lunes, 18 de agosto de 2008

Opatia

La ciudad de Opatia, en Istria, invita a todo tipo de nostalgias imperiales. Ayer sans-souci de la nobleza húngara, hoy capital de la carne floja y la teta recauchutada. Se entra circulando por una gran paseo marítimo, una avenida de palmeras, plátanos de sombra, y buganvillas. A un lado y a otro, hoteles y casinos de blancas fachadas, balcones balaustrados y remates modernistas, todo muy belle-époque. El engaño se deshace abruptamente. Los edificios amenazan ruina y las playas están atestadas de puestos de buhonería. El neón pintarrajea las fachadas y la música que sale de los locales a todo tronar es pura sevicia. El más ínfimo turismo de masas es aquí, por el contraste con el escenario aristocratizante, un espectáculo grosero y divertido. Nosotros habíamos reservado habitación en el Palace Belvedere, pensando que iba a ser el alojamiento noble de nuestro viaje. Ayer por la noche, comprobamos que, a pesar de su aspecto majestuoso, el hotel se llamaba, en realidad, "Palace" (así, entre comillas). Lo que debió de ser en tiempos un vestíbulo agradable es un hoy un espacio semiselvático, y los que probablemente fueron unos lujosos ascensores son hoy una cochambre de montacargas. De cada habitación de antaño han salido, sin disimulo, tres o cuatro. Al menos contamos con un gran balcón con vistas a la bahía. Al fondo se ve Rijeka (Fiume para los italianos) y debajo la barahúnda. En la acera de enfrente del hotel se ubica el paseo de la fama de Crocia: doce estrellas en las baldosas entre cuyos nombres he reconocido a algún deportista (aunque no a Davor Suker, el gran delantero de fútbol). En el desayuno, esta mañana, estaba bebiendo un hórrido café en polvo, que era el único que había. Al ver nuestras muecas de dolor un camarero con porte de boxeador, rapado y con perilla se ha acercado con cuidado de no ser visto por los otros huéspedes, con dos tazas humeantes y ha susurrado: "Here, you want the real coffee, don´t tell". Con todo, mis ataques de esnobismo son fingidos: todo este cutrerío me parece muy interesante.

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