domingo, 24 de agosto de 2008
Geología
La mayor atracción turística de Eslovenia son las Cuevas de Postojna, 25 kilómetros de galerías subterráneas de piedra caliza, cincelados por el río hace 14 millones de años. Pagas una entrada abusiva para recorrer 3 kilómetros en un tren subterráneo, y otros 2 a pie, y volver a salir en tren, que alcanza velocidades imprudentes y emocionantes. El conjunto es bastante espectacular. Las galerías se abren a grandes salones de piedra calcárea, de varios tonos de blanco: leche, hueso, grisáceo. M y yo nos hemos entretenido buscando imágenes para las innumerables estalactitas y estalagmitas, esbeltas o morcillonas, que nos salían al paso. Ella es mejor que yo para este tipo de intuiciones poéticas. Mira "una coliflor", mira "una medusa", mira "un enano", mira "un cirio derretido", "la torre de Babel". Yo soy más rebuscado; mis contribuciones eran más del tipo "mira, las orejas gachas de un elefante" o "un órgano de iglesia". Necesito de esta clase de trasvase de lenguajes, poner una cosa en nombre de otra, para entender lo que estoy mirando, o incluso lo que estoy escuchando. Una pareja de turistas españolas ha hecho en voz alta el comentario esperado, a saber, que lo que único que veían eran falos. Las estalactitas crecen, nos han dicho, un centímetro cada cien años, lo cual quiere decir que desde que los soldados austriacos ocupasen las cuevas han crecido 9 milímetros. Por debajo de nosotros, el río cabalga horadando con paciencia infinita nuevas galerías. Me asombra la absoluta indiferencia que los acontecimientos humanos despiertan en el tiempo. Lo que sucedía en la superficie mientras la estalactica proseguía su lentísimo viaje hacia el suelo era todo el siglo XX.
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