Liubliana - Turín - Turín - Avignon - Gerona/Barcelona-Madrid
viernes, 29 de agosto de 2008
jueves, 28 de agosto de 2008
Sobre la inconveniencia de hacer maletas
Soy muy perezoso. Séneca dice que la tristeza no es más y casi siempre que pereza pero en mi caso creo que es al revés. Mi noviciado en Liubliana se termina y por delante queda apenas la ímproba tarea de hacer las maletas, que esta vez serán muchas. Siempre es penoso hacer maletas. Requiere diligencia, meticulosidad y disposición. Conviene hacerlas bien, porque hacer bien las cosas siempre es más divertido. Doblar bien un pantalón, por ejemplo, produce un moderado sentimiento de aprobación. Pero marchar, en general, es algo difícil. Uno empieza a irse mucho antes de marcharse. Hay un lento y confuso cambio de paradigma, una realidad que se va transfigurando febrilmente. Aflora la contradicción pura de querer ir y desear permanecer al mismo tiempo, que es la tensión en la que nos movemos a menudo los animales humanos. Me quiero ir, me quiero quedar; vuelvo a casa, ya estoy en casa. Cualquier rincón del mundo es bueno para soñar, dijo Julio Camba. El viaje de vuelta también será largo, en varias etapas. Viajar cansa, y a última hora siempre parece que nos quedasen tantas cosas por hacer. A veces imagino un día en que todos los viajes ya estén hechos, como todos los libros leídos. Los libros, viajo siempre con demasiados libros. Empeño ridículo de hacer de sherpa. Es inevitable ponerse un poco triste. Es improbable que vuelva pronto a Liubliana; de hecho es posible que no tenga que regresar nunca. Me llevo buen recuerdo. Hacer maletas, ya digo, puede ser deprimente. Pero esta vez, no. Porque hacer maletas en compañía es como no hacerlas, porque no te mueves de donde quieres estar.
miércoles, 27 de agosto de 2008
Spleen de Liubliana
Lady M y yo hemos dado el último paseo por la calle del río. La ciudad y sus terrazas permanecen en su anodino alboroto, que el regreso de los estudiantes para el nuevo curso apenas tonifica. Desde uno de los tres puentes la estampa que presenta la ciudad, en este atardecer, con sus mohínos sauces cayendo sobre las aguas, y sus fachadas rosas de cartón piedra, es el del papel pintado de una ópera que podría ser La Bohéme. Las mesas en las calle están repletas de comensales, pero como dice M ni la comida huele en Liubliana. Esta ciudad es un muermo. Podría haberme tirado aquí cincuenta años más y no habría ocurrido nada, y todavía estoy joven para desear tal grado de ataraxia. Eslovenia es un Estado viable y serio, funcional, pero tiene hechuras de provincia. Es lo más parecido quizá, a vivir en un rincón tranquilo del Imperio Austro-húngaro, circa 1900, llevando un sosegada existencia de provincias antes del fin del mundo. Puro mundo de ayer. Lo echaré de menos, pienso, cuando me envuelva la violenta alegría de Madrid. Querré volver, quizá, a esta ciudad sin ángel, porque he sido feliz aquí, y porque poca gente podría señalar este país en el mapa. Me he iniciado en el oficio y me ha gustado. Me llevo pocos nombres anotados, y el comienzo de una amistad que espero duradera. He buscado souvenirs, y al final el único que he guardado en la maleta es un pasaporte de un país que ya no existe.
martes, 26 de agosto de 2008
K
Durante mi estancia aquí no he hecho ningún amigo o conocido esloveno. Me han entrado prisas por remediar este baldón, y he buscado entre mis papeles el número de una diplomática eslovena, K, creo que de mi edad más o menos, que me había proporcionado una amiga en Madrid. Nos hemos citado en la terraza OX, que por la noche está llena de chulos y meretrices, y por la tarde sirven meriendas. He llegado, me ha visto ella antes que yo a ella, y salvo unos horribles zapatos rosa y el hecho de llevar uñas pintadas (siempre me ha parecido una afectación innecesaria) su aspecto resultaba agradable. Hemos hablado un buen rato. Le pregunto por la situación en Eslovenia, por el actual gobierno, y por las elecciones que vienen, por la manera de ingresar en el cuerpo diplomático esloveno, por las relaciones con Croacia, con Italia, con Austria. Bah, todo me aburre, dice, ahora me voy a Malta ha hacer un máster en derecho marítimo. Sólo se anima para criticar al Ministro de Asuntos Exteriores, Sr. Rupel. Que me lo quiten si quieren que continúe. Tímidamente le pregunto por la independencia de Yugoslavia y me mira como si le estuviera hablando de historia antigua. La conversación se desmorona, trato de apuntalarla: ¿Cuál es el gran asunto de la diplomacia eslovena? pregunto. No hay, responde. Aterrado por mi escaso talento para el small talk, le hago unas cuentas recomendaciones para hacer turismo en España y apuro la segunda cerveza. Me pregunta que si estoy en facebook, un foro en Internet muy popular. Pero no estoy.
lunes, 25 de agosto de 2008
Algo de historia, III. Eslovenia y Yugoslavia
Los libros de historia que he ojeado despachan la independencia de Eslovenia de Yugoslavia en pocas páginas. Es comprensible. Eslovenia era un pequeño país, con una población desprovista de la complejidad étnica de Croacia y Serbia, potencialmente próspero y geográficamente contiguo a Europa occidental. Su desprendimiento de Yugoslavia, carente de dramatismo, puede parecer inevitable y hasta en alguna medida anecdótico. Sin embargo, en cierto sentido esta pequeña provincia del fenecido Imperio Austro-Húngaro era la clave del sistema. Lo explica el inteligente Misha Glenny en su gran crónica The Fall of Yugoslavia. Este penetrante pasaje muestra la importancia simbólica de Eslovenia en el entramado eslavo: "Una vez los mandos de ejército federal capitularon ante las demandas de Eslovenia era difícil justificar una guerra con Croacia en nombre de Yugoslavia. La guerra había perdido su carácter yugoslavo para asumir un fuerte carácer Serbo-Croata. Esto afectó enormemente a muchos oficiales del Ejército Popular Yugoslavo, que creían en el mantenimiento de la integridad de un Estado yugoslavo pero les perturbaba la idea de estar luchando por un Estado balcánico dominado por Serbia" Ahí esta: desaparecida la posibilidad de un Estado multinacional lo que quedaba era el mero enfrentamiento entre etnias. La separación de Eslovenia era la condena de Bosnia.
domingo, 24 de agosto de 2008
Geología
La mayor atracción turística de Eslovenia son las Cuevas de Postojna, 25 kilómetros de galerías subterráneas de piedra caliza, cincelados por el río hace 14 millones de años. Pagas una entrada abusiva para recorrer 3 kilómetros en un tren subterráneo, y otros 2 a pie, y volver a salir en tren, que alcanza velocidades imprudentes y emocionantes. El conjunto es bastante espectacular. Las galerías se abren a grandes salones de piedra calcárea, de varios tonos de blanco: leche, hueso, grisáceo. M y yo nos hemos entretenido buscando imágenes para las innumerables estalactitas y estalagmitas, esbeltas o morcillonas, que nos salían al paso. Ella es mejor que yo para este tipo de intuiciones poéticas. Mira "una coliflor", mira "una medusa", mira "un enano", mira "un cirio derretido", "la torre de Babel". Yo soy más rebuscado; mis contribuciones eran más del tipo "mira, las orejas gachas de un elefante" o "un órgano de iglesia". Necesito de esta clase de trasvase de lenguajes, poner una cosa en nombre de otra, para entender lo que estoy mirando, o incluso lo que estoy escuchando. Una pareja de turistas españolas ha hecho en voz alta el comentario esperado, a saber, que lo que único que veían eran falos. Las estalactitas crecen, nos han dicho, un centímetro cada cien años, lo cual quiere decir que desde que los soldados austriacos ocupasen las cuevas han crecido 9 milímetros. Por debajo de nosotros, el río cabalga horadando con paciencia infinita nuevas galerías. Me asombra la absoluta indiferencia que los acontecimientos humanos despiertan en el tiempo. Lo que sucedía en la superficie mientras la estalactica proseguía su lentísimo viaje hacia el suelo era todo el siglo XX.
sábado, 23 de agosto de 2008
Algo de historia, II. Memoria Histórica
Si en alguna lugar de Europa la resistencia al nazismo fue real, feroz, y efectiva fue en los Balcanes. En 1941 se fundó en Liubliana el Frente de Liberación de la Nación Eslovena. Muy pronto el Partido Comunista tomó el control del movimiento. Las partisanos, comandados por Josef Brod, llamado Tito, consiguieron recuperar todo el territorio ocupado primero por Italia y despúes por Alemania, recobrando también Istria para Croacia y ganando incluso la misma Trieste en mayo de 1945. Fue una ocupación efímera y sanguinaria, cuarenta días durante los cuales el movimiento partisano comunista pasó por las armas a cientos de triestinos, fascistas o no, en estricta y brutal aplicación de Talión por los abusos cometidos por la Italia de Mussolini contra la minoría eslovena. En Eslovenia también se ajusticiaron a golpe de fusilazo a cuantos fueron encontrados sospechosos de colaboracionismo o de desafección al nuevo régimen. Los crímenes del Titismo fueron ocultados para preservar la imagen de la revolución, y hasta bien entrados los años 80 los veteranos de la lucha partisana conservaron privilegios, acceso a la propiedad de los bienes confiscados, y generosas pensiones. Se estima que 100,000 eslovenos fueron depurados en la primevera de 1945. Más tarde Tito adquirió aura de socialista respetable entre los países occidentales, por su precoz ruptura con Stalin y el mantenimiento de la estabilidad de la región. Hoy la apertura de fosas comunes, la anulación de juicios y la restitución de la propiedad incautada continúa siendo objeto de debate en Eslovenia. Es otra memoria histórica en un continente donde ya no cabe un solo recuerdo más.
viernes, 22 de agosto de 2008
El río, la Subida, la tormenta
11:00 am. Nos hemos levantado pronto para ir a hacer rafting en el valle del Socha, en plenos Alpes Julianos, muy cerca de la frontera italiana. El rafting es un deporte entusiásticamente llamado de aventura, si bien L recuerda que el río Socha no es el Zambeze. El día estaba nublado y el agua transparente, esmeralda o turquesa, porque la piedra caliza de la orilla se va disolviendo y la va limpiando. Éramos ocho con traje, chaleco y casco, pero el monitor se sobraba para manejar la balsa desde el timón, mientras alentaba con sus órdenes la ilusión de que nuestros fieros golpes de remo ayudaban en algo. Me ha sorprendido su íntimo conocimiento del río y de sus escollos. Con una gran economía de esfuerzos, aprovechando las leyes de la corriente, ha llevado la balsa con suavidad hasta el final del trayecto. Claro que es un recorrido fácil y cotidiano para él. Pero me ha parecido que en todo aquel despliegue de sencillez había lecciones para la vida de uno.
17:00 pm. Hemos comido hasta la gula en el mejor restaurante esloveno, que está en Italia. El menú constaba de ocho platos, y al tercero ya estábamos pecando. El sitio, entre Goritzia y Udine, se llamaba "La Subida", y también ofrecía un alojamiento rural muy apetecible. Lo único que se puede decir de la comida es que estaba buena. Ha sido nuestro postrer intento por comer verdaderamente bien, aunque fuese una vez, saborear algo verdaderamente sabroso o sorprendente, algo cabal y honesto, en Eslovenia. El lugar, en cambio, era maravilloso. Hemos conducido durante horas por carreteras regionales, ignotas y escondidas, apenas esbozadas en el mapa, entre viñedos, entrando y saliendo de dos países que hacen un sólo paisaje, de suaves dunas verdes, perdidos en algún lugar olvidado e irreal entre los Alpes y el Adriático.
22:00 pm. Durante el camino de vuelta a Bovec, a orillas del Socha, nos han caído muros de agua. La lluvia fuerte golpeaba el parabrisas dificultando la conducción. A medida que avanzábamos hacia los Alpes, el verde se volvía más fosco, las copas de los árboles más altas y los noche más oscura. Hemos pasado por el pueblo de Kobarid, más conocido para los aficionados a la historia bélica, como Caporetto, lugar de la más importante batalla de la I Guerra Mundial en el frente meridional, el menos contado. En octubre de 1917 una maniobra relámpado de las fuerzas austriacas y alemanas, descendiendo la montaña y atravesando el río, destrozaron las defensas italianas, y avanzaron sobre el llano padano. La historia me sonaba porque es la batalla que cuenta Hemingway en "Adiós a las armas", que es una novela que me gusta. La tormenta me ha trasladado al final de libro, donde hay una descripción de las filas de soldados italianos, cargando exhaustos con su equipo, demacrados y helados, arrastrando los pies en el barro bajo paredes de agua, bajando los valles, replegándose hacia el interior. Da qué pensar que no hace todavía 100 años de la I Guerra Mundial, acontecimiento fundacional del presente ¡Me ha trasladado, digo, como si nadie de mi generación pudiera imaginar lo que es estar en una trinchera entre cadáveres amontonados! En la paz es inconcebible la guerra, como en la guerra lo es la paz, la salud en la enfermedad y la enfermedad si uno está sano. Pero hace 90 años, que no son muchos, esa es una guerra a la que yo hubiera ido.
17:00 pm. Hemos comido hasta la gula en el mejor restaurante esloveno, que está en Italia. El menú constaba de ocho platos, y al tercero ya estábamos pecando. El sitio, entre Goritzia y Udine, se llamaba "La Subida", y también ofrecía un alojamiento rural muy apetecible. Lo único que se puede decir de la comida es que estaba buena. Ha sido nuestro postrer intento por comer verdaderamente bien, aunque fuese una vez, saborear algo verdaderamente sabroso o sorprendente, algo cabal y honesto, en Eslovenia. El lugar, en cambio, era maravilloso. Hemos conducido durante horas por carreteras regionales, ignotas y escondidas, apenas esbozadas en el mapa, entre viñedos, entrando y saliendo de dos países que hacen un sólo paisaje, de suaves dunas verdes, perdidos en algún lugar olvidado e irreal entre los Alpes y el Adriático.
