lunes, 14 de julio de 2008

Napoleón en Liubliana

Hoy ha sido 14 de julio, ergo hubo recepción de la embajada francesa. El convite se celebraba en un monasterio reconvertido en teatro al aire libre, cerca de la plaza de la Revolución francesa. La plaza está presidida por un monolito de unos siete metros, en blancos bloques de piedra. Incrustrado en uno de los planos laterales sobresale en bajorrelieve el rostro de Napoleón Bonaparte en bronce dorado, muy serio, con su nariz aguileña, su mentón pronunciado, su mechón de pelo y su corona de laurel. La acostumbrada tormenta ha resbalado sobre la impresionante carpa de los organizadores. Mediada la recepción, una coral de por aquí ha entonado a capela la Marsellesa, el himno esloveno y la parte cantada de la novena sinfonía. Cáterin: charcuterie, vin et fromage. Las palabras de la embajadora han sido las convencionales, dándose el gusto de comentar lo emocionante que era "ver como aquí, Napoleón, tan denostado en otras partes de Europa, sí es querido". Esta me la sé, lo he leído. Cuando Napoleón estuvo por estos pagos, y siguiendo su costumbre, reordenó el territorio agrupando Eslovenia, Croacia y parte de Bosnia bajo el nombre de Provincias Ilirias (el invento duró desde 1809 hasta 1813) permitiendo la enseñanza pública en esloveno. Es dudoso que a Napoleón le preocupara preservar la cultura local cuando en Francia el bretón, el catalán, y el occitano se habían prohibido en la escuela. Napoleón quería romper el Imperio Austríaco clavándole unas provincias como unas banderillas. Al hacerlo puso en circulación las tesis nacionalistas, poco a poco lugar común en toda Europa. El gobernador que designó, Bernardotte, acabó como Rey de Suecia; la de vueltas que da la vida. Por cierto: Napoleón a mí, que soy francófilo, me cae gordo.

Pd.: Leo en mi guía con asombro que el monumento a Napoleón en Liubliana es el único fuera de Francia.

1 comentario:

Loro dijo...

Curiosísimo, Juancla. Sigo leyéndote desde Delhi. Un abrazo,

S.