miércoles, 13 de agosto de 2008

Proxenos

Mi misión consiste en ocuparme de los asuntos de los españoles en Eslovenia. Son en su mayoría turistas necesitados de algún papel para poder seguir viajando. He tramitado, en lo que llevo aquí, una docena de pasaportes provisionales. También me llegan objetos perdidos que nos remite la policía eslovena; entonces mi tarea es tratar de devolver la documentación perdida a sus titulares. A veces llaman españoles quejándose de la imposición de una multa de circulación (un nuevo sistema de peaje está dando lugar a muchos abusos) y tengo que trasladar la reclamación a las autoridades. Forma parte así mismo del oficio responder a consultas planteadas por correo electrónico, que suelen provenir de empresas eslovenas que quieren instalarse en España. Hace poco asistí a L en la redacción de un poder y a J en la inscripción de un nacimiento (todavía soy novicio y no puedo hacer casi nada por mí mismo). Ahora mismo estamos estudiando la tramitación de un matrimonio que pudiera ser de conveniencia; es un asunto grave. Y hace apenas dos días que nos ocupamos de la muerte de un español que hacía senderismo con su familia. Me gusta el trabajo. Me gusta el trabajo consular (como contrapuesto al trabajo diplomático, que son las labores meramente políticas). Son tareas redondas, intímas y tangibles. Las haces y quedan hechas, hay que hacerlas. A menudo pequeñeces, pero pequeñeces perfectamente útiles, lejos de la frívola gran política. El Estado existe para que estas pequeñeces se hagan y se hagan bien. Me gusta cuando me llaman al despacho para decirme que hay alguien en ventanilla esperando. Cojo el cuaderno, me coloco el nudo de la corbata, y trato de hacer bien el trabajo.


"Los viajes de Heródoto no habrían sido posibles si hubiese sido por la figura del proxenos, es decir, del amigo del huésped, una institución al uso en aquellos tiempos. Era una especie de cónsul. Por voluntad propia o por encargo remunerado, su misión consistía en ocuparse de los viajeros llegados de aquella polis de la que él mismo era originario. Perfectamente integrado y relacionado en su nuevo lugar de residencia, se ocupaba de su conciudadano recién llegado, ayudándole a resolver un sinfín de asuntos, proporcionándole fuentes de información y facilitándole los contactos. Era muy singular el papel del proxenos en aquel extraordinario mundo en que los dioses no sólo moraban entre los mortales, sino que a menudo no se distinguían de ellos. La hospitalidad sincera era de obligado cumplimiento, pues nunca se sabía si el caminante que pedía yantar y techo era un hombre o un dios que había adoptado la apariencia humana"

"Viajes con Herodoto"
Ryszard Kapuscinsky

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