22:00 pm. Durante el camino de vuelta a Bovec, a orillas del Socha, nos han caído muros de agua. La lluvia fuerte golpeaba el parabrisas dificultando la conducción. A medida que avanzábamos hacia los Alpes, el verde se volvía más fosco, las copas de los árboles más altas y los noche más oscura. Hemos pasado por el pueblo de Kobarid, más conocido para los aficionados a la historia bélica, como Caporetto, lugar de la más importante batalla de la I Guerra Mundial en el frente meridional, el menos contado. En octubre de 1917 una maniobra relámpado de las fuerzas austriacas y alemanas, descendiendo la montaña y atravesando el río, destrozaron las defensas italianas, y avanzaron sobre el llano padano. La historia me sonaba porque es la batalla que cuenta Hemingway en "Adiós a las armas", que es una novela que me gusta. La tormenta me ha trasladado al final de libro, donde hay una descripción de las filas de soldados italianos, cargando exhaustos con su equipo, demacrados y helados, arrastrando los pies en el barro bajo paredes de agua, bajando los valles, replegándose hacia el interior. Da qué pensar que no hace todavía 100 años de la I Guerra Mundial, acontecimiento fundacional del presente ¡Me ha trasladado, digo, como si nadie de mi generación pudiera imaginar lo que es estar en una trinchera entre cadáveres amontonados! En la paz es inconcebible la guerra, como en la guerra lo es la paz, la salud en la enfermedad y la enfermedad si uno está sano. Pero hace 90 años, que no son muchos, esa es una guerra a la que yo hubiera ido.
jueves, 21 de agosto de 2008
Eslovenia va primera
Hoy ha entrado un breve de prensa que merece ser reproducido aquí enteramente:
STA020 4 st 0000 AN
OLYMPICS/RESULTS
BEIJING GAMES: Slovenia Leads en In Medal per Capita=
Beijing, 18 August (STA) - Slovenia may be far away from competing with China and the US in the overall medal count at the Beijing Olympics, but four medals won through Sunday have placed it at the top of the medals per capita competition, with one medal per every 501,927 Slovenians.
Slovenia has won a noticeable array of medals so far - one judo (Lucija Polavder), one swimming (Sara Isakovic), one shooting (Rajmond Debevec) and one field (Primoz Kozmus), wrote the online edition of the Los Angeles Times, which keeps a tab on the per capita medal tally.
The gold medal won on Sunday by hammer thrower Kozmus dethroned from the top the Armenians, who have managed to get five medals out of 2,968,586 people in predominantly power sports - weightlifting (three medals) and wrestling (two)
The top 10 nations in medals per capita (until Sunday):
1 Slovenia (4) - one medal per every 501,927
2 Armenia (5) - 593,717
3 Jamaica (4) - 701,083
4 Australia (29) - 710,374
5 New Zealand (5) - 834,692
6 Belarus (10) - 968,576
7 Trinidad & Tobago (1) - 1,047,366
8 Norway (4) - 1,161,114
9 Estonia (1) - 1,307,605
10 Slovakia (4) - 1,311,187
(konec)zm/sm
STA020 2008-8-18/15:22
181522 AUG 2008
martes, 19 de agosto de 2008
Aliteraciones
Mira el mapa otra vez. Pronuncia estas palabras: Trieste, Istria, Dalmacia. El Adriático produce este tipo de aliteraciones. Is-tria. Vine aquí por esos nombres, todos ellos desdoblados en varias toponimias nacionales. Son regiones dignas de las imaginarias cortes de Shakespeare (o de D'Annunzio). Antes de leer nada de su historia, tan sólo cartografiando el territorio con la mirada, pasando mis dedos sobre el atlas, ya sabía que algo terrible y fascinante había ocurrido en esos lugares, y que quería verlo. Qué fabulosa concentración de historia: por esa parte del mapa pasaron colonias de mercaderes, imperios antiguos y modernos, hordas y poetas, repúblicas y reinos, dictaduras, naciones, etnias. Todas ellas, sin excepción, dejaron recuerdos de violencia. La costa dálmata lo prueba, tan dolorida y magullada. Trieste, con sus fosas y su lager. Istria, de vocación incierta, y desgarrada. Sus edificios valdrían para explicar el arte de todas las épocas de Europa. En Porec, el anfiteatro romano. En Pula, el templo bizantino. En Trogir, las portadas románicas. En Robinj el gótico veneciano. En Sibelik el renacimiento (y la piedra caliza que es el blanco más hermoso del mundo). En Trieste, el neoclasicismo vienés. En Opatija, la belle epoque. En todas partes, desperdigados, los horrores arquitectónicos del siglo XX. Y en todas partes, llenando todos los recovecos y callejuelas, invadiendo las plazas y naves, los turistas, borrando con pisadas de sandalias las huellas de la historia rebosante. Y yo deletreando otra vez, descomponiendo esos fonemas vibrantes, al pasar las páginas del libro.
lunes, 18 de agosto de 2008
Opatia
La ciudad de Opatia, en Istria, invita a todo tipo de nostalgias imperiales. Ayer sans-souci de la nobleza húngara, hoy capital de la carne floja y la teta recauchutada. Se entra circulando por una gran paseo marítimo, una avenida de palmeras, plátanos de sombra, y buganvillas. A un lado y a otro, hoteles y casinos de blancas fachadas, balcones balaustrados y remates modernistas, todo muy belle-époque. El engaño se deshace abruptamente. Los edificios amenazan ruina y las playas están atestadas de puestos de buhonería. El neón pintarrajea las fachadas y la música que sale de los locales a todo tronar es pura sevicia. El más ínfimo turismo de masas es aquí, por el contraste con el escenario aristocratizante, un espectáculo grosero y divertido. Nosotros habíamos reservado habitación en el Palace Belvedere, pensando que iba a ser el alojamiento noble de nuestro viaje. Ayer por la noche, comprobamos que, a pesar de su aspecto majestuoso, el hotel se llamaba, en realidad, "Palace" (así, entre comillas). Lo que debió de ser en tiempos un vestíbulo agradable es un hoy un espacio semiselvático, y los que probablemente fueron unos lujosos ascensores son hoy una cochambre de montacargas. De cada habitación de antaño han salido, sin disimulo, tres o cuatro. Al menos contamos con un gran balcón con vistas a la bahía. Al fondo se ve Rijeka (Fiume para los italianos) y debajo la barahúnda. En la acera de enfrente del hotel se ubica el paseo de la fama de Crocia: doce estrellas en las baldosas entre cuyos nombres he reconocido a algún deportista (aunque no a Davor Suker, el gran delantero de fútbol). En el desayuno, esta mañana, estaba bebiendo un hórrido café en polvo, que era el único que había. Al ver nuestras muecas de dolor un camarero con porte de boxeador, rapado y con perilla se ha acercado con cuidado de no ser visto por los otros huéspedes, con dos tazas humeantes y ha susurrado: "Here, you want the real coffee, don´t tell". Con todo, mis ataques de esnobismo son fingidos: todo este cutrerío me parece muy interesante.
domingo, 17 de agosto de 2008
Dalmacia
Mirada en un mapa, Croacia tiene forma de colmillo, guadaña o bumerán. Es una forma fantástica, que sugiere la historia del país. Nuestra ruta hoy nos lleva por la costa dálmata, que una gran ofensiva promocional presenta como un lugar idílico. Por eso la sorpresa es mayor al descubrir un paisaje duro, triste y exigente. Hace ya unas horas que salimos de Trogir, camino de Istria. Avanzamos por una carretera llena de meandros, que ingresa en el mar y retrocede una vez y otra. La primera sensación es casi de malestar. En el lado del continente el carso se precipita hacia la costa. La tierra es arrastrada por la lluvia hacia el mar, impidiendo que sedimente y el cultivo. Algunas encinas y pinos resbalan entre canchales por la ladera. Es un paisaje desértico, lunar, endurecido por el tiempo y despeluchado por el viento. Poco a poco vamos destilando su extraña belleza. Ya es tarde. El atardecer da un color naranja, terroso o malva a la piedra. Desde el coche, las largas penetraciones de la costa en el horizonte parecen el pico de un gran cocodrilo, que emergiese de un letargo bajo el barro, o quizá el cuello estirado de una tortuga. Del otro lado se suceden largas islas como enormes jirones arrancados a la costa. No hay playas. Apenas algunos muelles en pueblos recónditos (un campanario ruinoso, un faro pequeñito) donde la gente del lugar se baña en las muy saladas aguas del Adriático. Proliferan a lo largo del camino pequeños letreros ofreciendo habitación a turistas improbables en sitios imposibles, feos chalés encaramados a la piedra, lejos de las grandes urbes. El sol se va poniendo, la piedra se hace púrpura, el mar se extiende como una hoja de acero. Sí, es un lugar idílico.
Lady West
Un hombre es asesinado en Marsella y una mujer emprende un viaje a los Balcanes. El martes 9 de abril de 1934 un pistolero, nacionalista búlgaro, dispara al Rey Alejandro I de Yugoslavia mientras es conducido por las calles de Marsella. La cabeza inerte del monarca, sangrando y vencida muerta sobre el asiento de su coche descubierto recuerda hoy poderosamente el asesinato de Kennedy en Dallas. Es el primer magnicidio retransmitido en los noticieros de todo el mundo. Esta tarde lo he visto en Internet. En Londres, una mujer, ociosa, brillante, y convaleciente de una cirugía, ve la noticia. Siente en ese momento una premonición del cataclismo avecinándose. Entiende, más quizá que muchos de de sus contemporáneos, que Sarajevo se ha repetido en Marsella. Obliga a su marido a tomarse unas vacaciones y se pone camino de Yugoslavia "para ver lo que significa la historia en carne y hueso", De su viaje resulta "Cordero gris y halcón negro", que ahora leo en ese estado de excitación y sobresalto que los libros extraordinarios produce en el lector ¡Qué magnífica ingesta de palabras y qué decepción comprobar que Eslovenia no aparece en el índice! Por fortuna el libro está bien nutrido de observaciones sobre Croacia. Voy feliz por la calle con este libro de 1150 páginas en su edición de bolsillo. Arqueología, folclore, leyenda, historia, política, psicología, religión, gente. Picoteo aquí y allá en función de lo que tenga delante. M aprovecha para insistir en mi natural, espontánea preferencia, que encuentra entre idiota y graciosa, por leer antes que por ver. Le leo en voz alta los mejores párrafos en el trasbordador que nos lleva a Split, en la mesa del restaurante, por la noche en el hotel. Lo soporta con estoicismo, así es de buena M. Tan perfecta es la compenetración entre la letra impresa y la realidad que la inspira que decido no leer más que las partes dedicadas a Croacia, Istria y Dalmacia, dejado para futuras incursiones los demás capítulos. Leo acerca de los desvelos de Diocleciano por restaurar el orden en Roma exangüe; un poco más allá encuentro un excurso brillante sobre la permanencia de sectas maniqueas en Trogir; se llama mi atención sobre las singularidades de la rquitectura bizantina; se me explica cómo la costa dálmata fue despeluchada por los venecianos para construir navios y los miles de pilones que sostienen la ciudad; admiro el excelente gobierno del ilustrado Mariscal Marmont durante la fase napoleónica de la región (ay, también del Rey José, pienso); asisto a una vehemente conversación en el café entre un croata y un serbio sobre la necesidad de la existencia de Yugoslavia. Sutil, irónica, e intuitiva, precisa, erudita y contundente, así es la escritura de la señora West. Un libro perfecto, bello, redondo, de esos que inspiran un gran sentimiento de gratitud. Baste aquí citar el comienzo del primer párrafo del libro, retador:
"Querido, ya sé que te he causado muchas molestias haciéndote tomas las vacaciones ahora, y que a ti no te apetecía nada este viaje a Yugoslavia. Pero tan pronto estemos allí comprenderás por es tan importante este viaje y por qué debemos hacerlo ahora..."
