viernes, 29 de agosto de 2008

Liubliana - Turín - Turín - Avignon - Gerona/Barcelona-Madrid

jueves, 28 de agosto de 2008

Sobre la inconveniencia de hacer maletas

Soy muy perezoso. Séneca dice que la tristeza no es más y casi siempre que pereza pero en mi caso creo que es al revés. Mi noviciado en Liubliana se termina y por delante queda apenas la ímproba tarea de hacer las maletas, que esta vez serán muchas. Siempre es penoso hacer maletas. Requiere diligencia, meticulosidad y disposición. Conviene hacerlas bien, porque hacer bien las cosas siempre es más divertido. Doblar bien un pantalón, por ejemplo, produce un moderado sentimiento de aprobación. Pero marchar, en general, es algo difícil. Uno empieza a irse mucho antes de marcharse. Hay un lento y confuso cambio de paradigma, una realidad que se va transfigurando febrilmente. Aflora la contradicción pura de querer ir y desear permanecer al mismo tiempo, que es la tensión en la que nos movemos a menudo los animales humanos. Me quiero ir, me quiero quedar; vuelvo a casa, ya estoy en casa. Cualquier rincón del mundo es bueno para soñar, dijo Julio Camba. El viaje de vuelta también será largo, en varias etapas. Viajar cansa, y a última hora siempre parece que nos quedasen tantas cosas por hacer. A veces imagino un día en que todos los viajes ya estén hechos, como todos los libros leídos. Los libros, viajo siempre con demasiados libros. Empeño ridículo de hacer de sherpa. Es inevitable ponerse un poco triste. Es improbable que vuelva pronto a Liubliana; de hecho es posible que no tenga que regresar nunca. Me llevo buen recuerdo. Hacer maletas, ya digo, puede ser deprimente. Pero esta vez, no. Porque hacer maletas en compañía es como no hacerlas, porque no te mueves de donde quieres estar.

miércoles, 27 de agosto de 2008

Spleen de Liubliana

Lady M y yo hemos dado el último paseo por la calle del río. La ciudad y sus terrazas permanecen en su anodino alboroto, que el regreso de los estudiantes para el nuevo curso apenas tonifica. Desde uno de los tres puentes la estampa que presenta la ciudad, en este atardecer, con sus mohínos sauces cayendo sobre las aguas, y sus fachadas rosas de cartón piedra, es el del papel pintado de una ópera que podría ser La Bohéme. Las mesas en las calle están repletas de comensales, pero como dice M ni la comida huele en Liubliana. Esta ciudad es un muermo. Podría haberme tirado aquí cincuenta años más y no habría ocurrido nada, y todavía estoy joven para desear tal grado de ataraxia. Eslovenia es un Estado viable y serio, funcional, pero tiene hechuras de provincia. Es lo más parecido quizá, a vivir en un rincón tranquilo del Imperio Austro-húngaro, circa 1900, llevando un sosegada existencia de provincias antes del fin del mundo. Puro mundo de ayer. Lo echaré de menos, pienso, cuando me envuelva la violenta alegría de Madrid. Querré volver, quizá, a esta ciudad sin ángel, porque he sido feliz aquí, y porque poca gente podría señalar este país en el mapa. Me he iniciado en el oficio y me ha gustado. Me llevo pocos nombres anotados, y el comienzo de una amistad que espero duradera. He buscado souvenirs, y al final el único que he guardado en la maleta es un pasaporte de un país que ya no existe.

