domingo, 17 de agosto de 2008

Lady West

Un hombre es asesinado en Marsella y una mujer emprende un viaje a los Balcanes. El martes 9 de abril de 1934 un pistolero, nacionalista búlgaro, dispara al Rey Alejandro I de Yugoslavia mientras es conducido por las calles de Marsella. La cabeza inerte del monarca, sangrando y vencida muerta sobre el asiento de su coche descubierto recuerda hoy poderosamente el asesinato de Kennedy en Dallas. Es el primer magnicidio retransmitido en los noticieros de todo el mundo. Esta tarde lo he visto en Internet. En Londres, una mujer, ociosa, brillante, y convaleciente de una cirugía, ve la noticia. Siente en ese momento una premonición del cataclismo avecinándose. Entiende, más quizá que muchos de de sus contemporáneos, que Sarajevo se ha repetido en Marsella. Obliga a su marido a tomarse unas vacaciones y se pone camino de Yugoslavia "para ver lo que significa la historia en carne y hueso", De su viaje resulta "Cordero gris y halcón negro", que ahora leo en ese estado de excitación y sobresalto que los libros extraordinarios produce en el lector ¡Qué magnífica ingesta de palabras y qué decepción comprobar que Eslovenia no aparece en el índice! Por fortuna el libro está bien nutrido de observaciones sobre Croacia. Voy feliz por la calle con este libro de 1150 páginas en su edición de bolsillo. Arqueología, folclore, leyenda, historia, política, psicología, religión, gente. Picoteo aquí y allá en función de lo que tenga delante. M aprovecha para insistir en mi natural, espontánea preferencia, que encuentra entre idiota y graciosa, por leer antes que por ver. Le leo en voz alta los mejores párrafos en el trasbordador que nos lleva a Split, en la mesa del restaurante, por la noche en el hotel. Lo soporta con estoicismo, así es de buena M. Tan perfecta es la compenetración entre la letra impresa y la realidad que la inspira que decido no leer más que las partes dedicadas a Croacia, Istria y Dalmacia, dejado para futuras incursiones los demás capítulos. Leo acerca de los desvelos de Diocleciano por restaurar el orden en Roma exangüe; un poco más allá encuentro un excurso brillante sobre la permanencia de sectas maniqueas en Trogir; se llama mi atención sobre las singularidades de la rquitectura bizantina; se me explica cómo la costa dálmata fue despeluchada por los venecianos para construir navios y los miles de pilones que sostienen la ciudad; admiro el excelente gobierno del ilustrado Mariscal Marmont durante la fase napoleónica de la región (ay, también del Rey José, pienso); asisto a una vehemente conversación en el café entre un croata y un serbio sobre la necesidad de la existencia de Yugoslavia. Sutil, irónica, e intuitiva, precisa, erudita y contundente, así es la escritura de la señora West. Un libro perfecto, bello, redondo, de esos que inspiran un gran sentimiento de gratitud. Baste aquí citar el comienzo del primer párrafo del libro, retador:

"Querido, ya sé que te he causado muchas molestias haciéndote tomas las vacaciones ahora, y que a ti no te apetecía nada este viaje a Yugoslavia. Pero tan pronto estemos allí comprenderás por es tan importante este viaje y por qué debemos hacerlo ahora..."

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