"Querido, ya sé que te he causado muchas molestias haciéndote tomas las vacaciones ahora, y que a ti no te apetecía nada este viaje a Yugoslavia. Pero tan pronto estemos allí comprenderás por es tan importante este viaje y por qué debemos hacerlo ahora..."
sábado, 16 de agosto de 2008
A qué llamamos Balcanes
Este viaje por Croacia me permite hacerme de nuevo la pregunta: ¿A qué llamamos Balcanes? que en general los aludidos interpretan por ¿Dónde termina Occidente? Es un término equívoco, porque Balcanes, que significa "montañas" en turco, es la cordillera que nace en el Mar muerto y se creía moría en el Adriático, pero en realidad termina a mitad de Serbia. Por supuesto en Eslovenia no quieren saber nada del término: "¿Balcanes, nosotros? ¡Qué va! Nosotros somos austro-húngaros, mitteleuropa pata negra, ¡la jungla empieza en Croacia!" Los croatas dicen "¿Balcanes, nosotros? ¡No! Nosotros somos un país centroeuropeo y mediterráneo, la frontera de occidente, los últimos católicos ¡Miren nuestra catedral!" A lo que los serbios responden "No, no. Nosotros somos el último país cristiano, bastión histórico contra los turcos. ¡Más allá del Danubio, el Islam!" Después viene Macedonia, que cargada de razó, exclama "¡Alejandro!"A los griegos no se les pide explicaciones (a pesar de que el griego moderno tiene más de bandolero turco que de filófosofo en el ágora) A los albaneses nadie les pregunta. Del debate sobre el carácter europeo de Turquía no me extiendo. El último en la cola sería Israel, al que veremos pronto solicitar la adhesión a la Unión Europea. En realidad todos vienen a hacer lo mismo: clavar la estaca y decir "a partir de aquí los bárbaros" Y así la geografía se hizo ideología.
viernes, 15 de agosto de 2008
Las guerras entre nosotros
En la mayoría de reportajes sobre las guerras en los Balcanes hay un momento en que el portavoz de una familia, el abuelo o la madre, el rostro arrugado y quemado por el sol, recortados contra el fondo de una casa en ruinas, en un verde valle, dice a la cámara "antes todos vivíamos tranquilos; teníamos los mismos nombres, cantábamos las mismas canciones, comprábamos en el mismo mercado". Este testimonio, suponiendo que muchas abuelos y muchas madres piensen lo mismo, cuestiona la interpretación histórica dominante en el imaginario popular y en el departamento académico de la implosión yugoslava. Es la tesis determinista, que asume que las diferencias étnicas eran tan rotundas, tan milenarias, los odios entre pueblos tan enquistados, que pretender obligar a convivir a grupos tan disímiles dentro de un mismo Estado era algo imposible, y la desintegración sanguinaria de este Estado algo inexorable e infalible. Otra tesis, individualista, defiende que en realidad son las decisiones de hombres concretos, fanáticos, mediocres, y enloquecidos, que una coyuntura desgraciada aúpa al poder, los que determinan el resultado de la historia: son ellos los que traducen vagos sentimientos de animadversión en un programa político de separación o de exterminio. Los partidarios de esta tesis, minoritaria, creen que las cosas pudieron haber sido distintas, de haber sidos otros los hombres encaramados al mando. Los deterministas presumen que hay instintos tribales que ningún estadista puede embridar por mucho tiempo. Los individualistas tienen una idea más luminosa del ser humano. Yo pienso una cosa u otra según el humor del día. Pero cabe hacerse la siguiente reflexión: si un día España se desmembrase, o se descuartizase, en varios territorios aislados e independientes, ¿cuántos historiadores futuros no se encontrarían tentados se despachar la historia exagerando o inventando odios, enemistades y aborrecimientos seculares entre gallegos, castellanos, catalanes o vascos? Quizá dirían, como hoy decimos de los Balcanes, "estos se odiaban tanto que era inevitable". Pero no sería cierto.
jueves, 14 de agosto de 2008
Noche en Zagreb
En la página 135 de la guía Lonely Planet "Western Balkans" se puede leer: Croatia, famous for: neckties, war, Tito. Toma ya. Con estas simples presentaciones uno cruza la frontera camino de Zagreb, a dos horas apenas por autopista. A la vera de las avenidas vemos parques industriales, almacenes y hoteles de paso que calman un soterrado anhelo de metrópoli. Zagreb: "una ciutat que té l'element primitiu i espontani soterrat sota una aparença sòlida de vida occidental" en palabras de Pla (¿cuándo diantres estuvo por aquí Pla?, me pregunto) Llegamos de atardecida y cuando salimos del hotel ya es de noche. J nos espera en una plaza muy agradable y concurrida que recuerda grandemente a la Puerta del Sol. También en ella hay una estatua ecuestre de un héroe nacional, Ben Jelacic, general cuya espada apunta en dirección de Budapest, en recuerdo de la batalla en qué los croatas derrotaron a los húngaros en 1848 ¡en defensa de la dinastía austríaca! Damos un paseo y nos paramos a ver la catedral de San Esteban, que recortada contra la noche adquiere un color amarillo anaranjado muy bonito. El templo es la prueba que la ciudad esgrime en defensa de su europeidad. Aquí son exageradamente católicos -nos comenta J- para distanciarse de los serbios. Por lo demás son iguales, hablan el mismo idioma, pertenecen al mismo grupo étnico y reciben los mismos nombres. Tal es la obsesión que en la constitución croata se deja bien claro que Croacia es un país centroeuropeo y mediterráneo. Es como si la constitución española dijese que España está en Europa. Ahora que Serbia entrega a sus últimos criminales de guerra temen que acabe entrando al mismo tiempo que ellos en la Unión Europea. Subiendo por la colina llegamos a un restaurante con vistas sobre la ciudad, su zona vieja pero también los mastodontes comunistas y sus barrios periféricos. El camararo nos atiende en un buen español "aprendido en las telenovelas". Cenamos un cerdo delicioso. Las exportaciones porcinas al Imperio Austro-húngaro, he leído en la voluminosa historia de los Balcanes que me acompaña, son el origen de muchas fortunas particulares, si es que han sobrevivido, e incluso de dinastías eslavas, que bien es sabido, no lo hicieron. Disfrutamos tanto de la conversación, la noche es tan suave, las hechuras del paseo tan medidas, que decidimos salir temprano de la ciudad y mantener de Zagreb el mero recuerdo de esa noche de verano. "Una noche de cerdo tierno y luna llena", dice M con su acostumbrada e inconsciente vena poética.
miércoles, 13 de agosto de 2008
Proxenos
Mi misión consiste en ocuparme de los asuntos de los españoles en Eslovenia. Son en su mayoría turistas necesitados de algún papel para poder seguir viajando. He tramitado, en lo que llevo aquí, una docena de pasaportes provisionales. También me llegan objetos perdidos que nos remite la policía eslovena; entonces mi tarea es tratar de devolver la documentación perdida a sus titulares. A veces llaman españoles quejándose de la imposición de una multa de circulación (un nuevo sistema de peaje está dando lugar a muchos abusos) y tengo que trasladar la reclamación a las autoridades. Forma parte así mismo del oficio responder a consultas planteadas por correo electrónico, que suelen provenir de empresas eslovenas que quieren instalarse en España. Hace poco asistí a L en la redacción de un poder y a J en la inscripción de un nacimiento (todavía soy novicio y no puedo hacer casi nada por mí mismo). Ahora mismo estamos estudiando la tramitación de un matrimonio que pudiera ser de conveniencia; es un asunto grave. Y hace apenas dos días que nos ocupamos de la muerte de un español que hacía senderismo con su familia. Me gusta el trabajo. Me gusta el trabajo consular (como contrapuesto al trabajo diplomático, que son las labores meramente políticas). Son tareas redondas, intímas y tangibles. Las haces y quedan hechas, hay que hacerlas. A menudo pequeñeces, pero pequeñeces perfectamente útiles, lejos de la frívola gran política. El Estado existe para que estas pequeñeces se hagan y se hagan bien. Me gusta cuando me llaman al despacho para decirme que hay alguien en ventanilla esperando. Cojo el cuaderno, me coloco el nudo de la corbata, y trato de hacer bien el trabajo.
"Los viajes de Heródoto no habrían sido posibles si hubiese sido por la figura del proxenos, es decir, del amigo del huésped, una institución al uso en aquellos tiempos. Era una especie de cónsul. Por voluntad propia o por encargo remunerado, su misión consistía en ocuparse de los viajeros llegados de aquella polis de la que él mismo era originario. Perfectamente integrado y relacionado en su nuevo lugar de residencia, se ocupaba de su conciudadano recién llegado, ayudándole a resolver un sinfín de asuntos, proporcionándole fuentes de información y facilitándole los contactos. Era muy singular el papel del proxenos en aquel extraordinario mundo en que los dioses no sólo moraban entre los mortales, sino que a menudo no se distinguían de ellos. La hospitalidad sincera era de obligado cumplimiento, pues nunca se sabía si el caminante que pedía yantar y techo era un hombre o un dios que había adoptado la apariencia humana"
"Viajes con Herodoto"
Ryszard Kapuscinsky
"Los viajes de Heródoto no habrían sido posibles si hubiese sido por la figura del proxenos, es decir, del amigo del huésped, una institución al uso en aquellos tiempos. Era una especie de cónsul. Por voluntad propia o por encargo remunerado, su misión consistía en ocuparse de los viajeros llegados de aquella polis de la que él mismo era originario. Perfectamente integrado y relacionado en su nuevo lugar de residencia, se ocupaba de su conciudadano recién llegado, ayudándole a resolver un sinfín de asuntos, proporcionándole fuentes de información y facilitándole los contactos. Era muy singular el papel del proxenos en aquel extraordinario mundo en que los dioses no sólo moraban entre los mortales, sino que a menudo no se distinguían de ellos. La hospitalidad sincera era de obligado cumplimiento, pues nunca se sabía si el caminante que pedía yantar y techo era un hombre o un dios que había adoptado la apariencia humana"
"Viajes con Herodoto"
Ryszard Kapuscinsky
martes, 12 de agosto de 2008
Corazón
Esta mañana al cruzar la puerta, B, la amable recepcionista, me ha hecho señales con el teléfono en la mano. Una voz española, con voz serena, cansada y débil, me ha dado noticia de la muerte de un español durante una marcha por el monte, la tarde del domingo, en compañía de su esposa, el hermano de ésta y su mujer, que era la persona al teléfono. Hacían senderismo en las montañas que abrazan el bellísimo lago Bohinj, cerca de Bled. Concluida casi ya la etapa, vuelta hacia la caravana, bajando por una senda en apariencia sencilla, el marido y dos veces cuñado, que cerraba la fila, se resbaló en silencio por el lado de la pendiente. Un helicóptero lo rescató y trasladó a un hospital al que ya llegó muerto. Ahora llamaban para saber qué debían hacer y qué podían esperar de su Embajada. Una muerte de un ciudadano español en el extranjero entra dentro de lo que se conoce como “emergencia consular” en el oficio. Era mi primera emergencia consular. El protocolo es claro: acoger a los familiares en la Embajada, ofrecer cuanto puedan necesitar, y ocuparse de todas las formalidades (informarse de la existencia de un seguro, controlar que el cuerpo llega al depósito de cadáveres, organizar la repatriación de éste o su incineración si tal es el deseo, centralizar la información a la prensa, y facilitar el regreso de los familiares). Todo eso hemos hecho, y creo que diligentemente. La autopsia ha revelado que el fallecido tenía un defecto cardíaco oculto que ha provocado un repentino desfallecimiento, que ha provocado la caída. Lo uno sin lo otro no hubiera bastado para producir la muerte. Uno nunca cuenta con que su corazón vaya a dejar de latir. Pero pasa: sístole, diástole, sístole, nada. Pasan cosas constantemente con las que no contamos, incluso en Eslovenia. La viuda vuela camino de vuelta. Sus familiares vuelven por carretera. Yo vuelvo a casa circunspecto y satisfecho. Pocas veces puede uno terminar su jornada sabiendo tajantemente que ha hecho alfo que importa, que es importante, y que lo ha hecho bien, o al menos, ha sido útil.
lunes, 11 de agosto de 2008
Sobre un detective belga
Observo que alguien ha traducido al esloveno todas las novelas de Agatha Christie, que llenan los escaparates de las librerías. Siento envidia del chaval que vaya a leerlas por vez primera. Ninguna experiencia lectora -ninguna- me ha producido tanto placer como la lectura casi consecutiva de sus cuarenta novelas, cuando niño. Luego pienso en el tema del idioma. A veces me pregunto qué se siente cuando tu lengua materna es hablada por apenas dos millones de personas y nadie tiene el menor deseo de aprenderla si no es por improbables imperativos prácticos. Mi condición y mi circunstancia me hacen reflexionar a menudo sobre la convivencia entre lenguas. Vengo de un país donde la gente acostumbra a hablar de su lengua como si fuese un ser querido: es un engorro. Si los eslovenos se consideran a sí mismos nación es por la lengua (por más que se parezca tanto al serbo-croata. (Todo nacionalismo es en esencia nacionalismo lingüístico. Por mi parte, además de mi querencia por ciertas palabras, por los jugueteos sonoros del idioma, soy poco dado a los sentimentalismos lingüísticos: mi lengua no es mi identidad. El castellano no es la lengua que tengo en el corazón, sino la que tengo a mano (a veces barrunto la posibilidad de forzarme a escribir en otra). Pero precisamente porque el español es la tercera lengua más hablada del planeta, debo intentar ponerme en el punto de vista de los otros. He encontrado en mi despacho un libro interesante: Fragments from Slovene Literature: An anthology. Hay un artículo de Drago Jancar, el escritor más famoso del país, que viene como de molde para hablar de esto: To Write in the Language of a Small Nation. Es grato el tono relajado con que encara el asunto. Hay una parte divertida donde se burla de los escritores de su generación que escriben pensando en cómo van a ser traducidos. El esloveno posiblemente desaparezca en una centuria, dice, como también lo hará el alemán. Yo no lo creo; no creo en los quejidos de los sepultureros de las lenguas; no, no creo que el esloveno, el alemán o el catalán vayan a desaparecer pronto. Cuando suceda no pasará nada. En ningún sitio está escrito que a la Humanidad le vaya a ir peor con cincuenta lenguas que con seis mil. El griego antiguo ya no se habla, pero la cultura que vivificó nos sigue hablando. Nunca se ha traducido tanto como ahora o más gente ha tenido acceso a un educación plurilingüe. Me aburren los sepultureros de las lenguas. Las lenguas son mortales; el papel se deshace; los libros se desencuadernan; buena parte de toda literatura sera al fin olvidada; pero ninguno de nosotros estará aquí para lamentarlo, porque también somos mortales. Agatha Christie es también mortal. Hercules Poirot, algo menos.
