martes, 26 de agosto de 2008
K
Durante mi estancia aquí no he hecho ningún amigo o conocido esloveno. Me han entrado prisas por remediar este baldón, y he buscado entre mis papeles el número de una diplomática eslovena, K, creo que de mi edad más o menos, que me había proporcionado una amiga en Madrid. Nos hemos citado en la terraza OX, que por la noche está llena de chulos y meretrices, y por la tarde sirven meriendas. He llegado, me ha visto ella antes que yo a ella, y salvo unos horribles zapatos rosa y el hecho de llevar uñas pintadas (siempre me ha parecido una afectación innecesaria) su aspecto resultaba agradable. Hemos hablado un buen rato. Le pregunto por la situación en Eslovenia, por el actual gobierno, y por las elecciones que vienen, por la manera de ingresar en el cuerpo diplomático esloveno, por las relaciones con Croacia, con Italia, con Austria. Bah, todo me aburre, dice, ahora me voy a Malta ha hacer un máster en derecho marítimo. Sólo se anima para criticar al Ministro de Asuntos Exteriores, Sr. Rupel. Que me lo quiten si quieren que continúe. Tímidamente le pregunto por la independencia de Yugoslavia y me mira como si le estuviera hablando de historia antigua. La conversación se desmorona, trato de apuntalarla: ¿Cuál es el gran asunto de la diplomacia eslovena? pregunto. No hay, responde. Aterrado por mi escaso talento para el small talk, le hago unas cuentas recomendaciones para hacer turismo en España y apuro la segunda cerveza. Me pregunta que si estoy en facebook, un foro en Internet muy popular. Pero no estoy.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario