sábado, 9 de agosto de 2008

Karadjik

La historia del pasado siglo demostró que cualquier pueblo, sea cual fuere el grado de refinamiento alcanzado por su cultura, puede degenerar en horda si es convenientemente aleccionado por un caudillo ayudado de algún cura o poeta de prestigio. También en las guerras de los Balcanes encontramos a los poetas en labores de zapa ideológica, horadando las sucesivas capas de cultura que impiden que un pueblo vuelva a su estadio de barbarie. Solo entonces puede el líder vuelto caudillo perpetrar operaciones de limpieza étnica que, en su fuero interno, el grueso de la población ya ha perdonado, u acaso oscuramente las desea. Desgana de cultura lo llamó Freud. Este contubernio de poetas y generales es lo que Zizec denomina el complejo poético-militar . Todo esto viene a cuento de la detención del criminal de guerra Radovan Karadjik, fugado criminal de guerra y laureado poeta de la Yugoslavia de Milósevic. Dice Zizec:

"La referencia a una identificación étnica apasionada, en vez de contenernos, sirve de llamamiento liberador: "¡Podéis!". Podéis infringir las estrictas normas de la convivencia pacífica en una sociedad tolerante y liberal, podéis beber y comer lo que queráis, asumir costumbres patriarcales que la corrección política liberal prohíbe, incluso odiar, luchar, matar y violar... Sin reconocer plenamente este efecto pseudoliberador del nacionalismo actual, estamos condenados a no poder comprender su verdadera dinámica"

Un poco más abajo:

"Para evitar creer que el complejo poético-militar es una especialidad de los Balcanes, habría que mencionar por lo menos a Hassan Ngeze, el Karadzic de Ruanda, que, en su periódico Kangura, difundía de forma sistemática el odio contra los tutsis y hacía llamamientos al genocidio. Y es demasiado facilón despreciar a Karadzic y compañía y decir que son malos poetas: otras naciones ex yugoslavas (y la propia Serbia) tuvieron poetas y escritores reconocidos como "grandes" y "auténticos" que también se involucraron de lleno en proyectos nacionalistas. ¿Y qué decir del austriaco Peter Handke, un clásico de la literatura contemporánea europea, que asistió de forma muy sentida al funeral de Slobodan Milosevic?"

Zizec recuerda que Platón expulsó a los poetas de su ciudad. Ciertamente, pero si lo hizo fue por imperativo teórico: los artistas duplican una realidad que ya de por sí es copia del mundo de las ideas: el arte es copia de un copia, y en suma confusión y pérdida de tiempo. En este razonamiento late una intuición que a veces me he formulado así: en el origen de toda violencia, personal, estatal o facciosa, hay un desprendimiento de la realidad, y eso, alejarse de lo real, es precisamente lo que hace la literatura. En cierto sentido se puede decir que el nacionalismo es una herejía de la literatura. Es ella, y no la razón como quería Nietszche, "esa vieja hembra embaucadora".

"Probablemente esta sea la única guerra de la historia planeada y dirigida por escritores" (Marko Vesovic, citado por Isabel Núñez en Si un arbol cae).

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