domingo, 10 de agosto de 2008
Multicontraculti
El Barco de Colegas (friend-ship) atraca este fin de semana en Liubliana. Prometieron venir a verme y han cumplido, ¡siete nada menos! Hemos cenado en la acostumbrada pizzeria unas pizzas de tamaño familar grandes como un rueda de bicicleta. Había abundancia de cosas que contar, empezando por su viaje en el Vanesa por las costas de Croacia. La mayoría de anecdótas giraban en torno al capitán del velero, Slatko, conocido por los amigos como Braguitas, que no se cambió de camiseta ni de braga náutica en toda la travesía, que la única vez que se duchó fue sin retirar el cigarrillo de su boca, y que a falta de pata de palo tenía un sólo diente. Luego hemos salido a tomar algo y bailar, los que podían, con metas galantes. Me había enterado de tres o cuatro sitios: uno, el Panorama, regentado por bosnios, resultó estar cerrado. Otro, el As, atestado de eslovenos brazudos y rapados y rubias esculpidas en cera, era sencillamente irrespirable. Al final, después de sufrir algunas bajas, y alejándonos del centro, hemos ido a parar a una fábrica abandonada. Ningún letrero indicaba el nombre del local, pero un pequeño cartel tenía escrito "Multicontraculti party" y un flecha roja señalando el interior. Después de atravesar varios jardines semiselváticos hemos llegado a un especie de bodega donde un pollo con rastas hasta las rodillas pichaba una música. Claramente era un local ilegal regentado por okupas. Unos okupas muy burgueses, todo sea dicho, que nos han cobrado cuatro euros por entrar. La música en cuestión era balkanic-reaggaeton, y yo acostumbro odiar el reggae. Pero no estaba mal. A eso de las cuatro me he marchado a dormir. Los demás se han quedado. La calle estaba limpia de lluvia, la noche clara, la ciudad en silencio. Volver a casa solo, en la tranquilidad de la madrugada alta, ligeramente aturdido, prolongando ociosamente la vigilia, ese es siembre el mejor momento de cualquier juerga. Al menos de mis mejores juergas, que ya no tocan, y menos mal.
sábado, 9 de agosto de 2008
Karadjik
La historia del pasado siglo demostró que cualquier pueblo, sea cual fuere el grado de refinamiento alcanzado por su cultura, puede degenerar en horda si es convenientemente aleccionado por un caudillo ayudado de algún cura o poeta de prestigio. También en las guerras de los Balcanes encontramos a los poetas en labores de zapa ideológica, horadando las sucesivas capas de cultura que impiden que un pueblo vuelva a su estadio de barbarie. Solo entonces puede el líder vuelto caudillo perpetrar operaciones de limpieza étnica que, en su fuero interno, el grueso de la población ya ha perdonado, u acaso oscuramente las desea. Desgana de cultura lo llamó Freud. Este contubernio de poetas y generales es lo que Zizec denomina el complejo poético-militar . Todo esto viene a cuento de la detención del criminal de guerra Radovan Karadjik, fugado criminal de guerra y laureado poeta de la Yugoslavia de Milósevic. Dice Zizec:
"La referencia a una identificación étnica apasionada, en vez de contenernos, sirve de llamamiento liberador: "¡Podéis!". Podéis infringir las estrictas normas de la convivencia pacífica en una sociedad tolerante y liberal, podéis beber y comer lo que queráis, asumir costumbres patriarcales que la corrección política liberal prohíbe, incluso odiar, luchar, matar y violar... Sin reconocer plenamente este efecto pseudoliberador del nacionalismo actual, estamos condenados a no poder comprender su verdadera dinámica"
Un poco más abajo:
"Para evitar creer que el complejo poético-militar es una especialidad de los Balcanes, habría que mencionar por lo menos a Hassan Ngeze, el Karadzic de Ruanda, que, en su periódico Kangura, difundía de forma sistemática el odio contra los tutsis y hacía llamamientos al genocidio. Y es demasiado facilón despreciar a Karadzic y compañía y decir que son malos poetas: otras naciones ex yugoslavas (y la propia Serbia) tuvieron poetas y escritores reconocidos como "grandes" y "auténticos" que también se involucraron de lleno en proyectos nacionalistas. ¿Y qué decir del austriaco Peter Handke, un clásico de la literatura contemporánea europea, que asistió de forma muy sentida al funeral de Slobodan Milosevic?"
Zizec recuerda que Platón expulsó a los poetas de su ciudad. Ciertamente, pero si lo hizo fue por imperativo teórico: los artistas duplican una realidad que ya de por sí es copia del mundo de las ideas: el arte es copia de un copia, y en suma confusión y pérdida de tiempo. En este razonamiento late una intuición que a veces me he formulado así: en el origen de toda violencia, personal, estatal o facciosa, hay un desprendimiento de la realidad, y eso, alejarse de lo real, es precisamente lo que hace la literatura. En cierto sentido se puede decir que el nacionalismo es una herejía de la literatura. Es ella, y no la razón como quería Nietszche, "esa vieja hembra embaucadora".
"Probablemente esta sea la única guerra de la historia planeada y dirigida por escritores" (Marko Vesovic, citado por Isabel Núñez en Si un arbol cae).
"La referencia a una identificación étnica apasionada, en vez de contenernos, sirve de llamamiento liberador: "¡Podéis!". Podéis infringir las estrictas normas de la convivencia pacífica en una sociedad tolerante y liberal, podéis beber y comer lo que queráis, asumir costumbres patriarcales que la corrección política liberal prohíbe, incluso odiar, luchar, matar y violar... Sin reconocer plenamente este efecto pseudoliberador del nacionalismo actual, estamos condenados a no poder comprender su verdadera dinámica"
Un poco más abajo:
"Para evitar creer que el complejo poético-militar es una especialidad de los Balcanes, habría que mencionar por lo menos a Hassan Ngeze, el Karadzic de Ruanda, que, en su periódico Kangura, difundía de forma sistemática el odio contra los tutsis y hacía llamamientos al genocidio. Y es demasiado facilón despreciar a Karadzic y compañía y decir que son malos poetas: otras naciones ex yugoslavas (y la propia Serbia) tuvieron poetas y escritores reconocidos como "grandes" y "auténticos" que también se involucraron de lleno en proyectos nacionalistas. ¿Y qué decir del austriaco Peter Handke, un clásico de la literatura contemporánea europea, que asistió de forma muy sentida al funeral de Slobodan Milosevic?"
Zizec recuerda que Platón expulsó a los poetas de su ciudad. Ciertamente, pero si lo hizo fue por imperativo teórico: los artistas duplican una realidad que ya de por sí es copia del mundo de las ideas: el arte es copia de un copia, y en suma confusión y pérdida de tiempo. En este razonamiento late una intuición que a veces me he formulado así: en el origen de toda violencia, personal, estatal o facciosa, hay un desprendimiento de la realidad, y eso, alejarse de lo real, es precisamente lo que hace la literatura. En cierto sentido se puede decir que el nacionalismo es una herejía de la literatura. Es ella, y no la razón como quería Nietszche, "esa vieja hembra embaucadora".
"Probablemente esta sea la única guerra de la historia planeada y dirigida por escritores" (Marko Vesovic, citado por Isabel Núñez en Si un arbol cae).
viernes, 8 de agosto de 2008
Tatiana, my love
Tatiana es mi casera. En algo debe de superar los sesenta años. Es una mujer enérgica, con inequívoco aspecto de astróloga o echadora de cartas. Su pelo rizado y estropajoso rodea como un nimbo eléctrico su cabeza. Lleva el rostro, que aguanta bien las arrugas de la edad, pintado o pintarrajeado, con mucha sombra de ojos bajo sus ojos azules. Viste siempre túnica y abalorios. Esta casada con Bruno, que sin duda le va a la zaga a su esposa en cuanto a personalidad. Cuando me invitó a firmar el contrato a su piso me presentó a su hija postadolescente, que estaba retozando con su novio en el salón. Me llama "Amor", o más literalmente "My love". Si me la encuentro siempre me dice "My love, my love, how wonderful you are". Ahora que M ha venido Tatiana me ha dicho que ya que "my woman" está aquí, podría hacer ella el "cleaning" y así no le paga a la muchacha bosnia que viene un par de veces por semana a casa. Da igual porque me escamotea el servicio en cuanto puede. Me pregunto de dónde habrá sacado Tatiana el dinero para tener medio inmueble en el centro histórico de Liubliana, a pocos números del Ayuntamiento. Son varios pisos, demasiados metros cuadrados para un matrimonio con una hija más el novio. Me malicio que hizo negocio con el cambio de régimen. Los cambios de régimen son tiempos propicios a la picaresca, al oportunismo, y en última instancia, al pillaje. Tengo que sonsacarle. Tienen otra casa en la playa, en Piran. También me pregunto cómo demonios ha ido acumulado tantas "antiques", que es como ella llama a los trastos de variada índole que hermosean su casa. Está como loca buscando un nuevo inquilino para cuando yo me vaya. La vieja Tatiana, un poco estafadora, sí, pero buena mujer.
jueves, 7 de agosto de 2008
Como es verano
Como es verano, todos los días me tomo un helado. El helado tiene mucha tradición en Eslovenia, como en Italia y Croacia. Por la calle ves muchos carritos. Las bolas aquí son más cremosas que en España, donde el helado se sirve compacto y macizo. Como el chocolate. E, el encargado de cifra, me ha dicho que es una industria del carrito está controlada por la mafia kosovar ¡Ya querrían esta mafia en Italia! Me he fijado esta tarde y no he encontrado en el rostro del tendero ningún rasgo que delatara su procedencia. Me pregunto a menudo qué es eslavo, desde el punto de vista del aspecto. Algún aspecto tendrá que tener. En principio el eslavo tiene los ojos algo más achinados que el caucásico, o sea, nosotros, y la cara algo más ovalada, el pelo rubio y por lo que veo las piernas más largas y bonitas. Tiene también un oído finísimo que le permite aprender lenguas con facilidad. Pero espera, el kosovar no es eslavo, es albanés. Bueno, no sé. Yo sigo merendando en la terraza de una cafetería por encima del río. Llevo un par de libros. Leo unas docenas de páginas, descanso la cabeza y vuelvo a leer. El bullicio silencioso y ordenado que caracteriza el centro de Liubliana continúa. El público es eminentemente joven. Leer sentado en una terraza en verano es un ritual de hombres felices y puede que yo lo sea en este mismo instante. Es el primer verano que paso íntegramente fuera de España. Es también el primero de muchos que paso tranquilo, despreocupado, con el ánimo enderezado. Los últimos veranos han sido difíciles. Las horas de luz se estiraban, inclementes. Largas y lentas horas de luz. Ahora no, y se me hace extraño. He tenido suerte. Incipit vita nova.
miércoles, 6 de agosto de 2008
Magris
He leído con interés el tratado sobre Triesta de Claudio Magris y Angelo Ara. En capítulos alternos, el primero descubre la ciudad vista y sentida por sus escritores, en particular Scipio Slataper, Italo Svevo y Umberto Saba. El segundo describe minuciosamente la historia política de la urbe, desde 1719, año en que un decreto del emperador Carlos VI convierte Trieste en puerto franco, hasta la actualidad. Es decir, la historia que ha hecho pasar a Trieste de ciudad austríaca, de lealtad dinástica y trasnacional, vital y burguesa, a ser una ciudad fiera y penosamente italiana, republicana y esquizoide. La prosa de Magris me carga: está encharcada de citas y se me hace demasiado solemne. Como otros europeos cultivados Magris está concernido por las constantes erupciones nacionalistas que entumecen Europa. Bien está. Cabe, no obstante, reprochar a autores como Magris o Steiner, espíritus genuinamente europeos, su excesivo tacto con el narcisismo de las pequeñas diferencias. El banal encomio de la diversidad cultural -el becerro de oro de nuestra época– me mata de aburrimiento. Muchas veces no es más que farfolla retórica al deseo de justificar la endogamia y el aislamiento, o aun el racismo. ¿La diversidad enriquece? La diversidad enriquece a aquellos en quienes la mezcla se ha producido. Aquellos que por obra de la mezcla nacen hablando cuatro lenguas, aquellos que hacen suyas, propias, varias tradiciones. La timorata y confusa pedagogía de la diferencia ha de ser reemplazada por una desacomplejada y audaz pedagogía de la mezcla. Es de ese mestizaje del que cabe esperar el nacimiento de una conciencia verdaderamente europea.
("La tarea histórica de Trieste es la de ser crisol y propagadora de civilización, de tres civilizaciones" Scipio Slataper, Scritti politici, citado por Claudio Magris)
("La tarea histórica de Trieste es la de ser crisol y propagadora de civilización, de tres civilizaciones" Scipio Slataper, Scritti politici, citado por Claudio Magris)
martes, 5 de agosto de 2008
El hombre que pudo reinar
La catedral de San Giusto ocupa una pequeña explanada en lo alto de Trieste con antiguos restos romanos junto a un castillo medieval. Es una achaparrada iglesia de ladrillo rojizo donde sucesivos estilos se han ido apelotonando hasta desfigurarla. Del interior nada hay que destacar, salvo una muy fea pintura en la bóveda del ábside, entre pop y bizantina, que no debe ser muy antigua. Dudo que ningún triestino sepa que en una de las capillas laterales de su catedral están enterrados ciertos reyes de España: los irredentos reyes carlistas. Aquí yace el Infante Carlos María Isidro, el melancólico, preterido, y olvidado hermano de Fernando VII, que en vida se tuvo por Carlos V de España. A su lado su primogénito, Carlos VI, y a su otra vera Juan III, su segundo. Un poco más apartado Carlos VII, ya muerto en 1908, y todos ellos rodeados de sus esposas, en lápidas negras con sus imaginarios títulos inscritos en latón en letras doradas. Después de la primera guerra carlista Don Carlos se llevó su corte ambulante a Trieste, a vivir de alquilado. Ya digo que los triestinos deben de ignorar la presencia de este fantasmal pedazo de historia de España, y muy seguramente los turistas españoles ni se enteren, lo cual no es que sea muy reprochable. La sucesión de Fernando VII fue un cachondeo, como lo fue todo el siglo XIX español, de perdurables consecuencias. Hoy ver esta tumba es apenas una curiosidad satisfecha para un aficionado a la historia, aunque cansado ya de ella, y un fetiche para los extravagantes e inofensivos tradicionalistas que todavía hay en España, sobre todo en Navarra. Ser carlista en España es como ser comunista en Inglaterra: no se corre peligro de tener que aplicar el programa. Ignoro el nombre del actual rey, irreconocido e irreconocible, aunque creo que la dinastía anda dividida en varias facciones, unas de derechas y otras de izquierdas, cada una con su pretendiente.
lunes, 4 de agosto de 2008
Cuando la ciudad huele a café
Dijo L:
"No entiendo que Trieste te puede aburrir. Es que lo has hecho mal. Para empezar, a las mujeres hay que despertarlas a las cinco de la mañana, para que a las siete estén listas. Así puedes llegar a Trieste a las ocho de la mañana, cuando la ciudad entera huele a café recién hecho, y te desayunas en el Duque de Aosta leyendo el periódico. Yo voy tres veces por semana, entre semana, a cenar, y los fines de semana a hacer la compra. Lo bueno de estar destinado en Liubliana, que es un pueblo, es poder plantarte en Trieste para cenar y volver. Mira, yo soy un gran defensor del Imperio Austro-húngaro. La desaparición de Austria-Hungría es una de las desgracias mayores de la historia, figúrate, tú y yo estaríamos ahora destinados en Viena, aquí no habría ni consulado. La unificación italiana también fue otra calamidad; tendríamos varias ciudades italianas entre las que escoger: Génova, Venecia, Turín, Nápoles... un desastre para la carrera, vaya. Volviendo a Trieste, ¿puro pasado? ¡Pues claro! El domingo me planto en la Piazza grande y me encuentro con una manifestación ¡contra las leyes raciales de Mussolinni! no ha llovido ni nada... Pero a mí me encanta. Sigo dándole vueltas a alquilar una cueva en Trieste para el verano y convertirme en un commuter o cómo se diga. Cada día me gusta más. Ya conocemos alguna gente de allí. Pintores, periodistas...todos zurdos. Mira, Trieste se suicidó; con lo bien que estarían ahora siendo el puerto que Austria no tiene..."
