martes, 12 de agosto de 2008
Corazón
Esta mañana al cruzar la puerta, B, la amable recepcionista, me ha hecho señales con el teléfono en la mano. Una voz española, con voz serena, cansada y débil, me ha dado noticia de la muerte de un español durante una marcha por el monte, la tarde del domingo, en compañía de su esposa, el hermano de ésta y su mujer, que era la persona al teléfono. Hacían senderismo en las montañas que abrazan el bellísimo lago Bohinj, cerca de Bled. Concluida casi ya la etapa, vuelta hacia la caravana, bajando por una senda en apariencia sencilla, el marido y dos veces cuñado, que cerraba la fila, se resbaló en silencio por el lado de la pendiente. Un helicóptero lo rescató y trasladó a un hospital al que ya llegó muerto. Ahora llamaban para saber qué debían hacer y qué podían esperar de su Embajada. Una muerte de un ciudadano español en el extranjero entra dentro de lo que se conoce como “emergencia consular” en el oficio. Era mi primera emergencia consular. El protocolo es claro: acoger a los familiares en la Embajada, ofrecer cuanto puedan necesitar, y ocuparse de todas las formalidades (informarse de la existencia de un seguro, controlar que el cuerpo llega al depósito de cadáveres, organizar la repatriación de éste o su incineración si tal es el deseo, centralizar la información a la prensa, y facilitar el regreso de los familiares). Todo eso hemos hecho, y creo que diligentemente. La autopsia ha revelado que el fallecido tenía un defecto cardíaco oculto que ha provocado un repentino desfallecimiento, que ha provocado la caída. Lo uno sin lo otro no hubiera bastado para producir la muerte. Uno nunca cuenta con que su corazón vaya a dejar de latir. Pero pasa: sístole, diástole, sístole, nada. Pasan cosas constantemente con las que no contamos, incluso en Eslovenia. La viuda vuela camino de vuelta. Sus familiares vuelven por carretera. Yo vuelvo a casa circunspecto y satisfecho. Pocas veces puede uno terminar su jornada sabiendo tajantemente que ha hecho alfo que importa, que es importante, y que lo ha hecho bien, o al menos, ha sido útil.
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