sábado, 23 de agosto de 2008

Algo de historia, II. Memoria Histórica

Si en alguna lugar de Europa la resistencia al nazismo fue real, feroz, y efectiva fue en los Balcanes. En 1941 se fundó en Liubliana el Frente de Liberación de la Nación Eslovena. Muy pronto el Partido Comunista tomó el control del movimiento. Las partisanos, comandados por Josef Brod, llamado Tito, consiguieron recuperar todo el territorio ocupado primero por Italia y despúes por Alemania, recobrando también Istria para Croacia y ganando incluso la misma Trieste en mayo de 1945. Fue una ocupación efímera y sanguinaria, cuarenta días durante los cuales el movimiento partisano comunista pasó por las armas a cientos de triestinos, fascistas o no, en estricta y brutal aplicación de Talión por los abusos cometidos por la Italia de Mussolini contra la minoría eslovena. En Eslovenia también se ajusticiaron a golpe de fusilazo a cuantos fueron encontrados sospechosos de colaboracionismo o de desafección al nuevo régimen. Los crímenes del Titismo fueron ocultados para preservar la imagen de la revolución, y hasta bien entrados los años 80 los veteranos de la lucha partisana conservaron privilegios, acceso a la propiedad de los bienes confiscados, y generosas pensiones. Se estima que 100,000 eslovenos fueron depurados en la primevera de 1945. Más tarde Tito adquirió aura de socialista respetable entre los países occidentales, por su precoz ruptura con Stalin y el mantenimiento de la estabilidad de la región. Hoy la apertura de fosas comunes, la anulación de juicios y la restitución de la propiedad incautada continúa siendo objeto de debate en Eslovenia. Es otra memoria histórica en un continente donde ya no cabe un solo recuerdo más.

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