"No entiendo que Trieste te puede aburrir. Es que lo has hecho mal. Para empezar, a las mujeres hay que despertarlas a las cinco de la mañana, para que a las siete estén listas. Así puedes llegar a Trieste a las ocho de la mañana, cuando la ciudad entera huele a café recién hecho, y te desayunas en el Duque de Aosta leyendo el periódico. Yo voy tres veces por semana, entre semana, a cenar, y los fines de semana a hacer la compra. Lo bueno de estar destinado en Liubliana, que es un pueblo, es poder plantarte en Trieste para cenar y volver. Mira, yo soy un gran defensor del Imperio Austro-húngaro. La desaparición de Austria-Hungría es una de las desgracias mayores de la historia, figúrate, tú y yo estaríamos ahora destinados en Viena, aquí no habría ni consulado. La unificación italiana también fue otra calamidad; tendríamos varias ciudades italianas entre las que escoger: Génova, Venecia, Turín, Nápoles... un desastre para la carrera, vaya. Volviendo a Trieste, ¿puro pasado? ¡Pues claro! El domingo me planto en la Piazza grande y me encuentro con una manifestación ¡contra las leyes raciales de Mussolinni! no ha llovido ni nada... Pero a mí me encanta. Sigo dándole vueltas a alquilar una cueva en Trieste para el verano y convertirme en un commuter o cómo se diga. Cada día me gusta más. Ya conocemos alguna gente de allí. Pintores, periodistas...todos zurdos. Mira, Trieste se suicidó; con lo bien que estarían ahora siendo el puerto que Austria no tiene..."
domingo, 3 de agosto de 2008
Trieste, una y trina
Desde el Molo audace, un muelle más concebido como mirador, la ciudad de Trieste puede ser examinada atentamente. La Piazza de l'unità d´Italia o Piazza Grande, forma un perfecto rectángulo, custodiado por dos alabardas de hierro, de unos treinta metros de altura, en el extremo que se abre al mar. Se apoyan sobre dos pedestales esculpidos con figuras de soldados, de la I Guerra mundial, en un estética más bien fascista. En una inscripción se puede leer "A los caídos por la italianidad de Trieste". El fondo de la plaza lo ocupa el Palazzo municipale, edificio barroco con aire de Hôtel de Ville parisino, de larga fachada y fino como una oblea. A su derecha y a nuestra izquiera se levanta el Palazzo del Governo, delegación del gobierno italiano, macizo edificio neoclásico con detalles bizantinos. Cierra el rectángulo el Palazzo de la Giunta regionale, antigua sede del Lloyd triestino, de estilo vienés. El edificio del gobierno italiano mira de reojo al ayuntamiento, como fiscalizando sus veleidades eslavas y austriacas. Estoy en Trieste, una y trina, contradictoria y simultánea. En ella se suporponen el mundo germánico, eslavo e italiano, y cada ingrediente en una dosis imperfecta que vuelve la ciudad insulsa y su historia extenuante. Desde hace más de dos siglos todo lo que en Europa ha sucedido de trascendental se ha anticipado, escenificado y quintaesenciado en Trieste. Quien conoce su historia conoce la historia de Europa. Ayer el mayor puerto del Imperio Austro-húngaro, hoy una apartada ciudad de Italia. Como toda nostalgia produce neurosis la mayoría de calles, bautizadas con los nombres de cuántos italianos ilustres ha habido, conservan en letra más pequeña su antiguo nombre. Qué ciudad más agotadora. Las fachadas descascarilladas, sus templos en reformas, su callejero caótico. Jamás como en Trieste he experimentado una desgana de historia, de cansancio y de decadencia. Europa, donde todo ha sucedido, se muere.
viernes, 1 de agosto de 2008
Sin objetivo
Una de las servidumbres de las que me he liberado para este viaje es la cámara de fotos. Ni la llevo ni la echo en falta. Existen varios motivos: el peso que me quitado, literalmente, de encima, no es el menor entre ellos. Hay otro: el propósito de educar la mirada, de aprender a ver. Así como los teléfonos móviles han banalizado terriblemente el acto de conversar, y lo que es peor, erradicado el instructivo hábito de guardar silencio, la proliferación de cámaras digitales ha trivializado la experiencia visual y, posiblemente, el mero hecho de viajar. El turista armado de cámara, raramente un buen fotógrafo, ya no ve, sólo mira incesantemente por el objetivo. Es un ejemplo más de hiperrealidad, ese concepto un tanto oscuro del filósofo Baudrillard que ahora comienzo a comprender. Lo virtual reemplaza a lo real. El turista no quiere sino fotos, no encuentros. El yo estuve allí, sin haber estado realmente allí. Al empezar este viaje me propuse no tener fotos sino recuerdos, y no enseñar fotos sino contarlas, y de ahí esta bitácora. Emanciparse de la cámara es también liberarse de la dictadura del paisaje bonito, y darse cuenta de que apenas hay un pedazo de calle en este mundo que no lo sea. Finalmente, síntoma o causa de la ausencia de cámara es algo que vengo observando últimamente: cada vez soy un ser menos nostálgico. Lo vivo como algo bueno, signo de madurez. Ya no guardo cada papelito que se cruza en mi camino, cada entrada de teatro, cada cinta regalada, cada foto con cada individuo que he conocido. Guardo algunas cosas, pero no todas ni la mayoría. Estoy, a más de aprendiendo a ver, aprendiendo a guardar. Como guardaré el baño de hoy en el lago de Bohinj, al pie de los Alpes Julianos, el resol del atardecer que no quema, y las tiras de agua helada que el cuerpo siempre agradece.
jueves, 31 de julio de 2008
Zizek
Cuando supe que venía a Liubliana hice repaso mental de eslovenos famosos y me salió uno: Slavoj Zizek. Es un filósofo loco y genialoide, boutadista profesional, que escribe preferentemente en inglés o francés y publica mucho en la prensa europea. En las fotos se aprecia perfectamente la pose desaliñada que subraya su carácter: parece que se está comiendo la barba desastrada y canosa, y el cabello graso y despeinado le tapa un poco los ojos tristes y pequeños. Su imagen me trae a la cabeza la del compositor ruso Mussorgsky, retratado como un borrachín. He leído un breve ensayo suyo: En defensa de la intolerancia. En él critica el liberalismo multiculural y tolerante que gobierna pétreamente nuestras sociedades. Zizec opina que no es más que el enésimo camuflaje del capitalismo, que mercantiliza la vida y desactiva cualquier reivindicación verdaderamente política, siendo la verdadera política:
"Ese momento en el que una reivindicación específica no es simplemente un elemento en la negociación de intereses sino que apunta a algo más y empieza a funcionar como condensación metafórica de la completa reestructuración de todo el espacio social".Por supuesto dice cosas como que es "estalinista ortodoxo lacaniano dogmático y nada dialogante" pero todo su boutadismo torrencial no es más que el intento desesperado de traspasar la espesura de lo políticamente correcto. Zizek es de los pocos filósofos que aún apuesta por los grandes relatos de emancipación universal, como lo fue el socialismo. Lo contrario es apuntarse al fin de la historia de Fukuyama.
"Ese momento en el que una reivindicación específica no es simplemente un elemento en la negociación de intereses sino que apunta a algo más y empieza a funcionar como condensación metafórica de la completa reestructuración de todo el espacio social".Por supuesto dice cosas como que es "estalinista ortodoxo lacaniano dogmático y nada dialogante" pero todo su boutadismo torrencial no es más que el intento desesperado de traspasar la espesura de lo políticamente correcto. Zizek es de los pocos filósofos que aún apuesta por los grandes relatos de emancipación universal, como lo fue el socialismo. Lo contrario es apuntarse al fin de la historia de Fukuyama.
miércoles, 30 de julio de 2008
Vegetación política
En los países que cambian de un régimen de partido único a uno democrático florece, en los primeros años, una tupida vegetación política. En Eslovenia encontramos el SDS, el Partido Democrático en el Gobierno, en el gobierno gracias a una abigarrada coalición. Luego vienen el LDS, los liberales, y el SD, que son los socialdemócratas. Menores en importancia, pero con representación parlamentaria son el SLS, o Partido Popular Esloveno, democristianos; NSi o Nueva Eslovenia, escisión patriótica y moralista de los liberales; el DESUS, Partido de los Pensionistas, que no es tanto un partido como un lobby de la tercera edad. Por último viene ZARES, palabra que significa algo así como "En serio" o "De verdad" o "No nos andamos con chiquitas". El primer ministro se llama como yo, Janez, y se apellida Janza, y el Presidente de la República Danilo Tuerk. Cada uno ocupa un ala distinta del mismo palacio de la avenida principal de la Ljubjana (algo cutre) y se llevan mal. Últimamente se están haciendo la puñeta a cuenta del nombramiento de embajadores. Tengo dificultades para entender la utilidad de los regímenes semipresidencialistas: la permanencia de un Jefe de Estado con poderes simbólicos es una nostalgia mal disimulada de la monarquía, y si sus poderes no son simbólicos está a la gresca todo el día con el Premier y además sale muy caro. En otros casos, se da la situación inversa, que el Presidente es el manda y el Primer ministro un mero ayuda de cámara, como en Francia. En todo caso la dualidad no tiene demasiado sentido y sale más a cuenta la monarquía o un régimen presidencial tout court. Volviendo a Eslovenia la Embajadora simplifica la situación de esta manera: hay excomunistas de izquierdas y de derechas, y la única diferencia es que los excomunistas de derechas hablan con la Iglesia Católica. En octubre habrá elecciones pero esto está muy tranquilo: moeurs de province.
martes, 29 de julio de 2008
Mirjana
Todas las mañanas leo el periódico tomando un café y dos cruasans. Lo hago aun al precio de llegar algo tarde al trabajo, porque todo mi buen humor del día depende de este pequeño ritual. Un día sin periódico antes que nada es un día que empieza mal. En Liubliana he encontrado una cafetería agradable, el Excelsior, a escasos cincuentra metros del portal de casa. Lo prefiero a otros porque sirven el excelente café triestino Illy y porque ya me conocen. Me atiende casi siempre la misma camarera, que es una chica joven, con vaqueros siempre y una camiseta de color ajustada pero no mucho. Tiene la cara redonda, la tez clara, alabastrina, brillante, el pelo corto, liso, y cobrizo, algo abombado quizá, que subraya la curva de las mejillas. En fin, que es una chica atractiva. Es simpática, habla un inglés correcto y le hace gracia mi glotonería. Como sabe lo que pido siempre me lo sirve según me ve llegar. Es agradable llegar a esta mínima complicidad con el camarero. Hoy me he acordado de ver en la cuenta como se llama: Mirjana. Mirjana es María en esloveno. Siempre hay alguien así en cada viaje, creo. Alguien que instintivamente te atrae o te cae simpático, alguien a quien no conoces o tratas tan sólo durante un efímero lapso, porque así debe ser. Una azafata, o la recepcionista de un hotel, o una camarera. Entonces, durante un velocísimo instante te imaginas un romance en la cabeza de un alfiler, ni una ensoñación siquiera, la pavesa de un recuerdo que no tienes, cuya posibilidad reside precisamente en el hecho de no conoces a la otra persona, no quieres conocerla y no volverás a verla. Hoy Mirjana ha venido corriendo hacia mí, a devolverme el paragüas.
lunes, 28 de julio de 2008
Algo de historia, I. La guerra de los diez días
Eslovenia siempre fue el pariente rico de los Balcanes. Disfrutaba de un buena renta de situación, al lindar con la próspera Austria y el industrioso norte de Italia, no muy lejos tampoco de la potente Alemania. También tenía la ventaja de ser un país relativamente homogéneo desde el punto de vista étnico. Ahora se llama étnico a cualquier cosa, pero dejémoslo estar. Seguramente era también un país más templado que las temperamentales Serbia y Crocia. Compartían menos historia con la península, y más con Europa central, que las otras repúblicas, y en ese sentido, su secular pertenencia a la monarquía de Austria les salió, históricamente, rentable (de hecho, es probable, qué curioso, que Eslovenia perviva como nación gracias a los Habsburgo). Durante los ochenta, aprovecharon la crecida nacionalista de Milosevic para engordar su memorial de agravios. Se escaparon de Yugoslavia en el último minuto. Fue en 1991. Les costó una guerra de diez días, prolija y entusiásticamente narrada en el Museo de Historia Contemporánea de Eslovenia. Acaso murieron sesenta y seis personas. El Ejército Popular Yugoslavo todavía estaba formado por varias nacionalidades y el desconcierto entre los soldados debió de ser notable. Lucharon sin convicción, y los mandos estaban más preocupados por el desplome general que por la pérdida específica de Eslovenia. La guerra en Croacia, que proclamó la independencia, y donde la macedonia étnica sí era considerable, distrajo la atención de todos. Fueron independientes. No parece que les haya ido mal. Me pregunto qué historia le queda ahora a este país tan pequeño y soso, de dos millones de personas, luego de su independencia. Tampoco es tan grave. Dice el maestro Ferlosio que sólo los pueblos sin historia son felices.