martes, 26 de agosto de 2008

K

Durante mi estancia aquí no he hecho ningún amigo o conocido esloveno. Me han entrado prisas por remediar este baldón, y he buscado entre mis papeles el número de una diplomática eslovena, K, creo que de mi edad más o menos, que me había proporcionado una amiga en Madrid. Nos hemos citado en la terraza OX, que por la noche está llena de chulos y meretrices, y por la tarde sirven meriendas. He llegado, me ha visto ella antes que yo a ella, y salvo unos horribles zapatos rosa y el hecho de llevar uñas pintadas (siempre me ha parecido una afectación innecesaria) su aspecto resultaba agradable. Hemos hablado un buen rato. Le pregunto por la situación en Eslovenia, por el actual gobierno, y por las elecciones que vienen, por la manera de ingresar en el cuerpo diplomático esloveno, por las relaciones con Croacia, con Italia, con Austria. Bah, todo me aburre, dice, ahora me voy a Malta ha hacer un máster en derecho marítimo. Sólo se anima para criticar al Ministro de Asuntos Exteriores, Sr. Rupel. Que me lo quiten si quieren que continúe. Tímidamente le pregunto por la independencia de Yugoslavia y me mira como si le estuviera hablando de historia antigua. La conversación se desmorona, trato de apuntalarla: ¿Cuál es el gran asunto de la diplomacia eslovena? pregunto. No hay, responde. Aterrado por mi escaso talento para el small talk, le hago unas cuentas recomendaciones para hacer turismo en España y apuro la segunda cerveza. Me pregunta que si estoy en facebook, un foro en Internet muy popular. Pero no estoy.

lunes, 25 de agosto de 2008

Algo de historia, III. Eslovenia y Yugoslavia

Los libros de historia que he ojeado despachan la independencia de Eslovenia de Yugoslavia en pocas páginas. Es comprensible. Eslovenia era un pequeño país, con una población desprovista de la complejidad étnica de Croacia y Serbia, potencialmente próspero y geográficamente contiguo a Europa occidental. Su desprendimiento de Yugoslavia, carente de dramatismo, puede parecer inevitable y hasta en alguna medida anecdótico. Sin embargo, en cierto sentido esta pequeña provincia del fenecido Imperio Austro-Húngaro era la clave del sistema. Lo explica el inteligente Misha Glenny en su gran crónica The Fall of Yugoslavia. Este penetrante pasaje muestra la importancia simbólica de Eslovenia en el entramado eslavo: "Una vez los mandos de ejército federal capitularon ante las demandas de Eslovenia era difícil justificar una guerra con Croacia en nombre de Yugoslavia. La guerra había perdido su carácter yugoslavo para asumir un fuerte carácer Serbo-Croata. Esto afectó enormemente a muchos oficiales del Ejército Popular Yugoslavo, que creían en el mantenimiento de la integridad de un Estado yugoslavo pero les perturbaba la idea de estar luchando por un Estado balcánico dominado por Serbia" Ahí esta: desaparecida la posibilidad de un Estado multinacional lo que quedaba era el mero enfrentamiento entre etnias. La separación de Eslovenia era la condena de Bosnia.

domingo, 24 de agosto de 2008

Geología

La mayor atracción turística de Eslovenia son las Cuevas de Postojna, 25 kilómetros de galerías subterráneas de piedra caliza, cincelados por el río hace 14 millones de años. Pagas una entrada abusiva para recorrer 3 kilómetros en un tren subterráneo, y otros 2 a pie, y volver a salir en tren, que alcanza velocidades imprudentes y emocionantes. El conjunto es bastante espectacular. Las galerías se abren a grandes salones de piedra calcárea, de varios tonos de blanco: leche, hueso, grisáceo. M y yo nos hemos entretenido buscando imágenes para las innumerables estalactitas y estalagmitas, esbeltas o morcillonas, que nos salían al paso. Ella es mejor que yo para este tipo de intuiciones poéticas. Mira "una coliflor", mira "una medusa", mira "un enano", mira "un cirio derretido", "la torre de Babel". Yo soy más rebuscado; mis contribuciones eran más del tipo "mira, las orejas gachas de un elefante" o "un órgano de iglesia". Necesito de esta clase de trasvase de lenguajes, poner una cosa en nombre de otra, para entender lo que estoy mirando, o incluso lo que estoy escuchando. Una pareja de turistas españolas ha hecho en voz alta el comentario esperado, a saber, que lo que único que veían eran falos. Las estalactitas crecen, nos han dicho, un centímetro cada cien años, lo cual quiere decir que desde que los soldados austriacos ocupasen las cuevas han crecido 9 milímetros. Por debajo de nosotros, el río cabalga horadando con paciencia infinita nuevas galerías. Me asombra la absoluta indiferencia que los acontecimientos humanos despiertan en el tiempo. Lo que sucedía en la superficie mientras la estalactica proseguía su lentísimo viaje hacia el suelo era todo el siglo XX.

