martes, 19 de agosto de 2008
Aliteraciones
Mira el mapa otra vez. Pronuncia estas palabras: Trieste, Istria, Dalmacia. El Adriático produce este tipo de aliteraciones. Is-tria. Vine aquí por esos nombres, todos ellos desdoblados en varias toponimias nacionales. Son regiones dignas de las imaginarias cortes de Shakespeare (o de D'Annunzio). Antes de leer nada de su historia, tan sólo cartografiando el territorio con la mirada, pasando mis dedos sobre el atlas, ya sabía que algo terrible y fascinante había ocurrido en esos lugares, y que quería verlo. Qué fabulosa concentración de historia: por esa parte del mapa pasaron colonias de mercaderes, imperios antiguos y modernos, hordas y poetas, repúblicas y reinos, dictaduras, naciones, etnias. Todas ellas, sin excepción, dejaron recuerdos de violencia. La costa dálmata lo prueba, tan dolorida y magullada. Trieste, con sus fosas y su lager. Istria, de vocación incierta, y desgarrada. Sus edificios valdrían para explicar el arte de todas las épocas de Europa. En Porec, el anfiteatro romano. En Pula, el templo bizantino. En Trogir, las portadas románicas. En Robinj el gótico veneciano. En Sibelik el renacimiento (y la piedra caliza que es el blanco más hermoso del mundo). En Trieste, el neoclasicismo vienés. En Opatija, la belle epoque. En todas partes, desperdigados, los horrores arquitectónicos del siglo XX. Y en todas partes, llenando todos los recovecos y callejuelas, invadiendo las plazas y naves, los turistas, borrando con pisadas de sandalias las huellas de la historia rebosante. Y yo deletreando otra vez, descomponiendo esos fonemas vibrantes, al pasar las páginas del libro.
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1 comentario:
Amigo JuanCla;
LLevo 7 semanas leyendo tu magnífica prosa adriática y te felicito. Desde la exhuberancia ecuatorial se agradece la entonación de la Europa decadente en la que te encuentras.
Lástima que no logres insertar fotos. Espero que puedas enseñarlas en una de las mesas de Rufino.
Marco P.
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