domingo, 27 de julio de 2008
Meditación sobre un dragón
He tardado algún tiempo en descubrir que el símbolo de la ciudad de Liubliana es el dragón. Un dragón aparece en el escudo de armas de la ciudad y hay cuatro portentosos dragones de bronce en las cuatro esquinas del puente situado entre la esclusa y el mercado. Son dragones de una bellísima estampa: sentados sobre sus patas traseras, con su larga cola escamada envolviendo el pedestal, despliegan las alas cartilaginosas y enseñan las fauces, clavando una mirada inteligente y penetrante en el observador. Google sostiene que están ahí porque la leyenda dice que Liubliana fue fundada por Jasón después de que él y los argonautas derrotaran a un dragón. Ha sido un chasco porque yo me había figurado que el dragón era el de San Jorge, único héroe de mi infancia, que combatió con un temible reptil que se cobraba como víctimas a las primogénitas de una ciudad que, en la más autorizada versión de la leyenda (que es la de mi abuelo), moraba en Constantinopla. En el San Sebastián de mi niñez, camino de una capillita en el monte llamada Lourdes Xiqui, había un pequeño nicho en la roca. Mi abuelo me dijo que el dragón estaba ahí y sé que en algún momento de mi infancia lo creí a pies juntillas. Lo más decepcionante fue descubrir, después de fatigar la biblioteca y hacer algunas consultas, que ni siquiera existen los dragones. Poco a poco voy descubriendo que mi temperamento me impele con fuerza hacia lo verídico y quizá por eso soy un mal lector de novelas. Si no es cierto no tengo tiempo. Recuerdo haber estirado más allá de lo razonable la creencia de que Sherlock Holmes era una persona de verdad. Al menos, piratas sí que hubo.
sábado, 26 de julio de 2008
Caballo, Jíbaro, Geranio
En Guerra y Paz hay un personaje fantástico, el Mariscal Kutuzov, el Serenísimo, General en jefe de los ejércitos rusos durante la invasión napoleónica. Es él quien impone acertadamente el criterio de irse retirando hacia el interior de Rusia, dejando que el invierno, el cansancio y la falta de víveres aniquilen al enemigo. En su soledad el general masculla a menudo "¡Comerán carne de caballo, comerán carne de caballo!" queriendo decir que al final los franceses tendrán que sacrificar a sus propios caballos para poder llevarse algo a la boca. Hoy he comido carne de caballo, o más exactamente, carne de potro esloveno. Me han asegurado que era típico. No estaba muy mal pero tampoco bien, era más bien insípida y pegajosa. Me he resarcido con el ya clásico tiramisú. Luego he echado la tarde en el Museo Etnográfico de la ciudad, que me ha sorprendido gratamente aunque haya visto dos cosas horripilantes, las dos de unos 10 centrímetros: un zapatito de geisha y un cabeza jibarizada. Volviendo me he dado un paseo por un barrio alejado del centro, donde se mezclan los edificios de cemento con viejas mansiones sin arreglar en cuyos balcones gentes sin camisa regaban sus geranios. Se ha puesto a llover, he leído un rato. Estoy en ese momento del verano, que siempre llega, en el que los ojos se me cansan de luz, y la indolencia empieza a apoderarse de mí. Es el momento en el que es preciso clavar el remo en el lecho del río para tomar impulso y romper el dormido curso del agua.
viernes, 25 de julio de 2008
Entomología
Según el Palgrave Concise Historical Atlas of The Balkans (Palgrave, 2001) cabe hablar de los siguientes grupos étnicos en la Península Balcánica: Pueblos Antiguos (35 millones, 50%), Eslavos del Sur (29 millones, 41%) Turcos (1 millón, 2%) y Otros (4 millones, 7%).
Los Pueblos Antiguos son aquellos que habitan la zona desde antes de las invasiones eslavas en el siglo VI y VII d.C. Son los griegos, los albanos y los rumanos. Algunos argumentan sin embargo que las incursiones eslavas diluyeron el vínculo genético de los griegos con sus ancestros. Los albanos, por su parte, descienden de los ilirenses desplazados por los bárbaros, y poseen un idioma singularísimo (con dos dialectos) que podría emparentarlos con los vascos occidentales. Los rumanos son una bolsa de población que permaneció romanizada a lo largo de los siglos y que constituye minorías en todos los Estados balcánicos.
Los Eslavos del Sur emigraron de las marismas del Pripet (hoy frontera de Ucrania y Bielorrusia). Diversas circunstancias (en particular, el cisma de Oriente y la conquista otomana), los han ido fracturando en, al menos, siete grupos: bosnios, búlgaros, croatas, macedonios, montenegrinos, serbios, y eslovenos. Técnicamente no hay kosovares como tales, puesto que estos son en última instancia serbios o albanos.
Dejando de lado el origen turcoide de los actuales búlgaros, el largo dominio otomano de los Balcanes ha dejado presencia turca en numerosos enclaves de la región meridional de la península, con una fuerte concentración en Tracia.
Los Otros (un 7%) son: Judíos, Gitanos, Húngaros, Checos, Eslovacos, Alemanes, Italianos, Mongolo-Tártaros, Rusos, Ucranianos y Rutenios.
¡Y pensar que muchas de estas personas podrían haber llegado a ser meramente Yugoslavos!
("El nacionalismo es el hábito de pensar que las personas pueden clasificarse como insectos" George Orwell)
Los Pueblos Antiguos son aquellos que habitan la zona desde antes de las invasiones eslavas en el siglo VI y VII d.C. Son los griegos, los albanos y los rumanos. Algunos argumentan sin embargo que las incursiones eslavas diluyeron el vínculo genético de los griegos con sus ancestros. Los albanos, por su parte, descienden de los ilirenses desplazados por los bárbaros, y poseen un idioma singularísimo (con dos dialectos) que podría emparentarlos con los vascos occidentales. Los rumanos son una bolsa de población que permaneció romanizada a lo largo de los siglos y que constituye minorías en todos los Estados balcánicos.
Los Eslavos del Sur emigraron de las marismas del Pripet (hoy frontera de Ucrania y Bielorrusia). Diversas circunstancias (en particular, el cisma de Oriente y la conquista otomana), los han ido fracturando en, al menos, siete grupos: bosnios, búlgaros, croatas, macedonios, montenegrinos, serbios, y eslovenos. Técnicamente no hay kosovares como tales, puesto que estos son en última instancia serbios o albanos.
Dejando de lado el origen turcoide de los actuales búlgaros, el largo dominio otomano de los Balcanes ha dejado presencia turca en numerosos enclaves de la región meridional de la península, con una fuerte concentración en Tracia.
Los Otros (un 7%) son: Judíos, Gitanos, Húngaros, Checos, Eslovacos, Alemanes, Italianos, Mongolo-Tártaros, Rusos, Ucranianos y Rutenios.
¡Y pensar que muchas de estas personas podrían haber llegado a ser meramente Yugoslavos!
("El nacionalismo es el hábito de pensar que las personas pueden clasificarse como insectos" George Orwell)
jueves, 24 de julio de 2008
Andrew?
Confieso haber pensado que eran dos mujeres de buen ver mientras subían las escaleras por delante de mí. Luego se pararon de mi puerta y llamaron al timbre. Entonces me vieron, desconcertadas, con la llave en la mano.
- Andrew?
No, no era Andrew, aunque no se me ocurrió dar mi nombre.
- Andrew doesn´t live here any more- Supuse que era el anterior inquilino, sólo sabía que había trabajado en otra embajada- Were you friends of him?
- Well... -Una hablaba y la otra callaba- We talked on the telephone many times- Pausa, unos grandes ojos vidriosos, unos labios excesivamente pintados- But you do speak English? ¿Le importa que le hablemos de nuestras actividades? (Seguíamos hablando en inglés, y en inglés es difícil saber si te tutean o no)
- No, no.
Me enseñaron un papelito donde se invitaba a Andrew a una conferencia (public talk, decía) con el thought-provoking title (así decía): How to Keep Spiritually Awake. Un poco más abajo vi las palabras "Jehovah's Witnesses"
- Ah -dije-, son ustedes los testigos de Jehová... ¿Y cuántos son por aquí, es un movimiento importante en Eslovenia?
No me respondió. Me preguntó en cambio:
- ¿Eres una persona religiosa (creo que me tuteaban) o más bien ateo?
- Ahh...- Recordé una cita de un científico "Si dicen que creo en Dios, no es cierto, pero si dicen que no creo... están diciendo demasiado"- Bueno, son cuestiones complejas... ¿Qué es lo que dice su organización?
- Nosotros creemos que Dios existe y que el mundo va mal. Tenemos que terminar con esta locura, nos hacemos daño los unos a los otros... guerras, destrucción, cambio climático... ¿Me permites que te lea una cita de la biblia?- Y sacó una biblia muy pequeñita del bolso, como podría haber sido un revólver colt. Era el capítulo 12 del Libro de las Revelaciones, o Apocalipsis.
"Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, que eres y que eras, porque has asumido tu gran poder, y reinas. Las naciones se enfuerecieron, pero ha venido tu ira, y el tiempo de juzgar a los muertos y de dar su galardón a tus siervos los profetas y a los santos y a los que temen tu nombre, tanto a los pequeños como a los grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra"
-Esta tarde tenemos una charla para hablar de estos temas... ¿Te gustaría venir?
Estuve tentado de decir sí. Aunque mantengo las distancias, no comparto el desdén con el que se trata a los miembros de estas sectas. Como principio estoy abierto a dejarme convencer, con buenas razones, de cualquier cosa. Pero estaba muy cansado y se lo expliqué. Me lo pensaría para la próxima.
- Pero déjenme los papeles, y les echaré un vistazo.
Me dieron abundante material. Nos despedimos. En ello estoy. Pero la glosa de las revistas me llevaría muy lejos. Abarcan temas que van del género a la biología. Doy un título "Spider Silk: Was it designed?"
- Andrew?
No, no era Andrew, aunque no se me ocurrió dar mi nombre.
- Andrew doesn´t live here any more- Supuse que era el anterior inquilino, sólo sabía que había trabajado en otra embajada- Were you friends of him?
- Well... -Una hablaba y la otra callaba- We talked on the telephone many times- Pausa, unos grandes ojos vidriosos, unos labios excesivamente pintados- But you do speak English? ¿Le importa que le hablemos de nuestras actividades? (Seguíamos hablando en inglés, y en inglés es difícil saber si te tutean o no)
- No, no.
Me enseñaron un papelito donde se invitaba a Andrew a una conferencia (public talk, decía) con el thought-provoking title (así decía): How to Keep Spiritually Awake. Un poco más abajo vi las palabras "Jehovah's Witnesses"
- Ah -dije-, son ustedes los testigos de Jehová... ¿Y cuántos son por aquí, es un movimiento importante en Eslovenia?
No me respondió. Me preguntó en cambio:
- ¿Eres una persona religiosa (creo que me tuteaban) o más bien ateo?
- Ahh...- Recordé una cita de un científico "Si dicen que creo en Dios, no es cierto, pero si dicen que no creo... están diciendo demasiado"- Bueno, son cuestiones complejas... ¿Qué es lo que dice su organización?
- Nosotros creemos que Dios existe y que el mundo va mal. Tenemos que terminar con esta locura, nos hacemos daño los unos a los otros... guerras, destrucción, cambio climático... ¿Me permites que te lea una cita de la biblia?- Y sacó una biblia muy pequeñita del bolso, como podría haber sido un revólver colt. Era el capítulo 12 del Libro de las Revelaciones, o Apocalipsis.
"Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, que eres y que eras, porque has asumido tu gran poder, y reinas. Las naciones se enfuerecieron, pero ha venido tu ira, y el tiempo de juzgar a los muertos y de dar su galardón a tus siervos los profetas y a los santos y a los que temen tu nombre, tanto a los pequeños como a los grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra"
-Esta tarde tenemos una charla para hablar de estos temas... ¿Te gustaría venir?
Estuve tentado de decir sí. Aunque mantengo las distancias, no comparto el desdén con el que se trata a los miembros de estas sectas. Como principio estoy abierto a dejarme convencer, con buenas razones, de cualquier cosa. Pero estaba muy cansado y se lo expliqué. Me lo pensaría para la próxima.
- Pero déjenme los papeles, y les echaré un vistazo.