sábado, 23 de agosto de 2008

Algo de historia, II. Memoria Histórica

Si en alguna lugar de Europa la resistencia al nazismo fue real, feroz, y efectiva fue en los Balcanes. En 1941 se fundó en Liubliana el Frente de Liberación de la Nación Eslovena. Muy pronto el Partido Comunista tomó el control del movimiento. Las partisanos, comandados por Josef Brod, llamado Tito, consiguieron recuperar todo el territorio ocupado primero por Italia y despúes por Alemania, recobrando también Istria para Croacia y ganando incluso la misma Trieste en mayo de 1945. Fue una ocupación efímera y sanguinaria, cuarenta días durante los cuales el movimiento partisano comunista pasó por las armas a cientos de triestinos, fascistas o no, en estricta y brutal aplicación de Talión por los abusos cometidos por la Italia de Mussolini contra la minoría eslovena. En Eslovenia también se ajusticiaron a golpe de fusilazo a cuantos fueron encontrados sospechosos de colaboracionismo o de desafección al nuevo régimen. Los crímenes del Titismo fueron ocultados para preservar la imagen de la revolución, y hasta bien entrados los años 80 los veteranos de la lucha partisana conservaron privilegios, acceso a la propiedad de los bienes confiscados, y generosas pensiones. Se estima que 100,000 eslovenos fueron depurados en la primevera de 1945. Más tarde Tito adquirió aura de socialista respetable entre los países occidentales, por su precoz ruptura con Stalin y el mantenimiento de la estabilidad de la región. Hoy la apertura de fosas comunes, la anulación de juicios y la restitución de la propiedad incautada continúa siendo objeto de debate en Eslovenia. Es otra memoria histórica en un continente donde ya no cabe un solo recuerdo más.

viernes, 22 de agosto de 2008

El río, la Subida, la tormenta

11:00 am. Nos hemos levantado pronto para ir a hacer rafting en el valle del Socha, en plenos Alpes Julianos, muy cerca de la frontera italiana. El rafting es un deporte entusiásticamente llamado de aventura, si bien L recuerda que el río Socha no es el Zambeze. El día estaba nublado y el agua transparente, esmeralda o turquesa, porque la piedra caliza de la orilla se va disolviendo y la va limpiando. Éramos ocho con traje, chaleco y casco, pero el monitor se sobraba para manejar la balsa desde el timón, mientras alentaba con sus órdenes la ilusión de que nuestros fieros golpes de remo ayudaban en algo. Me ha sorprendido su íntimo conocimiento del río y de sus escollos. Con una gran economía de esfuerzos, aprovechando las leyes de la corriente, ha llevado la balsa con suavidad hasta el final del trayecto. Claro que es un recorrido fácil y cotidiano para él. Pero me ha parecido que en todo aquel despliegue de sencillez había lecciones para la vida de uno.

17:00 pm. Hemos comido hasta la gula en el mejor restaurante esloveno, que está en Italia. El menú constaba de ocho platos, y al tercero ya estábamos pecando. El sitio, entre Goritzia y Udine, se llamaba "La Subida", y también ofrecía un alojamiento rural muy apetecible. Lo único que se puede decir de la comida es que estaba buena. Ha sido nuestro postrer intento por comer verdaderamente bien, aunque fuese una vez, saborear algo verdaderamente sabroso o sorprendente, algo cabal y honesto, en Eslovenia. El lugar, en cambio, era maravilloso. Hemos conducido durante horas por carreteras regionales, ignotas y escondidas, apenas esbozadas en el mapa, entre viñedos, entrando y saliendo de dos países que hacen un sólo paisaje, de suaves dunas verdes, perdidos en algún lugar olvidado e irreal entre los Alpes y el Adriático.

22:00 pm. Durante el camino de vuelta a Bovec, a orillas del Socha, nos han caído muros de agua. La lluvia fuerte golpeaba el parabrisas dificultando la conducción. A medida que avanzábamos hacia los Alpes, el verde se volvía más fosco, las copas de los árboles más altas y los noche más oscura. Hemos pasado por el pueblo de Kobarid, más conocido para los aficionados a la historia bélica, como Caporetto, lugar de la más importante batalla de la I Guerra Mundial en el frente meridional, el menos contado. En octubre de 1917 una maniobra relámpado de las fuerzas austriacas y alemanas, descendiendo la montaña y atravesando el río, destrozaron las defensas italianas, y avanzaron sobre el llano padano. La historia me sonaba porque es la batalla que cuenta Hemingway en "Adiós a las armas", que es una novela que me gusta. La tormenta me ha trasladado al final de libro, donde hay una descripción de las filas de soldados italianos, cargando exhaustos con su equipo, demacrados y helados, arrastrando los pies en el barro bajo paredes de agua, bajando los valles, replegándose hacia el interior. Da qué pensar que no hace todavía 100 años de la I Guerra Mundial, acontecimiento fundacional del presente ¡Me ha trasladado, digo, como si nadie de mi generación pudiera imaginar lo que es estar en una trinchera entre cadáveres amontonados! En la paz es inconcebible la guerra, como en la guerra lo es la paz, la salud en la enfermedad y la enfermedad si uno está sano. Pero hace 90 años, que no son muchos, esa es una guerra a la que yo hubiera ido.

jueves, 21 de agosto de 2008

Eslovenia va primera

Hoy ha entrado un breve de prensa que merece ser reproducido aquí enteramente:

STA020 4 st 0000 AN
OLYMPICS/RESULTS
BEIJING GAMES: Slovenia Leads en In Medal per Capita=

Beijing, 18 August (STA) - Slovenia may be far away from competing with China and the US in the overall medal count at the Beijing Olympics, but four medals won through Sunday have placed it at the top of the medals per capita competition, with one medal per every 501,927 Slovenians.

Slovenia has won a noticeable array of medals so far - one judo (Lucija Polavder), one swimming (Sara Isakovic), one shooting (Rajmond Debevec) and one field (Primoz Kozmus), wrote the online edition of the Los Angeles Times, which keeps a tab on the per capita medal tally.

The gold medal won on Sunday by hammer thrower Kozmus dethroned from the top the Armenians, who have managed to get five medals out of 2,968,586 people in predominantly power sports - weightlifting (three medals) and wrestling (two)

The top 10 nations in medals per capita (until Sunday):

1 Slovenia (4) - one medal per every 501,927
2 Armenia (5) - 593,717
3 Jamaica (4) - 701,083
4 Australia (29) - 710,374
5 New Zealand (5) - 834,692
6 Belarus (10) - 968,576
7 Trinidad & Tobago (1) - 1,047,366
8 Norway (4) - 1,161,114
9 Estonia (1) - 1,307,605
10 Slovakia (4) - 1,311,187
(konec)zm/sm
STA020 2008-8-18/15:22
181522 AUG 2008

martes, 19 de agosto de 2008

Aliteraciones

Mira el mapa otra vez. Pronuncia estas palabras: Trieste, Istria, Dalmacia. El Adriático produce este tipo de aliteraciones. Is-tria. Vine aquí por esos nombres, todos ellos desdoblados en varias toponimias nacionales. Son regiones dignas de las imaginarias cortes de Shakespeare (o de D'Annunzio). Antes de leer nada de su historia, tan sólo cartografiando el territorio con la mirada, pasando mis dedos sobre el atlas, ya sabía que algo terrible y fascinante había ocurrido en esos lugares, y que quería verlo. Qué fabulosa concentración de historia: por esa parte del mapa pasaron colonias de mercaderes, imperios antiguos y modernos, hordas y poetas, repúblicas y reinos, dictaduras, naciones, etnias. Todas ellas, sin excepción, dejaron recuerdos de violencia. La costa dálmata lo prueba, tan dolorida y magullada. Trieste, con sus fosas y su lager. Istria, de vocación incierta, y desgarrada. Sus edificios valdrían para explicar el arte de todas las épocas de Europa. En Porec, el anfiteatro romano. En Pula, el templo bizantino. En Trogir, las portadas románicas. En Robinj el gótico veneciano. En Sibelik el renacimiento (y la piedra caliza que es el blanco más hermoso del mundo). En Trieste, el neoclasicismo vienés. En Opatija, la belle epoque. En todas partes, desperdigados, los horrores arquitectónicos del siglo XX. Y en todas partes, llenando todos los recovecos y callejuelas, invadiendo las plazas y naves, los turistas, borrando con pisadas de sandalias las huellas de la historia rebosante. Y yo deletreando otra vez, descomponiendo esos fonemas vibrantes, al pasar las páginas del libro.