jueves, 7 de agosto de 2008

Como es verano

Como es verano, todos los días me tomo un helado. El helado tiene mucha tradición en Eslovenia, como en Italia y Croacia. Por la calle ves muchos carritos. Las bolas aquí son más cremosas que en España, donde el helado se sirve compacto y macizo. Como el chocolate. E, el encargado de cifra, me ha dicho que es una industria del carrito está controlada por la mafia kosovar ¡Ya querrían esta mafia en Italia! Me he fijado esta tarde y no he encontrado en el rostro del tendero ningún rasgo que delatara su procedencia. Me pregunto a menudo qué es eslavo, desde el punto de vista del aspecto. Algún aspecto tendrá que tener. En principio el eslavo tiene los ojos algo más achinados que el caucásico, o sea, nosotros, y la cara algo más ovalada, el pelo rubio y por lo que veo las piernas más largas y bonitas. Tiene también un oído finísimo que le permite aprender lenguas con facilidad. Pero espera, el kosovar no es eslavo, es albanés. Bueno, no sé. Yo sigo merendando en la terraza de una cafetería por encima del río. Llevo un par de libros. Leo unas docenas de páginas, descanso la cabeza y vuelvo a leer. El bullicio silencioso y ordenado que caracteriza el centro de Liubliana continúa. El público es eminentemente joven. Leer sentado en una terraza en verano es un ritual de hombres felices y puede que yo lo sea en este mismo instante. Es el primer verano que paso íntegramente fuera de España. Es también el primero de muchos que paso tranquilo, despreocupado, con el ánimo enderezado. Los últimos veranos han sido difíciles. Las horas de luz se estiraban, inclementes. Largas y lentas horas de luz. Ahora no, y se me hace extraño. He tenido suerte. Incipit vita nova.

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