Me dieron abundante material. Nos despedimos. En ello estoy. Pero la glosa de las revistas me llevaría muy lejos. Abarcan temas que van del género a la biología. Doy un título "Spider Silk: Was it designed?"
miércoles, 23 de julio de 2008
Los borrados
El 25 de junio de 1991 la República Eslovena proclamó su independencia de Yugoslavia. En ese momento unas 200.000 personas originarias de otras Repúblicas yugoslavas residían en Eslovenia de forma permanente. La ciudadanía yugoslava común, de la que derivaban todos los derechos y obligaciones, garantizaba la plena igualdad de todos los habitantes. Con la independencia se abrio un plazo de seis meses para que los residentes no eslovenos pudieran optar a la nueva nacionalidad. 170,000 lo hicieron. 12,000 marcharon a otros países. Sin embargo, otros muchos, no solicitaron la nacionalidad en tiempo y forma, por distintos motivos (desconocimiento, voluntad de conservar su nacionalidad originaria, confusión entre nacionalidad y ciudadanía, etnicismo, propaganda antieslovena, o creencia de que ya gozaban de ella o de que sus derechos no se verían mermados) El número de personas en esta situación se ha cifrado en 18.305. La gran mayoría deseaba seguir viviendo en Eslovenia, donde tenían su trabajo, casa y familia. Al cabo de pocos meses, sin mediar notificación, fueron borrados del Registro de Residentes Permanentes. Sus expedientes desaparecieron o fueron trasladados a otros registros de extranjeros. Para la mayoría esto supuso la pérdida de sus trabajos y del acceso a los servicios educativos y sanitarios básicos que se desprenden del estatuto de residente legal. En Eslovenia se les conoce como "los borrados" (en inglés "the erased") Quedaron convertidos en extranjeros ilegales. Al trata de regularizar su situación perdían los pocos documentos que conservaban (pasaporte, permisos de conducir, cartillas), que eran anulados. Muchos perdieron toda nacionalidad, ya que al estallar la guerra en Serbia, Bosnia o Croacia, su documentación devino irremplazable. En general los partidos nacionalistas conservadores se habían mostrado contrarios a la concesión de la nacionalidad a no-eslovenos, e hicieron campaña contra el Gobierno para que se la revocara a los 170.000 que la habían obtenido, percibidos como una amenaza a la identidad nacional. Extrañamente, los que entraron en situación de ilegalidad no fueron expulsados. Amnistía Internacional ve en ello la prueba de que la eliminación de sus expedientes fue un acto político deliberado para contentar a los sectores más nacionalistas y no perder sus votos, pero que las autoridades eslovenas no quisieron proceder a expulsiones masivas por miedo a la repercusión internacional.
martes, 22 de julio de 2008
Breaking news
Ayer alquilé dos películas de Kusturica pero desistí de verlas al comprobar que sólo estaban en serbio con subtítulos en esloveno. Hoy he vuelto a fatigar el video-club durante una hora, sin éxito. El cine al que puedo ir andando está cerrado por reformas. En casa tengo televisión por cable, lo que significa que he de descartar cincuenta y cinco canales antes de encontrar algo interesante. Casi siempre termino viendo la CNN. Indudablemente uno se entera de muchas cosas viendo esta cadena. Pero produce un cierto fastidio el tono de los presentadores. Están todos ligeramente excitados, haciendo inflexiones teatrales en la voz, como fascinados por lo que están contando. Parece que los reporteros están siempre a punto de descubrir el agua caliente. El presentador les interpela desde el estudio "But tell us Laura, how this has happened!?" (énfasis en tell y en happened). Todo es "historic", "incredible" y "amazing". Y luego te hacen la interpretatio, por si no lo has entendido. Pero quizá lo más inquietante de la CNN y en general los medios de comunicación es el presentismo que los inspira, es decir, la creencia de que sólo el presente existe y que hay que devorarlo. Cada noticia cancela la anterior, cada cotización forma parte de un continuo inabarcable e inescrutable, los anticiclones que suceden a las tormentas que siguen a las olas de calor. Todo se va por la hormigonera de la actualidad. El criminal de guerra detenido, la aldea que arde, el candidato que viaja, la bolsa que sube. En mi mesa se apilan resúmenes de breves de prensa, que se imprimen todos los días. Es un delirio y un delito medioambiental. Un buen día uno deja de leer la prensa, apaga la televisión, y descubre aliviado que ni siquiera en este planeta pasan cosas trascendentales todos los días. Hoy, más que nunca, el presente se consume. El periodismo maneja hoy pura verdad revelada.
lunes, 21 de julio de 2008
Cleptomanías
Esta mañana he recibido a los señores K. y D. detectives de la policía de Liubliana, que metida en una bolsa de plástico traían una bandera española, doblada y algo sucia. Previamente me habían puesto en antecedentes: el pasado febrero el mástil apareció una mañana desnudo de pendón. El asunto era preocupante (como se sabe las banderas son artículos inflamables) y se denunció el robo. Cuatro meses de pesquisas dieron fruto. El malhechor (o mejor dicho, el bandolero), es un joven universitario de veinte años, de Liubliana City. Embozado por la noche, a lomos de su bicicleta, y armado con unas tijeras de coser, se encaramó a la tapia y sin entrar en el recinto recortó la enseña. Al parecer el mástil está demasiado pegado a la verja y no es difícil. Ya se ha solucionado. El chaval no tiene antecedentes ni motivos políticos. Es un coleccionista. Colecciona banderas. En el registro de su habitación, ante unos padres incrédulos, han descubierto docenas de ellas, algunas robadas de otras embajadas. Los detectives aseguran que el caso está en manos del fiscal. Yo les he pedido que tengan en cuenta que en todo caso es mejor coleccionar banderas que quemarlas. A mí mismo me gustan las banderas, sobre todo cuando vienen en ramillete. A los diplomáticos (he tenido la triste ocasión de comprobarlo hace poco) nos entierran con la bandera del país al que hemos servido. Supongo que no es obligatorio y que cabe más de una o ninguna. A mí no me importaría, pero pediría ser enterrado lo menos con cinco. Llámenme frívolo, mas mi corazón lo componen varios cuarteles.
sábado, 19 de julio de 2008
Plecnik
El aspecto pulcro y algo cursi de Liubliana se debe enteramente a la obra de su arquitecto predilecto Joze Plecnik, una singular e interesantísima mezcla de modernismo y clasicismo. Formado en Viena fue discípulo de Otto Wagner, maestro modernista y par de Gaudí. En Praga se encargó de la remodelación de la montaña del castillo, otro monumento a la cursilería, escasamente discernible de Disneylandia. Su obra más interesante es la Biblioteca Nacional, un compacto paralelepípido, un cubo según la terminología en uso, de cuatro pisos de altura. La gracia del edificio consiste en alternar la sillería en ladrillo con la piedra rústica, creado una agradable textura en la que contrastan el ladrillo rojizo y la piedra clara. Por último, toda la fachada está recorrida por varias hileras de ventanas divididas en cuatro paneles, esas que en arquitectura se llamana inglesas. Una cornisa muy fina subrayada por una moldura decorativa, y un techo plano, y que por tanto, no ve el espectador, remata el conjunto, dándole el aire de un palacio renacentista. Los materiales empleados y la simplísima estructura dan a la mole una leve sensación de ingravidez. El interior está lleno de columnas en mármol negro, como un peristilo, que escoltan una escalera monumental. Esta escalera conduce al lugar sagrado, a la naos del templo griego que el edificio quiere ser, la sala de lectura, cuyo mobiliario es igualmente diseño de Plecnik. Todos los días paso cerca de este edificio, y por la noches lo veo iluminado, saltando a la vista sus esquinas pulidas y afiladas. Es un edificio científico, de estrictas, de implacables y rotundas reglas de proporción, y cuyo exterior es sin embargo de una extraña calidez, aunque el interior sea de una religiosidad fría y abstracta. Todavía no sé si me gusta.
viernes, 18 de julio de 2008
You go, you see, you talk
Estaba en la plaza de los tres puentes, sentado en un terraza entre mullidos cojines rojos, y leyendo una historia de los Balcanes "The Balkans. Nationalism, War and the Great Powers, 1804-1999" escrita por Misha Glenny. Aun en su edición de bolsillo es un tomo grande. El camarero se acercó y le pedí un café. Al inclinarse sobre la mesa vio el libro y preguntó curioso
- So, what you learn of the Balkans?
No entendí bien.
- Excuse me?
- Balkans, you learn of the Balkans?
Dudé qué decir.
- Intento entender las cosas, es una historia muy compleja, dije (seguíamos hablando en inglés)
- Any good?
Lo preguntó casi con azoro.
-Bueno todavía estoy a comienzos del siglo XIX. Hace doscientos años.
Entonces, como soy muy descarado, y sólo preguntando se sabe, pregunté:
- Do you consider Slovenia to be part of the Balkans?
- No sé. Yo sí. Soy de Kosovo.
- Ah
Había dado por hecho que era esloveno.
- ¿Y lleva mucho tiempo aquí?
- Ocho años
- 'Desde los bombardeos, pensé' ¿Y tiene ahí la familia?- Recordé que llevaba puestas las gafas de sol y me las quité.
- Mi madre y un hermano. Le envío dinero.
Hubo una breve pausa. -¿Y estaban de acuerdo con la independencia?
Tardó algo en contestar, como si no hubiese respuesta para eso, o ése no fuera el problema. -No sé. En diez años, quizá. No hay trabajo, nadie tiene trabajo. En diez años, maybe.
- Ah
Se fue a atender otra mesa. Volvió al rato. Era una persona simpática.
- ¿Le importa si le pregunto su nombre? dije.
Puso una mueca. Me señaló el tique: Besnik G.
- Nice to meet you, y le di mi nombre. I'm from Spain, añadí, para corresponder.
- You must go there. Volvíamos al tema de los Balcanes. Books... Go to Kosovo, to Macedonia, to Belgrad... you go, you see, you talk with people, sit, talk.
- Lo voy a hacer en cuanto pueda. Estoy preparando el viaje.- Pausa. En realidad no sabía si podría hacerlo -Voy a estar aquí todo el verano. Cuando vuelva le contaré lo que he aprendido.
- Good. You will tell me.
- OK.
Pagué, se fue, y yo seguí leyendo un rato más.
- So, what you learn of the Balkans?
No entendí bien.
- Excuse me?
- Balkans, you learn of the Balkans?
Dudé qué decir.
- Intento entender las cosas, es una historia muy compleja, dije (seguíamos hablando en inglés)
- Any good?
Lo preguntó casi con azoro.
-Bueno todavía estoy a comienzos del siglo XIX. Hace doscientos años.
Entonces, como soy muy descarado, y sólo preguntando se sabe, pregunté:
- Do you consider Slovenia to be part of the Balkans?
- No sé. Yo sí. Soy de Kosovo.
- Ah
Había dado por hecho que era esloveno.
- ¿Y lleva mucho tiempo aquí?
- Ocho años
- 'Desde los bombardeos, pensé' ¿Y tiene ahí la familia?- Recordé que llevaba puestas las gafas de sol y me las quité.
- Mi madre y un hermano. Le envío dinero.
Hubo una breve pausa. -¿Y estaban de acuerdo con la independencia?
Tardó algo en contestar, como si no hubiese respuesta para eso, o ése no fuera el problema. -No sé. En diez años, quizá. No hay trabajo, nadie tiene trabajo. En diez años, maybe.
- Ah
Se fue a atender otra mesa. Volvió al rato. Era una persona simpática.
- ¿Le importa si le pregunto su nombre? dije.
Puso una mueca. Me señaló el tique: Besnik G.
- Nice to meet you, y le di mi nombre. I'm from Spain, añadí, para corresponder.
- You must go there. Volvíamos al tema de los Balcanes. Books... Go to Kosovo, to Macedonia, to Belgrad... you go, you see, you talk with people, sit, talk.
- Lo voy a hacer en cuanto pueda. Estoy preparando el viaje.- Pausa. En realidad no sabía si podría hacerlo -Voy a estar aquí todo el verano. Cuando vuelva le contaré lo que he aprendido.
- Good. You will tell me.
- OK.
Pagué, se fue, y yo seguí leyendo un rato más.
martes, 15 de julio de 2008
Un minarete de cuarenta metros
En Liubliana hay 60.000 musulmanes y ninguna mezquita. Desde hace décadas los eslovenos musulmanes, en su mayoría trabajadores venidos de antiguas repúblicas yugoslavas, buscan penosamente un lugar de culto. Cuando en 2004 se les adjudicó una parcela en las afueras, un concejal nacionalista llamado Milan Jarc consiguió reunir las 11.000 firmas necesarias (el 5% del electorado de Liubliana) para forzar la convocatoria de un referendo sobre el proyecto. Aunque obligado por ley, el alcalde se negó a convocarlo y al final el Tribunal Constitucional lo declaró improcedente. No está claro qué hubiera votado el vecindaje de haberse celebrado la consulta. El proceso volvió a ponerse en marcha. Últimamente se ha adjudicado un nuevo terreno a la comunidad musulmana, contiguo a la estación de tren. Sin embargo, la obra sigue parada, porque el mismo concejal ha conseguido de nuevo 11.000 firmas solicitando un nuevo referendo, esta vez sobre el detalle arquitectónico del proyecto: la existencia de un minarete, cuya altura prevista es de 40 metros, que podría alterar, dicen los opositores, "el carácter de la ciudad". Es previsible que el volumen máximo al que el muecín pueda llamar a la oración, cinco veces al día, será objeto de la siguiente polémica, si no de otra consulta.
lunes, 14 de julio de 2008
Napoleón en Liubliana
Hoy ha sido 14 de julio, ergo hubo recepción de la embajada francesa. El convite se celebraba en un monasterio reconvertido en teatro al aire libre, cerca de la plaza de la Revolución francesa. La plaza está presidida por un monolito de unos siete metros, en blancos bloques de piedra. Incrustrado en uno de los planos laterales sobresale en bajorrelieve el rostro de Napoleón Bonaparte en bronce dorado, muy serio, con su nariz aguileña, su mentón pronunciado, su mechón de pelo y su corona de laurel. La acostumbrada tormenta ha resbalado sobre la impresionante carpa de los organizadores. Mediada la recepción, una coral de por aquí ha entonado a capela la Marsellesa, el himno esloveno y la parte cantada de la novena sinfonía. Cáterin: charcuterie, vin et fromage. Las palabras de la embajadora han sido las convencionales, dándose el gusto de comentar lo emocionante que era "ver como aquí, Napoleón, tan denostado en otras partes de Europa, sí es querido". Esta me la sé, lo he leído. Cuando Napoleón estuvo por estos pagos, y siguiendo su costumbre, reordenó el territorio agrupando Eslovenia, Croacia y parte de Bosnia bajo el nombre de Provincias Ilirias (el invento duró desde 1809 hasta 1813) permitiendo la enseñanza pública en esloveno. Es dudoso que a Napoleón le preocupara preservar la cultura local cuando en Francia el bretón, el catalán, y el occitano se habían prohibido en la escuela. Napoleón quería romper el Imperio Austríaco clavándole unas provincias como unas banderillas. Al hacerlo puso en circulación las tesis nacionalistas, poco a poco lugar común en toda Europa. El gobernador que designó, Bernardotte, acabó como Rey de Suecia; la de vueltas que da la vida. Por cierto: Napoleón a mí, que soy francófilo, me cae gordo.
