poco voy descubriendo que mi temperamento me impele con fuerza hacia lo verídico y quizá por eso soy un mal lector de novelas. Si no es cierto no tengo tiempo. Recuerdo haber estirado más allá de lo razonable la creencia de que Sherlock Holmes era una persona de verdad. Al menos, piratas sí que hubo.
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1 comentario:
No estoy de acuerdo en que no existan los dragones, y de lo de Sherlock Holmes ni hablamos porque como lo repitas en voz alta me enfado. Un abrazo de tu compañero delhita,
S.
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