viernes, 8 de agosto de 2008
Tatiana, my love
Tatiana es mi casera. En algo debe de superar los sesenta años. Es una mujer enérgica, con inequívoco aspecto de astróloga o echadora de cartas. Su pelo rizado y estropajoso rodea como un nimbo eléctrico su cabeza. Lleva el rostro, que aguanta bien las arrugas de la edad, pintado o pintarrajeado, con mucha sombra de ojos bajo sus ojos azules. Viste siempre túnica y abalorios. Esta casada con Bruno, que sin duda le va a la zaga a su esposa en cuanto a personalidad. Cuando me invitó a firmar el contrato a su piso me presentó a su hija postadolescente, que estaba retozando con su novio en el salón. Me llama "Amor", o más literalmente "My love". Si me la encuentro siempre me dice "My love, my love, how wonderful you are". Ahora que M ha venido Tatiana me ha dicho que ya que "my woman" está aquí, podría hacer ella el "cleaning" y así no le paga a la muchacha bosnia que viene un par de veces por semana a casa. Da igual porque me escamotea el servicio en cuanto puede. Me pregunto de dónde habrá sacado Tatiana el dinero para tener medio inmueble en el centro histórico de Liubliana, a pocos números del Ayuntamiento. Son varios pisos, demasiados metros cuadrados para un matrimonio con una hija más el novio. Me malicio que hizo negocio con el cambio de régimen. Los cambios de régimen son tiempos propicios a la picaresca, al oportunismo, y en última instancia, al pillaje. Tengo que sonsacarle. Tienen otra casa en la playa, en Piran. También me pregunto cómo demonios ha ido acumulado tantas "antiques", que es como ella llama a los trastos de variada índole que hermosean su casa. Está como loca buscando un nuevo inquilino para cuando yo me vaya. La vieja Tatiana, un poco estafadora, sí, pero buena mujer.
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