Pd.: Leo en mi guía con asombro que el monumento a Napoleón en Liubliana es el único fuera de Francia.
Pd.: Leo en mi guía con asombro que el monumento a Napoleón en Liubliana es el único fuera de Francia.
domingo, 13 de julio de 2008
Piran(o)
La costa en Eslovenia hay que buscarla con lupa. Apenas es una franja de 44 kilómetros, un minúsculo intersticio entre Italia y Croacia, asignado a Yugoslavia tras la II Guerra Mundial, que va a dar al Adriático, y que provee al país con una ciudad-puerto de considerable actividad, nombrado Koper en esloveno, y mucho más bellamente Capodistria en italiano. A escasa distancia, y felizmente amenguada en fama por la proximidad de Venecia y Dubrobnik, se encuentra la pequeña villa de Piran. Primero una antorcha entre las rocas (como su nombre sugiere) guía de veleros y galeras griegas y romanas, luego una fortificación bizantina, más tarde un enclave franco, a partir del siglo XIII y durante cinco siglos un puerto ancilar de la República Veneciana, a continuación habsburguesa, tras la I Guerra mundial italiana, después yugoslava, y desde hace casi veinte años eslovena, lo único cabal que puede decirse de Piran o de Pirano es que es una ciudad mediterránea, bilingüe y agradable. Las casas altas, coloridas y descascarilladas forman delgados pasillos, protegidos del sol, de cuyas paredes cuelga la ropa tendida. Hay una plaza ovalada donde se concentran los edificios nobles, incluida la llamada Casa veneciana, en cuyo blasón se lee la inscripción Lassa pur dir, que un mercader veneciano levantó para su amada, una doncella de más modesta extracción. En lo alto el campanario de la Iglesia de San Jorge, de un insospechado y bello barroquismo. En un restaurante, honesto con el precio, con vistas al mar, me he comido un lenguado correcto. He pasado la tarde leyendo en una playa de roca, una franja de no más de cinco metros, descubriendo las ventajas de la ausencia de arena y de algas. Al otro lado de la bahía he podido ver Trieste, a la que poco a poco voy poniendo sitio. Me he ido pensando que podría acostumbrarme a vivir en una villa por aquí, emboscado en este manso apéndice esloveno o italiano, ilírico o dalmaciano, o quién sabe qué. Con una amada.
sábado, 12 de julio de 2008
Ta-ta-ta
Ahí fuera está cayendo una pared de agua. Sucede casi todas las tardes. Ta-ta-ta. El cielo se ha puesto tacones. Me gusta ese murmullo militar de gotas en el suelo. Ta-ta-ta. Las nubes se rasgan como odres, se corre un visillo sobre la colina, y la ciudad descansa (la lluvia es su acupuntura). Ta-ta-ta. Es una ubérrima tormenta de verano, frecuentes en el país; los violentos latigazos de agua dibujan sombras en la calzada, las ramas de los árboles golpean obedientes el aire; por la ventana veo una procesión de mochilas. Ta-ta-ta. Me gusta ver llover; quizá por la tregua del sol inclemente, quizá por el recordatorio de que a veces nada puede hacerse y tan sólo se espera, quizá por ver las calles en su intimidad, sin el material humano. O por la breve comunión con la naturaleza. Ta-ta-tarruun. Un trueno, por un instante se han iluminado las arterias de la noche. Ta-ta. La ciudad fulgente y lunar. La calma. El silencio. Ta.
viernes, 11 de julio de 2008
César
Tengo razones para sospechar que la comida nacional eslovena es la comida italiana. Las pizzas son las mejores que he probado nunca; el tiramisú es insuperable. Por lo demás, está perfectamente claro que la principal preocupación de los restauradores eslovenos es sentar a los peatones antes que dar de comer. Cerca de casa se agrupan tres restaurantes cuyo nombre es tan neutro como su carta: Luca, Julia y Romeo. Es obvio (aunque no evidente) que incurren en prácticas colusorias y de concertación de menús. La ausencia, no ya de una gastronomía, sino de un plato regional, la perfecta anacionalidad de la oferta culinaria, la ecléctica y adocenada decoración de los locales, es uno de los rasgos más llamativos de la ciudad. Cierto es que, como todos los países acostumbrados a un largo invierno, dominan un amplia gama de sopas, pero ahora, claro, no apetece. No soy hombre que llore la pérdida de las esencias, ni voy a empeñarme en encontrar algo auténtico (que sería, en todo caso, la verdadera impostura). La comida es correcta y los precios honestos; los mercados ofrecen los últimos tomates sápidos de Europa. No me quejo. Tan sólo pido, please, que me quiten las anchoas de la ensalada césar.
martes, 8 de julio de 2008
Rush-hour
Liubliana. No es en absoluto lo esperado. Es un café, un happening, un teatrillo, un plató, un flipe. Todas las terrazas están llenas de jóvenes guapos y ociosos, la mayoría de bellos perfiles eslavos, insolentemente veraniegos, sentados bajo los sauces, en ambos lados del río. Es un bullicio permanente y calmado, casi silencioso. Hay miles de personas en la calle, pero no como en las Ramblas o en la Puerta del Sol, donde todos parecen salidos de un hormiguero devastado; aqui cada uno se ubica en su lugar natural, de manera que nadie se estorbe, como si hubieran sido hábilmente colocados por un escenógrafo. Aquí y allá se han levantado leves columnatas, que refuerzan la sensación de sosiego. Liubliana produce, por todo ello, una sensación de irrealidad, tal vez inevitable en las ciudades acostumbradas a largos inviernos cuando llega el verano. Las casas están reformadas, pintadas en colores suaves, y sus ventanas rematadas con frontispicios, unos triangulares y otros en curva. Por arriba los techos abuhardillados, y en los bajos bares y restaurantes que cultivan todos el mismo ambiente minimalista y sofisticado, nada que pueda evocar lo balcánico, ni tampoco lo austriaco. Todo en Liubliana es encantador y agradable. Pero es siempre un abuso juzgar las ciudades únicamente por sus partes gentrificadas. Una ciudad es también y sobre todo sus periferias y sus barrios desarrollistas y feos, y eso todavía no lo conozco. Conozco el escenario amañado, evanescente y cool donde los urbanitas no somos más que figurantes.
lunes, 7 de julio de 2008
Bled
En las estribaciones de los Alpes julianos se encuentra la villa-balneario de Bled, famosa por su castillo que, en lo alto de un peñón, domina un lago, no muy grande, en el cuenco que forman las primeras montañas. En medio del lago, a una distancia que se puede recorrer a nado, hay una isla, y en la isla una iglesia, católica creo, cuyo campanario se eleva por encima de los árboles. He venido como representante de la Embajada a un concierto de un dúo español, de guitarra y acordeón. Mientras venía la lluvia se ha convertido en tormenta eléctrica. El castillo es una modélica fortaleza medieval, y lo parece: tiene murallas, foso y torreón. Desde la terraza se puede abarcar el lago con la mirada. Después de visitar un museo irrelevante me he dedicado a pasear por la almena del castillo, y me he imaginado defendiendo el terruño de, pongamos, una invasión lombarda (salvado el anacronismo) o infundiendo terror a los campesinos. Ya estaba sacando el paragüas por la aspillera cuando ha comenzado el concierto, en una especie de sala capitular, muy apta. Me ha agradado mucho. Hacía tiempo que no escuchaba música sin enlatar, y ya no recordaba el limpio y cristalino punteo de una guitarra. Tampoco sabía que el acordeón fuese un instrumento tan versátil. Los músicos, varón y mujer, de gran simpatía, sólo tenían veintiséis y veinticinco años. Demasiado jóvenes para sentir ínfulas, sin importarles su escaso auditorio, se han dedicado a disfrutar de una música que, evidentemente, les hacía felices. Extraordinarias las Cuatro estaciones porteñas, de Piazzola, con su alternancia de pasajes reposados y vibrantes. Han agradecido mi presencia y yo les he agradecido su música. Camino de Liubliana he dudado sobre si yo podría nadar hasta la isla. Desconfío de mi torpe brazada. En todo caso, volveré, espero, para remar en compañía.
domingo, 6 de julio de 2008
Un paseo
El río Ljubljanica (pequeño Liubliana) se dobla como un codo alrededor de la colina de Golovec, en cuya cima, a unos 400 metros de altura, sobresale de las copas de los árboles la torre del castillo de la ciudad. Es una torre solitaria, más florentina que austríaca, que recuerda la del juego del ajedrez, almenada en su punta, con un reloj en cada uno de sus lados, y una bandera de Eslovenia, una franja horizontal verde y otra blanca, ondeando desde lo alto. Se puede subir y bajar de la fortaleza en un funicular, que nos deposita en el mismo vértice del meandro, en el espacio comprendido entre la colina y el río, que alberga los puestos del mercado y la discreta catedral de San Nicolás. A escasos metros, tres deliciosos puentes, obra del arquitecto Pleznik, se juntan en forma de zigzag, conduciendo a la plaza de Preseren, el poeta de la nación; su estatua se erige en mitad de la plaza, presidida por la parroquia de San Francisco, que es una iglesia de finales del siglo XIX cuya mayor singularidad reside en su amplia espadaña de color granate. Si caminamos a lo largo del río en dirección oeste, como queriendo abrazar la colina, encontramos una elegante esclusa, también obra de Pleznik, que salva el desnivel del río y cierre el centro histórico de la ciudad. Si descendemos desde San Francisco hacia el sur encontramos a unos 80 metros el puente de Cobbler, legado del mismo arquitecto, omnipresente. Es un pasaje balaustrado, con diez columnas de piedra de unos cuatro metros de altura y medio de diámetro. Todavía un poco más abajo, el puente de Sentjakobski, algo más ancho, por donde ya circula el tráfico. Desde aquí hasta la esclusa, en apenas un kilómetro y medio de paseo, se encuentra todo lo que el turista verá de Liubliana. En la orilla izquierda se concentran los edificios de gobierno, la universidad, la filarmónica, los dos hoteles principales y los comercios. Del lado del monte se agrupan los restaurantes. El río en esta parte de la ciudad no mide más de 50 metros de ancho; sobre él los saucen lloran sus copas, superponiéndose así tres niveles de verde: esmeralda del agua, menta de los árboles, y más allá el fosco follaje en la colina. En las riberas se encuentran todas las terrazas de verano. Los edificios alternan los tres y los cuatro niveles; la primera fila de ventanas suele estar rematada por frontispicios, el dintel de las segundas ya es más sencillo, y la tercera corresponde a las buhardillas. Las fachadas están pintadas en colores muy suaves: limón o anaranjado, verdes pálidos. Muchas casas tienen la particularidad de ser exentas (es decir, carecen de pared medianera) de forma que un pasadizo queda entra ellas comunicando las calles entre sí. Y ya está.
viernes, 4 de julio de 2008
Mestni trg, 8
Vivo en un piso razonablemente cómodo. Es céntrico, excede de mis necesidades de espacio (120 m2) y está bien acondicionado: la cocina funciona, la conexión a Internet es buena, hay ducha y bañera, tele y dvd, lavadora y lavavajillas. Y es horrible. Pero horrible, horrible, horrible. La decoración transciende lo kitsch. Veamos: en las paredes habrá al menos una docena de espejos de marcos inefables. También cuelgan de ellas horrendos crucifijos y pedazos de tallas románicas. Los cuadros son delictivos, cada uno de su padre y de su madre. Hay sillas sacadas de una venta del siglo del oro, otras estilo imperio, y otras modernistas con respaldos labrados de dos metros de altura. Candelabros por doquier, joyeros, tocadores, consolas, samovares. No hay cortinas, sino una especie de estandartes que caen desde el dintel de las ventanas. Esculturas africanas, que nunca me han gustado. Lámparas de araña que simulan flores. Más crucifijos junto a retratos de Marilyn y una nevera que se abre por los dos lados. El cuarto de baño es puro Klimt: cenefas doradas y un suelo de teselas de colores con tramos transparentes sobre un lecho de piedras seudopreciosas. No hay grifo, sino un plato por donde resbala el agua que sale de un pitorro, y la alcachofa de la ducha es una especie de frisbi gigante imposible de sostener. Sobre el techo de la cocina, a la que se entra por unas portezuelas tipo saloon, cuelgan lo menos quince pajareras. En mitad del salón hay un carricoche enorme del que sale un ramillete de plantas agostadas. Hay frescos, máscaras de porcelana rotas, una estufa inútil, más candelabros, un florete del año en que mataron a Sisí, más crucifijos y un violín vuelto del revés. También hay molduras y ménsulas aprovechadas de otros edificios, salvadas de los escombros. Sobre mi cama un dosel hórrido. Las sábanas me dan miedo cuando me despierto por la noche y veo... otro crucifijo. Y un cuadro de una niña siniestra jugando con su perro siniestro. Ni un pedazo de pared está libre de un cachivaches, cosas cuyo nombre desconozco, si es que lo tienen. El suelo es un entarimado crujiente lleno de escalones asesinos, con trechos de barro cocido. Junto a la tele hay empotrado una especie de belén permanente... solo que no es un belén y no quiero saber qué es lo que es.
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